Álex de la Iglesia se exhibe desmedido y feliz en el "thriller teológico" '30 monedas'

La serie, que consta de ocho capítulos, está producida por HBO y se estrenará a finales de años

El miedo, sobre todo en situaciones de miedo como ésta, lejos de dar sólo miedo, lo bloquea. Tranquiliza incluso. La reflexión es de Álex de la Iglesia que el viernes en horario de gala presentó en Venecia el primer capítulo de su serie ’30 monedas’ producida para HBO y que verá la luz a final de año. Por supuesto, es una serie de terror, pero de un terror muy particular. Por teológica, por su firme convencimiento en que pocos asuntos tan perversos como un Dios todopoderoso que en la escenificación del la lucha de mal contra el bien se sirva de nosotros, imperfectos humanos, como actores en esta farsa eterna. «Ésa es la clave», dice el director. Y sigue: «Que Dios conozca a Judas y le haya permitido hacer lo que hizo… da miedo». El hecho de que De la Iglesia se apellide como se apellida no hace más que añadir tensión al drama.

Lo visto hasta el momento es exactamente Álex de la Iglesia, con todas las consecuencias y en su mejor y más desmesurada versión. En un pueblo no tan perdido de Segovia, una vaca pare un niño, que no un ternero. Cosas de Satanás como poco. Pronto lo que cunde no es tanto el pánico como el desconcierto. Lo definitivo es que los habitantes del pueblo no se alarman ante un acontecimiento tan prodigioso. Su preocupación no es tanto el hecho en sí como si deben o no contarlo, o si tienen o no que subirlo a Instagram. Pese a lo que parece, cuidado, no es comedia. Es más bien el terror teñido de costumbrismo y, sobre todo, de España. «Si me obligan a definir la serie se me ocurre que es un cruce entre ‘El exorcista’ de Friedkin, ‘Crónicas de un pueblo’ e ‘Historias para no dormir'», dice el responsable de todo esto quien sabe si de modo algo irresponsable.

El primer capítulo cumple y por fuerza supera las expectativas. De hecho, no cabe una expectativa más entre tanto estruendo. Lejos de la lectura dramáticamente monocolor de la serie al uso, aquí todo puede suceder y no conviene dar absolutamente nada por sentado. El cura (inmenso Eduard Fernández) puede ser un hombre descreído, ex presidiario y boxeador aficionado con la misma normalidad con la que la vecina interpretada por Carmen Machi es a la vez madre amantísima y brazo ejecutor del mismo Averno. La gracia está en dar con ese raro precipicio tétrico tan español que igual provoca pavor que ternura. «A España le define», puntualiza doctoral De la Iglesia, «una visión de lo grotesco que convierte la muerte en farsa. Nuestra tradición pictórica saca el color y los volúmenes desde el negro, nunca desde el blanco que sería la forma civilizada de hacerlo».

Eduard Fernández en un momento de '30 monedas'.
Eduard Fernández en un momento de '30 monedas'.

Lo cierto es que el terror y la religión en un país tan terroríficamente católico y apostólico como España tienen mucho que decirse. La atracción por lo pavoroso, no en balde, tiene algo de catártico, de salvífico quizá. Como la propia religión, el terror en sus múltiples formas de consumo coloca al creyente o al espectador ante la aceptación orgullosa de su desamparo. Somos vulnerables tanto cuando admitimos el secreto de la fe, a la vez fascinante y terrorífico, como cuando nos abandonamos a la certeza sobrecogedora de lo desconocido, de lo que nos hace sufrir. Y es esa placentera indefensión la que nos tranquiliza y, a costa incluso de cualquier atisbo de racionalidad, nos hace fuertes. La religión, eso sí, reconforta; está ahí para para congraciarnos con nuestra orfandad cósmica. El miedo, sin embargo, explota la claridad consciente del abismo. La utiliza. Y hasta rentabiliza. Basta una plataforma a la que agarrarse.

Cuenta De la Iglesias que, frente al cine, las series permiten desarrollar una visión pesimista. Es lo que llama el director una «narrativa de la desconfianza». Y pone como ejemplo el antiheroísmo de Tony Soprano o el catastrofismo suicida del personaje principal de ‘Breaking Bad’. Y es ahí en ese terreno novedoso y febril en el que, de repente, el protagonista puede ser el propio Judas en cualesquiera de sus versiones y circunstancias.

La serie está acabada y De la Iglesia ya planea la segunda temporada. Entre medias o a la vez rodará la película ‘Veneciafrenia’ en, como no podía ser de otro modo, Venecia. La cosa va de pestes y, de nuevo, de miedos. «Vivimos un momento de confusión general y necesitamos que alguien nos explique cómo comportarnos, qué hacer en lugar de abrazarnos, reflexionar todos juntos sobre lo que va pasar… Para eso sirve el género de terror», concluye. Lo dicho, nada más placentero que una película de miedo en una situación de miedo.

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