25.000 neoyorquinos acuden a salvar la icónica librería Strand

Son 93 años de vida, 18 millas de libros nuevos, viejos y raros en sus estanterías y… un 70% de caída de las ventas por la pandemia. Un icono de Manhattan, la gran librería Strand, que acoge 400 actos culturales al año y es la última superviviente –aunque trasladada a la vuelta de la esquina– de las 48 librerías que formaban la histórica Book Row de la Cuarta avenida, se tambalea. Y el pasado 23 de octubre pidió ayuda a sus clientes. La respuesta colapsó su web: 25.000 personas compraron en su web durante el fin de semana cuando habitualmente son 300. Una mujer del Bronx adquirió 197 libros. Y se formaron largas colas frente al gran templo lector.

Nancy Bass Wyden, tercera generación al frente de esta librería abierta en 1927 por su abuelo Benjamin Bass, un judío lituano que inicialmente dormía en la tienda, heredó el negocio en 2018, convertido ya en un gigante con 217 empleados. Pero el 23 de octubre publicó un mensaje señalando que habían “sobrevivido a la Gran Depresión, dos Guerras Mundiales, las grandes cadenas de librerías, los e-books y los gigantes del comercio online, pero por el impacto de la covid-19 no podemos sobrevivir a la gran caída en paseantes, la casi total pérdida del turismo y los cero eventos en la librería”.

La respuesta ciudadana fue avasalladora pero no han faltado críticas. Esposa del senador demócrata por Oregón Ron Wyden y poseedora del edificio entero donde está la Strand, Nancy Bass recibió un préstamo del programa gubernamental contra la pandemia, pero como tantas otras librerías despidió temporalmente a la mayoría de trabajadores, 188, por el cierre en marzo. Recontrató a 33 al reabrir en junio pero despidió de nuevo a 12 porque las ventas no eran las esperadas. Y, sobre todo, en la pandemia compró acciones de… su competidor Amazon, por lo menos 115.000 dólares aprovechando el mercado bajista, lo que enfureció a los trabajadores de la librería. Bass lo justifica diciendo que era una oportunidad y que debía diversificar sus inversiones personales, muy afectadas por la crisis y ligadas a la librería: si salva sus recursos, asevera, la Strand podrá seguir. Aunque sea con un empujón de Jeff Bezos

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