Anna Dot: «El arte nos permite formularnos preguntas que en otros entornos parecerían absurdas»

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Nombre completo: Anna Dot. Lugar y fecha de nacimiento: Vic, 7 de abril de 1991. Residencia actual: Torelló (Barcelona). Formación: Graduada en Bellas Artes y doctora en Traducción, Interpretación y Lenguas Aplicadas. Ocupación actual: Artista y docente.

Qué le interesa. Desarrollo mi práctica artística como una investigación. Normalmente parto de preguntas e intento abordarlas con procesos que me diviertan. Creo que justamente el contexto artístico nos permite esto: formular interrogantes que en otros entornos parecerían absurdas y, encima, abordarlas de formas poco habituales. Los que me planteo acostumbran a tener relación con los lenguajes y los sistemas de comunicación, y muchas veces están relacionadas con referentes literarios. Antes solía decir que me interesaba el lenguaje, en singular, y siempre pensando en algo textual. Pero con el tiempo me he ido dando cuenta de que hay de muchos tipos. Últimamente estoy explorando los lenguajes más corporales, relativos al gesto y no tanto a la palabra. 

«Al principio» – Ketevan Gvinepadze

De dónde viene. Principalmente he expuesto en centros de arte públicos. De todos modos, en 2018, hice mi primera exposición individual en la galería Bombon Projects, de Barcelona, con quien sigo trabajando hasta hoy, y donde he podido llevar a cabo mi segunda individual recientemente. Personalmente, esto ha sido muy interesante porque he podido aplicar ciertos aprendizajes que hice con la primera muestra allí. Por otro lado, he disfrutado mucho de haber podido desarrollar mi trabajo en espacios muy concretos, naturales, en medio de bosques o en caminos de montaña. Algunos de estos han sido: la ruta Walter Benjamin que se hace entre Banyuls-sur-Mer y Portbou, en 2016; la Bianyal, en los bosques y ermitas de la Vall de Bianya, en 2017; las Torres Venecianas de Barcelona, en las que trabajé con Aldo Urbano para el Gallery Weekend barcelonés de 2018; la casa de Charsoo Honar, en Teheran en 2019; o el parque natural del cabo de Creus para el centro ARBAR este verano.

Detalle del proyecto «Dar un espacio a la confusión» – A. D.

Supo que se dedicaría al arte… Nunca supe que me dedicaría a esto. Siempre he sido muy mala en imaginar mi vida en el futuro. Siendo buena estudiante, al terminar la ESO, no quería seguir estudiando. Pensaba que no todo el mundo tiene que estudiar, que yo aprendería el oficio de hacer zapatos. Una amiga me insistió mucho en que por lo menos cursara el bachillerato, así, si algún día quisiera ingresar a la universidad, lo tendría más fácil. Me convenció. Elegí el artístico porque otra amiga que me parecía muy divertida me prometió que ella iría por ahí. Al final, ella no se apuntó y yo sí. Creo que a Bellas Artes y a todo lo que he hecho a continuación he llegado por razones similares. Tengo la sensación de que voy tomando decisiones día a día, sin ninguna estrategia concreta o ningún plan, pero con un objetivo claro: pasarlo bien. Supongo que ahora estoy aquí porque, hasta el momento, me he divertido haciendo estas cosas. El día que no disfrute con ello, cambiaré de rumbo. Lo único que me molesta es que todavía no sé hacer zapatos.

A. D.

¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el arte para «sobrevivir»? Creo que nada raro, porque mi supervivencia nunca ha venido dada por mis prácticas artísticas. Los beneficios que he recibido de ellas han sido ayudas económicas, esto está claro, y también emocionales. Pero mi soporte económico más importante viene de mi trabajo en entornos educativos. Ahora ya hace diez años que trabajo en la escuela de arte de mi pueblo, primero como profesora, y ahora como miembro del equipo directivo. También he trabajado en los servicios educativos de ciertas exposiciones, haciendo visitas guiadas y talleres para familias. En la universidad, he dado clases sobre educación artística y didácticas en el grado de maestro de educación infantil. De todo esto ha venido mi supervivencia. Estoy muy orgullosa de ello porque es un trabajo en el que creo enormemente, me ayuda a crecer, me da esperanza, y sí: también me divierte.  

Detalle de «El llanto», de la muestra actual en Bombon Projects – Roberto Ruiz

Su yo «virtual». Ahora mismo solo uso instagram. Tengo un perfil privado porque me gusta controlar un poco qué tipo de perfiles me siguen. Sobre todo lo uso para dos cosas: publicar información sobre expos y actividades que hago y estar en contacto con mis amigos y amigas. También tengo twitter pero lo uso de otra manera. Raramente publico tuits, pero me sirve para informarme de noticias o seguir ciertos perfiles que me interesan. Tengo una página web en la que publico información sobre mis proyectos, textos y experiencias en el ámbito artístico-educativo. Me sirve como una especie de archivo. Más allá de esto, consumo pocos productos digitales. Como máximo veo series y pelis en Filmin y Netflix, pero soy más de escuchar la radio. 

Dónde está cuando no hace arte. Aparte del trabajo en el contexto educativo que ya he mencionado, he estado en distintos colectivos. En 2011, fundamos Morir de Frío, con otras amigas de Bellas Artes. Nos dedicábamos a escribir sobre las expos que visitábamos y llegamos a tener un programa de radio que duró unos cuatro años. También formé parte del colectivo Supterranis, que durante cinco años organizamos en Barcelona el festival Plaga. Ahora mismo, y desde hace unos seis años, estoy en la comisión de artes visuales del festival Festus de arte en la calle, en mi pueblo, Torelló (Barcelona). Me gustaría mucho volver a hacer un programa de radio.

Detalle de la intervención en las Torres Venecianas de Barcelona, con Aldo Urbano – A. D.

Le gustará si conoce a… Entre mis referentes, principalmente hay autores y autoras literarios y gente que me ha sido cercana. Entre ellos destaco al poeta Víctor Sunyol, de Vic, que fue mi profesor en el bachillerato, y que es uno de los primeros a los que reconocí como referente. Luego, en la universidad, tuve de profesor al artista Job Ramos, de quien sigo aprendiendo y al que sigo admirando. Entre mis colegas de generación, destaco a Aldo Urbano y Daniel Moreno, con quien estudié todo el grado de Bellas Artes y de los que sigo siendo buena amiga. A la escritora y artista Irene Solà la conocí más tarde, pero también fue un gran descubrimiento y tenemos una buena amistad. De todos modos, me influyen muchísimo mi padre y las amigas que tengo en otros contextos. Son personas que se dedican a otras cosas, como la educación, el periodismo, la traducción, la cocina, la ingeniería…

Detalle de «La parábola de los ciegos», en Bombon Projects – R. Ruiz

Qué se trae ahora entre manos. Ahora mismo estoy trabajando en un encargo de Frederic Montornès, para su proyecto Obres els dipòsits (Abres los depósitos). Fede invitó a un grupo de artistas a visitar almacenes de museos del territorio catalán y a desarrollar un nuevo proyecto a partir de tres piezas que nos llamaran la atención de dichos almacenes. A mí me asignó el Museo de Arte de Gerona. A finales de octubre presentaré el resultado en el Bòlit Centro de Arte de esa localidad. He titulado el proyecto Otro modo de hacer juegos con las manos, lo he estado trabajando con la actriz y bailarina Alba Sanmartí, y consistirá en una acción y seis piezas escultóricas de cerámica y algodón. El trabajo parte de una reflexión sobre el ilusionismo, la visión, el tacto, y los roles femeninos en el mundo de la magia. Para mí, está siendo un lujo trabajar con Alba todos los aspectos coreográficos de la obra. Nos reímos un montón y estoy aprendiendo mucho.

«La reaparición» – Marina Sáenz de Pablo

Proyecto favorito hasta el momento. Una obra que fue muy discreta pero que para mí supuso un antes y un después en muchos aspectos de mi trabajo. Se trata de La Performance, una acción que hice para el Centro de Arte Maristany, de Sant Cugat del Vallès, en 2017. Para aquella acción, me inventé un personaje, llamado la Performance. Representaba un carácter tímido, introvertido y a la vez muy manipulador. Daba instrucciones a la gente que vino de público para que hicieran cosas.

Por ejemplo, al llegar al centro de arte, no había preparado ningún escenario concreto, pero les dije que subiríamos a la terraza, y mientras ellos hablaban distendidamente, fui pidiéndoles de uno en uno que me ayudaran a subir unas tumbonas. Dejé que las colocaran donde quisieran. Otros, subieron unas plantas, unas luces y otro tipo de objetos, que fueron colocando libremente. Ellos esperaban que yo hiciera algo, pero en realidad eran ellos los que iban haciendo las cosas que yo les pedía. Al principio no se daban cuenta, pero luego algunos empezaron a descubrir el truco y fue divertidísimo porque adoptaron mi papel, inventándose ciertas instrucciones para que otros las hicieran.

«La performance» – Lluís Tudela

¿Por qué tenemos que confiar en ella? Deberías confiar en mí solo si te divierte hacerlo. Supongo que lo que aporto de nuevo es lo mismo que aportamos todas: un punto de vista, una lectura de las cosas que responde a un contexto concreto y que mañana será distinto. Esto es algo inevitable. Realmente, es muy difícil no aportar nada nuevo. Así lo demuestra Jorge Luis Borges en su obra Pierre Menard, autor del Quijote, en la que Menard, reescribe algunos capítulos del clásico y, aunque coinciden en absolutamente cada palabra y cada coma, no son una copia…

Detalle de «Las piedras del camino» – Pep Guerrero

¿Dónde se ve de aquí a un año? No tengo ni idea. Ya he comentado que soy muy mala haciendo proyecciones de futuro, y con lo del coronavirus creo que todavía he empeorado más. Lo que tengo claro es que quiero que sea en un sitio cerca de la Naturaleza, haciendo cosas que me gusten y pasando poco rato frente al ordenador. También me gustaría que estuviera en medio de algún proceso que me siga permitiendo aprender cosas nuevas, conocer a gente y difrutar.

¿A quién cedería el testigo de esta entrevista? Le cedería el testigo a Anna Irina Russell.

Defínase en un trazo.

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