Alexis Ravelo: un nuevo 'Crematorio' para una nueva época

El novelista grancanario escribe en ‘Un tío con una bolsa en la cabeza’ el relato en primera persona de un alcalde que se enfrenta a…

Un poco David Simon, un poco Juan Pedro Gutiérrez, un poco Mankell… Si alguien no conoce las novelas criminales de Alexis Ravelo, puede hacerse una idea por aproximación: son historias en las que un crimen burdo lleva a descubrir la violencia ‘blanca’ que está por encima, la de los corruptores que prosperan dentro del sistema. El lenguaje, una representación socarrona e hiperrealista del español que se habla en Canarias, es el otro gran aliciente.

Un tío con una bolsa en la cabeza (Siruela), la nueva novela de Ravelo, le da la vuelta a ese molde. Esta vez, la empatía se dirige al villano, un alcalde corrupto, atracado en su casa y abandonado con la bolsa de plástico atada al cuello que da título al libro. Gabrielo, el narrador, no sabe quién le ha atacado ni para qué. En cambio, sí sabe que se juega una muerte humillante y angustiosa. En su lucha por sobrevivir, disfruta del tiempo detenido de un asmático que se ahoga y lo usa para explicar su vida y la corrupción en España y, de paso, para descubrir a su agresor.

«El libro quiere tratar con justicia a un tipo de personaje al que yo había cosificado siempre: el delincuente de cuello blanco, el poderoso que cataliza la violencia», explica Ravelo. «¿Cómo ha llegado a la corrupción? Porque nadie nace corrupto… Ahora siento una inmensa compasión por él. Lo que hay, en el fondo, es la soledad más absoluta. Gabrielo aleja de su vida a aquellos que le quieren».

Algunos datos sobre Gabrielo: sus padres eran gente humilde; su hermano no pudo mejorar ese destino. A ese hermano le tocará ser el fantasma de las navidades pasadas. Su pueblo era un secarral costero que en los años 70 se convirtió en paraíso turístico según la visión de El Viejo, cacique local y tecnócrata setentero.El Viejo fue el último alcalde franquista y el primero en democracia. Trajo la riqueza al pueblo a cambio de envilecerlo y eligió a Gabrielo como delfín.

«El Viejo es el mentor de Gabrielo. Le enseña a traicionar, a no casarse con nadie, a sobrevivir… También tiene una lectura histórica: El Viejo cuenta la continuidad que hay entre la corrupción de la dictadura y la actual». ¿Y por qué esa continuidad? «En España hemos tenido algún éxito persiguiendo al corrupto, pero los corruptores han quedado impunes», explica Ravelo.

Si alguien se ha acordado de Crematorio de Chirbes, no va mal. Entre otras cosas, porque Un tío con una bolsa en la cabeza también es un relato sobre cosas que cambian para que todo siga igual. El Viejo es un hombre educado que cita a Juan Gelman. Gabrielo, en cambio, no necesita sus refinamientos aristocráticos para acelerar en su ánimo de lucro. Y la siguiente generación en su saga, la que habrá de sucederle, vuelve a ser educada y amabla porque «ha aparecido una cosa que se llama transparencia» y tienen que adaptarse a ella. Gabrielo, al menos, no se engaña a sí mismo.

La última popregunta es un poco vulgar: ¿de dónde saca Ravelo la información que da forma a sus novelas? La grasilla del filete… ¿Cómo sabe qué método se usa para que los sobres llenos de dinero lleguen a los concejales corruptos, por poner un ejemplo que aparece en su libro? «He pasado muchísimo tiempo leyendo sumarios judiciales. Por ejemplo, el caso Unión lo estudié mucho… Son muy divertidas las transcripciones. Descubrí mis pequeños chorizos son cutres, pero estos delincuentes con estudios de la vida real son mucho más cutres. Luego, también tengo mis fuentes que no voy a revelar. Y no se olvide de una cosa: yo he trabajado casi 25 años de camarero. Trabajé en sitios a los que iba gente de mucha categoría. Veía cosas, escuchaba cosas. Todo el mundo piensa que los camareros son sordos. Pero no lo son».


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