'Ane': la gran revelación del cine español en 2020

David P. Sañudo convierte su primer largometraje en un ejercicio de cine inteligente, provocativo, político y voraz

Toda película con vocación de interesante (o simplemente soportable) vive en equilibrio inestable entre lo que exhibe y lo que calla; lo que grita y lo que oculta. No en balde, el acto de esconder es casi por definición una forma de mostrar. En silencio. Decía el poeta Georg Trakl que hay que oscurecer la oscuridad para ver mejor. Y no muy lejos Lazslo Nemes definía su peculiar y mayúsculo ejercicio de cine en ‘El hijo de Saúl’ como una derrota necesaria: «Cualquier imagen que enseñes menosprecia la realidad, pero no mostrar nada es una forma de ignorancia que te convierte en culpable». Su película, para situarnos, trataba del Holocausto. Sea como sea, y sin apurar los paralelismos, es ahí, en el medio de cada una de sus dudas, donde se sitúa ‘Ane’, el debut cinematográfico de David P. Sañudo que puede presumir desde ya de ser la más resplandeciente ópera prima que ha dado el cine español en el año pandémico en curso.

Cuenta el director bilbaíno que la primera motivación de su película fue analizar cómo «lo social» (así, en genérico) altera lo más íntimo (así, muy en particular). ‘Ane’ se sitúa en Vitoria en 2009 y cuenta la historia de una hija adolescente que un buen día desaparece. Su madre (una soberbia y excesiva Patricia López Arnaiz) la busca en un ambiente por fuerza explosivo. Como telón de fondo, una Euskadi en llamas arrasada por un conflicto que no cesa y en el que todo se mezcla: la lucha vecinal contra una carretera que parte el barrio en dos, con las consiguientes y no deseadas expropiaciones de viviendas, aparece al lado del más simple y brutal de los fuegos. «Era un tiempo», comenta el director que entonces contaba con apenas 20 años, «en el que todos los activismos se confundían y vivían en parte demonizados por culpa del terrorismo».

La película vive desde el primer fotograma arrasada por el vértigo. La cámara se coloca al lado de Lide (López Arnaiz), la madre, y de su mano se lanza a una aventura equinoccial en la que asuntos tales como la maternidad, la familia, la autoridad de los padres, la rebeldía de los hijos, la herencia del miedo o sólo la culpa son convocados con una resplandeciente y clara oscuridad, que diría Trakl. Lo que importa no es tanto lo que se ve como todo aquello que desde las sombras, desde la búsqueda desesperada que es también huida, desde la más elemental sensación de peligro, acierta a mostrarse con una contundencia tan agónica como cierta.

‘Ane’ huye de las definiciones con una sabía madurez inimaginable en una primera película. Es drama familiar con estructura de ‘thriller’ irrespirable. O al revés. Es película de mujeres, pero tan provocadoramente testosterónica como perfectamente consciente de cada uno de los estereotipos de género que discute y contra los que se rebela. Es, por fin, una cinta política pero desde la intimidad de cada gesto por fuerza revolucionario. Es todo aquello que exhibe con la misma violencia que lo que niega.

Dice Sañudo que el clima en el que se desenvuelve la película, el del difuso y siempre mal definido conflicto vasco, es tan absorbente que teme que se lo coma todo. Es consciente que ‘Ane’ llega a esta cartelera diezmada a la vez que ‘Patria’ se esfuerza soberbia en ofrecer el relato para siempre de lo que ocurrió en el País Vasco. Y además en el mismo año que se estrenó ‘La línea invisible’ sobre el origen de ETA y tantas otras producciones sobre el mismo y todopoderoso argumento. «La producción de una película es larga y nunca prevés cuándo vas a poder acabarla y estrenarla. Lo único que puedo decir es que mi interés parte de cuando en poco tiempo se estrenaron ‘Lasa y Zabala’, de Pablo Malo, ‘Fuego’, de Luis Marías, y ‘Negociador’, de Borja Cobeaga». Todas de 2014. «Si mi película puede añadir una lectura, bienvenida sea. El problema, de hecho, es ese empeño por dar con una y única lectura. Eso es un error», dice y añade: «Aún falta mucho por contar».

Lo cierto es que ‘Ane’, por estructura y alma, es una refutación de la evidencia, de la interpretación presuntamente definitiva, de lo que está a la vista. ‘Ane’ es un ejercicio pleno y nervioso de cine levantado desde la duda, desde la excitación y desde la ira. ‘Ane’ está con el poeta convencida de que para ver hay que oscurecer la propia oscuridad. El mejor debut del año del cine español. Y luego está, ya se ha dicho, el milagro verborreico de Patricia López Arnaiz.


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