Alondra de la Parra: «La música clásica y el rol de director se forjaron con estereotipos masculinos»

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03/10/2022 a las 01:00h.

Frente al auditorio vacío y a oscuras del Palacio de la Ópera, Alondra de la Parra se sienta para conversar con ABC. Apenas hace una hora que ha rematado su primer ensayo con la Sinfónica de Galicia, con la que interpretará por primera vez en Europa la ‘Sinfonía imposible’ de su compatriota Arturo Márquez, pieza que ella comisionó y estrenó mundialmente el pasado julio. «Suelo ponerme nerviosa en el primer ensayo, porque no conozco la orquesta, no sé si me preparé bien», pero cruzado ese rubicón «se responden el 90 por ciento de las preguntas».

Para la directora mexicana suele haber muchas. Por la inercia de los tiempos, abundan las referidas al género y al papel de hombres y mujeres sobre el podio. «Quizás haya habido alguna entrevista donde no me mencionen ese tema -bromea-, espero el día donde no se tenga que mencionar». No obstante, se presta al juego, porque si algo la caracteriza es que no se esconde detrás del atril ni agita la batuta cual varita de mago para esquivar cuestiones incómodas. «Claro que existe lo masculino y lo femenino en la música, pero no tiene que ver con el intérprete, sino con la música en sí».

Idea y género

«Sigue siendo triste que pensemos en directoras y directores», lamenta, «yo solo veo artistas. Me interesa cuál va ser su idea, no su género. Todas las directoras metidas en un mismo costal, yo no sé si tenemos nada que ver unas con otras por el simple hecho de ser mujeres». Solo le interesa el relato que tengan al frente de la orquesta, la historia que quieran contar desde una expresividad propia. «Yo me considero una artista que dirige -se define-, me planteo cómo diseñar el sonido y hacer que estos músicos reaccionen desde sus fibras más internas y puedan expresar algo que tenga un valor para ellos y para el público».

«Todas las directoras metidas en un mismo costal, yo no sé si tenemos nada que ver unas con otras por el simple hecho de ser mujeres»

De la Parra se despoja de cuantos atavismos lastran la figura del director. «La música de concierto y el rol del director han sido forjados con estereotipos totalmente masculinos, patricarcales y obsoletos para lo que hacemos». A su juicio, se ha configurado una idea de «una figura con frac que es como una caricatura», fruto «de un concepto de liderazgo que ha permeado a nuestra humanidad durante toda la historia».

Por las venas de Alondra de la Parra (Nueva York, 1980) corre sangre de artista. «Mi abuela era una grandísima escritora [Yolanda Vargas Dulché], mi abuelo y mi padre también [Guillermo y Manelick de la Parra]; mi tía es actriz [Emoé de la Parra] y mi hermano es actor y cantante [Mane de la Parra]». «Yo canté y bailé mucho y me contaron muchas historias» en Ciudad de México, donde se trasladó con dos años. La música es precisamente eso para la directora, ese relato que se construye sobre el guión que el compositor escribe en la partitura.

Violonchelo y piano

A los siete años inició sus estudios de violonchelo, y a los trece los de piano. «Ahí dije que quería ser directora». Continuó sus estudios en la Manhattan School of Music y con apenas 23 años fundó la Orquesta Filarmónica de las Américas. Su afán era disponer de un instrumento con el que difundir la música del continente americano, desde Aaron Copland hasta Alberto Ginastera, pasando por José Pablo Moncayo, Inocente Carreño, Leonard Bernstein o el propio Márquez.

«Durante muchos años faltó la curiosidad de parte de los países europeos, que eran y son el centro de la música clásica». Estaban «ensimismados», secuestrados por un «eurocentrismo» que les llevaba a pensar «que la música latinoamericana no existía». En su apostolado la han acompañado Gustavo Dudamel, Andrés Orozco Estrada, Gabriela Montero o Giancarlo Guerrero, nombres propios de la escena clásica internacional. «Veinte años después estamos en un lugar de más normalidad», aunque las páginas de estos autores «siguen sin ser parte del repertorio estándar».

Su primera vez en un atril fue a los 19 años. El veterano Charles Dutoit la invitó a subirse en un ensayo en el magno Teatro Colón con la Filarmónica de Buenos Aires. «Desde el primer momento que me subí sentí que ese era mi sitio para vivir, que estaba en el lugar correcto». Su batuta -que «nunca» le ha temblado- la han seguido en los últimos años orquestas como las de París, Verbier, la Radio de Berlín, Dresde, Montecarlo, Malmoe, Barcelona, la BBC, Copenhague… La lista es larga.

Embajadora cultural

De la Parra relativiza. «Son pasos mundanos de carrera, ese no es el trabajo del director». Otro tic de tiempos pasados. «¿Ser director es la carrera, tener mil orquestas, ser muy famoso? Es todo muy él», en masculino singular. Ella vuelve a la idea del artista. «El repertorio es tan amplio y tenemos tanta historia hacia atrás y delante de música y sonidos que descubrir que siempre hay algo nuevo que aprender. Eso es parte de mantenerse como un niño».

Embajadora cultural de México, ha estrenado recientemente en su país el espectáculo ‘The silence of sound‘, en el que música sinfónica y mímica se maridan. «Es un proyecto para niños de 0 a 120 años con las obras que amo», desde Debussy a Prokofiev, Brahms y Bartok. Sueña con exportarlo fuera de su patria y que llegue a las nuevas generaciones para su propio despertar ante la música de concierto, «que no clásica, un pésimo nombre». «La música de seria no tiene nada, somos artistas, juglares, nos tenemos que arriesgar y empujar los límites hasta donde se pueda».

También ha puesto en marcha en su país un proyecto homologable a los sistemas de orquestas que el maestro José Antonio Abreu inició en Venezuela. «Funcionan al 100%», defiende De la Parra, «si ves la cantidad de niños que igual no se dedicaron a la música y pasaron por ahí… Ser artista es un regalo; te impide meterte en miles en otras cosas porque ya probaste algo que es de las cosas más hermosas de la humanidad, cómo vas a regresar a hacerte daño o hacérselo a otros».

«La música es el alimento del alma», añade, «cuando pienso que la educación solo se enfoca en matemáticas, lengua y algo de ciencias… ¿Y la música qué? No es un privilegio para aprender a tocar un concierto bonito y que tu abuelita te aplauda, es mucho más». Se fija una meta. «Tenemos que llegar un día en que las naciones más avanzadas entiendan que hay que enseñar matemáticas, lengua, filosofía y música; eso hacían los griegos. ¿Por qué lo perdimos?».

Mientras llega ese día -y si es que llega-, De la Parra seguirá dirigiendo en un tiempo en el que dice percibir muchas ganas de música. La pandemia obligó a la sociedad «a un ayuno absoluto de música humana, análoga» y forzó a «una saturación de lo digital y las pantallas». Ahora, «abres las puertas y vienen corriendo». Ella estará esperando en el atril.

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