Alejandro Sanz, René y Natalia Lafourcade le amargan la fiesta al reguetón en los Grammy Latinos

Ninguno de los favoritos se impuso en las categorías principales de una gala marcada por la pandemia en la que Rosalía se llevó tres gramófonos…

Ni con una lluvia copiosa de nominaciones se impuso el reguetón en los Grammy Latinos. La gloria no fue ni para Bad Bunny, ni para J. Balvin ni para Ozuna, los favoritos indiscutibles de la noche. De poco sirvieron los lamentos del año pasado de algunos pesos pesados del género, pidiendo más protagonismo para lo suyo. Al final se impuso el talento orgánico, el de los viejos rockeros de este tinglado, un español universal, una mexicana de terciopelo y un puertorriqueño de talento descomunal. Los tres fueron gratas sorpresas.

Alejandro Sanz se llevó el Grammy Latino como Grabación del año por Contigo, Residente -ex Calle 13- se alzó con el de Canción del año por René, y Natalia Lafourcade el de Mejor álbum del año por Un canto por México, Vol. 1, la ganadora de la noche con tres Latin Grammy, si de números se trata.

Tres también se llevó Rosalía, el fenómeno que no cesa. Tras arrasar el año pasado, la catalana amplió su cuenta de galardones, todos ellos obtenidos en la ceremonia previa a la gala televisada. Compartió dos -Mejor canción urbana y Mejor fusión / Interpretación urbana- con Ozuna por Yo X Ti, Tú por Mi, y uno como Mejor vídeo musical corto TKN, en el que colaboró con el rapero Travis Scott.

De entre los favoritos, Ozuna fue el mejor parado con esos dos Grammy Latinos frente al obtenido por J. Balvin -de un total de 13 nominaciones- como Mejor álbum de música urbana por Colores y otro para Bad Bunny como Mejor interpretación reguetón -una nueva categoría- por Yo perreo sola. Los grandes premios les fueron esquivos.

J Balvin actúa en los Grammy Latinos 2020 en Miami, Florida.
J Balvin actúa en los Grammy Latinos 2020 en Miami, Florida.ALEXANDER TAMARGOAFP

Sanz no estuvo presente para recibir el premio en Miami, la sede de la gala este año, ni para conectarse a distancia. Pero sí Residente, ganador también del Grammy por la mejor canción de rap / hip hop por Antes que el mundo se acabe. Suyo fue el discurso de la noche. Se sinceró desde el sillón de su casa como con su tema más intimista, una joya imperdible para los que aspiren a entender la idiosincrasia de América Latina. Pidió a sus compañeros no dejarse llevar por el lado mercantilista del oficio ni por la adicción a la redes sociales «para que seamos reflejo de todo lo que nos afecta, para decir lo que sentimos sin miedo, aunque nos cueste la vida».

Alentó a la parroquia musical a sentirse «incómodos» para poder innovar y ser creativo. Confesó ver a gente con miedo a «no sonar en Spotify ni en la radio, miedo a no vender, pero en el arte no se puede tener miedo. Esa la diferencia entre ser un negociante o un artista. Esta canción la hice sin miedo a ser vulnerable frente a ustedes». Le salió redonda. Una más en su repertorio.

Tampoco le fue mal a un habitual a un clásico en esta cita, el colombiano Carlos Vives. Escuchó por Zoom cómo le concedían tres premios más por Mejor álbum tropical (Cumbiana), Mejor vídeo musical versión larga y Mejor canción tropical por Canción con Rubén, su colaboración con el mítico salsero panameño Rubén Blades.

El Grammy Latino a Mejor nuevo artista fue para el caleño Mike Bahía, que recogió el premio desde el American Center Arena de Miami. El de Mejor álbum vocal pop cayó del lado de Ricky Martin, por Pausa, y el de Mejor canción pop fue para Tutu, del colombiano Camilo.

En lo tocante al espectáculo, Miami fue el centro de operaciones de una gala que discurrió por cuatro ciudades del continente americano y por Madrid.José Luis Perales interpretó desde una azotea de la capital española un repertorio de sus clásicos, Alejandro Fernández rindió un homenaje al mariachi desde Guadalajara junto a Cristian Nodal y Calibre 50, y Fito Paez se conectó desde Buenos Aires acompañado de Nathy Peluso.

También aportaron lo suyo J. Balvin, Bad Bunny, Marc Anthony, Pitbull, Ricky Martin y Carla Morrison. Todo correcto pero con el inevitable sabor a enlatado que deja la pandemia por donde pasa. El virus despojó a esta fiesta de la música latina de sus principales virtudes: compadreo, euforia, calor humano, juerga, cachondeo. Es lo que hay. Poco más se puede hacer hasta que no cambie el viento.

La que sí le echó salero pese a no ser lo suyo fue Yalitza Aparicio, la actriz amateur nominada a un Oscar como mejor actriz en 2019 por Roma, de Alfonso Cuarón. Condujo una parte de la gala con orgullo y desparpajo. Más que digna en su papel.


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