Amenaza real de cierre

Se trata de que la cultura sea esencial en toda la extensión del término, y entre otras cosas esa esencialidad debería suponer que de una vez por todas la música se considerase cultura y no solo ocio y entretenimiento. Y dentro de ella, no pensar unicamente en los grandes equipamientos sino en las salas privadas que ofrecen de forma regular música en directo; el conjunto de salas grandes, medianas y pequeñas que conforman un tejido cultural fundamental para la ciudadanía y para los que hacen posible las actuaciones.

A partir de esta constatación/reivindicación y ante la situación extrema originada por el coronavirus, muchas de estas salas de toda España han elaborado la iniciativa #ElÚltimoConcierto para advertir sobre todo a las administraciones que ante una situación económicamente insostenible, el futuro inmediato de muchas de ellas es muy negro.

La sala Sidekar
La sala Sidekar (PSDC)

Movilizadas por asociaciones de salas de conciertos españolas, con una destacada presencia de las catalanas adheridas a la Asaac, ayer ya se habían sumado casi 115 de ellas, las que participarán el próximo día 18 de una jornada reivindicativa, con un concierto online. Los responsables de algunas de ellas de Barcelona describen la situación que están sufriendo.

Sergi Egea es uno de los responsable de la Sala Vol –la antigua Be Good– de Poblenou. “Somos bar musical con licencia para hacer conciertos, una de las categorías por la que se les ha prohibido estar abiertos. Tenemos siete personas afectadas desde el estado de alarma. Somos una empresa que no solo hacemos conciertos, y seguimos trabajando. Para la sala tenemos presupuesto hasta final de año. Para después está mas difícil porque el patrocinio está muy ligado a que hagas actividades. Cuando podamos reabrir aplicando las medidas de seguridad, tendríamos un aforo de 26 personas, cuando antes cabían cien. Habría que ver si salen los números. Al menos hemos llegado a un acuerdo con la propiedad del local estos meses y nos han hecho una rebaja. Pero ahora mismo la incertidumbre es absoluta. Creo que nadie se está planteando en serio funcionar como sala de conciertos el año que viene”.

El Tablado Cordobés
El Tablado Cordobés (PSDC)

Fede Sardà, alma y factótum de Luz de Gas –que este año cumple veinticinco de intensa vida–, resume la situación con un “dependemos de un banco, si nos da un Ico aguantaremos hasta septiembre del año que viene. Esperemos que el banco decida que se lo da a una empresa que lleva 25 años haciendo cultura con 12.500 conciertos. Si no nos lo dan habrá que estudiar la situación, pero la toalla no pienso tirarla. Llevamos ocho meses sin abrir y las administraciones no han hecho nada; no digo que den ayuda directa, pero sí a nivel de impuestos, aplazamientos, etc. Lo que queremos es poder abrir y que la gente pueda bailar porque es el modo en que puedo pagar la música en vivo. De Luz de Gas depende un centenar de familias”.

La sala Slavia
La sala Slavia (PSDC)

Lluís Torrents es codirector de Razzmatazz, sala que tampoco ha abierto desde la declaración del estado de alarma. “Tenemos 130 trabajadores con diferentes tipos de contrato. Nuestra licencia nos hubiese permitido abrir cinco semanas entre junio y julio, hasta que se volvió a prohibir. Te dejaban abrir la sala pero se prohibía la actividad. Nosotros somos un club y una sala de conciertos y te dejaban abrir pero prohibiéndote la actividad principal y poniendo muchas trabas a la otra. Abrir con esas condiciones hubiera supuesto perder mucho más dinero del que estamos perdiendo ahora, que oscila entre 130 y 150.000 euros mensuales. Y además si abríamos en esas condiciones teníamos que sacar parte del personal del erte con lo que perdías la bonificación. Ahora llevamos una pérdida de un millón de euros aproximadamente, y aguantamos con fondos propios y endeudamiento bancario”.

La sala Razzmatazz
La sala Razzmatazz (PSDC)

Torrents, además de corresponsable de las salas de Almogàvars y Pamplona, es el actual presidente de la Asacc y opina sobre el sector: “No hemos recibido ninguna oferta por los locales, a diferencia del Apolo, el Sidecar o el Jamboree. Esto puede ser peligroso porque los fondos de inversión interesados lo querrán comprar barato para venderlo caro. Además, si los compran tendrán que abrirlos cuando se pueda con los mínimos gastos porque si no, las licencias caducan y se pierden. Y, sobre todo, si quieres rentabilizar el local a lo que no te vas a dedicar es a la música en directo porque no es rentable; lo es mucho más poner sillas y mesas en el escenario y venderlas como mesas vip”.

La sala Nau
La sala Nau (PSDC)

Alberto Guijarro, cabeza visible de las salas Apolo, coge el hilo anterior y confirma que “tenemos una licencia apetitosa con un local apetitoso para cualquier inversor”. La situación es muy similar a la de los colegas: “Hicimos números y vimos que aún perdíamos más dinero si abríamos y hacíamos conciertos en aquellas semanas de junio-julio.Tenemos 130 trabajadores directos contratados y luego hay empresas satélites que trabajan habitualmente como Nitsa o Nasty Mondays, y nos iríamos a unas 200 personas en total o más, porque hacemos 550 conciertos al año. Perdemos mensualmente unos 130.000 euros. De momento hasta la primavera del 2021 podemos llegar, luego hay que ver si cambia alguna ley que permita aplazar préstamos o hipotecas”.

La sala Barts
La sala Barts (PSDC)

Desde L’Hospitalet de Llobregat habla David Lafuente sobre cómo lo lleva él y todo el personal que hace del Salamandra uno de los escenarios referenciales de la zona. “Para nosotros, abrir con las medidas sanitarias que nos exigen supondría pasar a tener una sala para 100 personas donde caben 824. Por eso tampoco hemos abierto ningún día desde marzo. Solo teníamos la posibilidad de hace lo mismo que el Sala BCN en Montjuïc pero en l’Hospitalet: abrir con las seis salas que hay aquí y con una ayuda económica municipal mantener la actividad musical. Del Salamandra dependen casi 50 trabajadores fijos y mensualmente tenemos unas pérdidas cercanas a los 25.000 euros”.

“Si por un tema sanitario y por el bien común hemos de estar cerrados, no se entiende que detrás no haya un rescate económico”

En su caso están sobrellevando la coyuntura “pidiendo créditos y porque nos ha pillado en un momento en que estábamos saneados. Aguantaríamos hasta marzo o abril, siempre y cuando tuviéramos un horizonte claro. Lo peor es lo que hay ahora, que la incertidumbre es absoluta. Y eso que no somos los que estamos peor, porque hay colegas del sector que dicen que no llegan a navidades. El único escenario que contemplo es el de un rescate a la cultura y a las salas de conciertos por una cuestión de sentido común. Si por un tema sanitario y por el bien común hemos de estar cerrados, no se entiende que detrás no haya un rescate económico”.

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