Al rescate de Aurèlia Muñoz

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En la recuperación de mujeres artistas que galerías y museos realizan en los últimos tiempos hay, en algunos casos, mucho de urgencia (lo que no en el cien por cien de las propuestas eso está ligado a la calidad), pero también mucho de pertinencia. A este último impulso pertenecería la labor que, cada uno por su lado, están llevando a cabo el MNAC en Cataluña y la galería José de la Mano de la figura de Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926-2011).

Dos puntos de partida

En el caso de la firma madrileña, esta comenzó este último mes de febrero cuando su estand en ARCOLíneas paralelas llevaba por título, uno de los mejores de la feria– se ocupó de seis artistas iberoamericanas de los años 60 y 70 (Irene Buarque, Ana Buenaventura, Noemí Martínez…) entre las que no podía faltar la catalana.

En el museo barcelonés, es una generosa donación llevada a cabo por la familia de siete de sus obras textiles y un grueso importante de dibujos lo que da pie a la actual muestra Anudar el espacio, ampliada hasta el 1 de enero de 2021, donde una de las piezas capitales, el bordado de lanas sobre tejido de yute Fuente de vida (1966) –que no formaba parte de la cesión– también descansará entre sus fondos tras una campaña de micromecenazgo desarrollada por la Asociación de Amigos del centro.

Montaje de «Cometa anclado» en el espacio de José de la Mano

Pero vuelvo a Madrid, a la galería. La de José de la Mano se ha especializado en la puesta en valor de figuras de la segunda mitad del siglo XX que en muchos casos han caido en el olvido. Los pocos artistas vivos con los que colabora la firma fueron los que terminaron convenciendo a sus responsables de la «pertinencia» de seguir tirando del hilo –nunca mejor dicho con una de las máximas representantes mundiales (y sí, he dicho mundiales)– del arte textil. Ese momento ha llegado ahora con Textura, tensión espacio, la primera comparecencia de la autora en una galería (posiblemente puede que sea la última, pues cada vez son menos numerosas las obras disponibles: y la artista no cuenta ni con fundación, ni con museo que visibilice su labor) desde que su estela se pierde en la galería N2 en 2009.

No deja de ruborizarnos que volvamos a ella porque el MoMA se diera cuenta antes que nosotros de su valía, y por eso la exponga ahora junto a Albers, junto a Le Corbusier, en su colección permanente

¿Pero cómo es posible que eso sucediera con una autora que en su mejor época (la que recorre la exposición madrileña) formó parte de las citas internacionales más importantes, entre ellas, varias ediciones de la Bienal de Lausanne, o la de Sao Paulo de 1973 (Madrid recupera Cascada anillas, la obra que allí mostró)? ¿Una autora que se codeó con personalidades como Oscar Niemeyer? ¿Becada por la Juan March, la Generalitat, el Ministerio de Cultura? ¿Una artista que estuvo presente en la Feria Mundial de Nueva York de 1964 junto a José Luis Sánchez, Carvajal o Farreras? ¿Que intervino como nadie el Palacio de Cristal en 1982 o que vendía tanto que no necesitaba de galerías?

Ocupar el espacio y transformarlo

Sencillamente, el mercado, con sus modas, devolvió al baúl de los recuerdos una corriente, la del arte textil, tan en boga en los sesenta y setenta, y que ella «guerreó» con uñas y dientes para desvincularla de una mirada genuinamente artesanal (aunque siempre se sirvió del contenido cultural que tiene toda artesanía), y dotarla de entidad escultórica, para, desligada de funcionalidad, ocupar el espacio, transformarlo. Arte y no decoración. En eso, señores, una española fue pionera. Y no deja de ruborizarnos que volvamos a ella porque el MoMA se diera cuenta antes que nosotros de su valía, y por eso la exponga ahora junto a Albers, junto a Le Corbusier, en su colección permanente. Aviso a navegantes: alguna que otra institución, algún que otro coleccionista extranjero, ya se llevaron más obras de Aurèlia para América en la semana de ARCO.

«Personatges místics i creu» (1964), de la donación de los herederos de Muñoz al MNAC
«Personatges místics i creu» (1964), de la donación de los herederos de Muñoz al MNAC

La muestra de Barcelona se ocupa de su primera etapa, aquella en la que ya luchaba porque el bordado fuera una «bella arte», acercándolo a Paul Klee o Torres García, y en la que empieza a derivar a lo tridimensional. La de Madrid resume sus años capitales; aquellos en los que los referentes son de la Naturaleza y se mueve con soltura tanto en los formatos pequeños (sus cajas de metacrilato no son meros recipientes, son un material más en el que «transitan» sus propuestas) como en los grandes, desplegando auténticos enviroments. Cometa anclado (1974), presidiendo una de las salas, «huele» aún a la tierra bajo la que hundió sus tensores inferiores en el Club de Golf de Madrid para donde fue concebida.

Ella «guerreó» con uñas y dientes para desvincular lo textil de una mirada artesanal y dotarlo de entidad escultórica, para, desligado de funcionalidad, ocupar el espacio, transformarlo

A finales de esa década generará también una larga serie con lonas, con referencias marinas y de las alas de las aves, que aquí llegan en su versión de los años ochenta, cuando se pasa al papel por el desgaste de su cuerpo y por el repliegue del interés del mercado hacia lo textil. El lirismo no cesa en Libro aéreo (1985) o Libro quipu blanco, con sus hojas desplegadas sobre una estantería y atravesadas por finos hilos de lino… Después, poco a poco, el olvido. Volver hoy a la galería es hacer un acto de justicia con Aurèlia Muñoz. Y con muchas otras.

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https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-rescate-aurelia-munoz-202010270114_noticia.html

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