Anna Pirozzi: «Cancelar una función debe de ser muy triste y frustrante»

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El pasado domingo, Anna Pirozzi se sentó en un palco del Teatro Real para disfrutar de «Un ballo in maschera». La soprano napolitana había interpretado el papel de Amelia en el estreno de la ópera de Verdi dos días antes, y ahora quería estar allí para apoyar a sus compañeros, y muy especialmente a Saioa Hernández, que cantaba por primera vez en el Real, el teatro de la ciudad en que nació. No pudo. Parte del público, especialmente en el Paraíso, protestó por la falta de distancia entre los espectadores, y la persistencia de las quejas de unos pocos motivó la cancelación de la representación. «Fue muy triste para todos», recuerda Anna Pirozzi, una de las más grandes sopranos dramáticas de nuestros días.

-¿Había vivido algo parecido?

-¡Nunca! No lo había visto nunca; es algo impensable. Pensé que cuando empezara a sonar la orquesta amainarían las protestas, pero no pararon hasta que Nicola Luisotti se vio obligado a cancelar.

-Usted no cantaba ese día, ¿cómo cree que se hubiera sentido si lo hubiera estado en el escenario?

-Seguramente frustración… No poder hacer nada es muy frustrante. Tenía ganas de ir al escenario y hablar, decirles cualquier cosa para calmarles. Pero fui después a los camerinos, y mis colegas estaban destrozados. Hemos trabajado tanto… También lo sentí por los trabajadores del Real.

-Nicola Luisotti, el director musical, dice que la función no empieza a las ocho de la tarde, sino cuando los artistas se levantan.

-Yo diría que empieza incluso la noche anterior. Hay que irse a dormir pronto, comer bien… Hay mucho trabajo de preparación, y algo como lo sucedido el domingo es terrible para nosotros.

-Imagino que mucho más en estos días, en que no tienen apenas oportunidades de cantar sobre un escenario.

-Sí… De hecho, ésta es la primera vez desde el confinamiento que canto una producción de ópera. Sí he cantado conciertos antes.

-Pero no es lo mismo.

-No, no… El teatro es nuestra casa, donde la voz funciona mejor.

-Por eso, no debe ser fácil que no te dejen cantar después de haberlo deseado tanto.

-Pienso en mis colegas que apenas han podido cantar desde marzo, y tener que cancelar una de las funciones ha de ser muy frustrante.

Al principio llevé el confinamiento muy bien, con mi familia, mis niños… Pero después de un par de meses empezó a ponerse cuesta arriba: echaba de menos cantar, el teatro, estudiar incluso… Tenía muchos papeles nuevos por aprender, pero no era capaz de concentrarme; estaba deprimida

-¿Cómo vivió usted el confinamiento?

-Al principio muy bien, con mi familia, mis niños… Hacía mucho tiempo que no estaba en casa por mis viajes. Pero después de un par de meses empezó a ponerse cuesta arriba: echaba de menos cantar, el teatro, estudiar incluso… Tenía muchos papeles nuevos por aprender, pero no era capaz de concentrarme; estaba deprimida. ¡Pero cuando me llamaron para ofrecerme el primer concierto…! Cuando canté por primera vez después de cinco meses me sentí como si debutara, como si estuviera en una audición. Fue en Nápoles, una «Aida» al aire libre.

-¿Cree que van a cambiar las cosas en el mundo de la ópera, o dentro de unos meses todo volverá a ser igual que siempre?

-Espero que las cosas vuelvan a su sitio. La ópera no puede cambiar. No se puede hacer por streaming, la emoción solo se consigue en un teatro, en vivo. Quizás cuando se construyan nuevos teatros cambie la disposición del público, con asientos más distanciados, pero espero que la ópera vuelva a los teatros.

-No hay muchos teatros abiertos…

-No, somos muy afortunados por poder cantar en el Teatro Real. Todo el mundo está mirando hacia España, porque es el único país donde los teatros siguen adelante. Hace unos días nos dieron la mala noticia de que en el Metropolitan de Nueva York no se iba a celebrar esta temporada. ¡Un año y medio cerrado! Es terrible. Somos muy afortunados de poder trabajar en España. En Italia han empezado a hacer cosas, pero los teatros programan para noviembre, diciembre. De todos modos, el público no va al teatro como antes. Cuando viene, se nota que tiene deseo de vivir las emociones de la ópera. Pero aún no vienen tantos como antes. Siguen con temor, con miedo, aunque estén deseando venir al teatro. Poco a poco.

Anna Pirozzi, en «Un ballo in maschera»
Anna Pirozzi, en «Un ballo in maschera» – Javier del Real

-Vayamos con la ópera. Usted debutó precisamente con «Un ballo in maschera»…

-¡Sí! En 2012. El año anterior tuve a mi hija, y después canté mi primera ópera después de una audición en el Teatro Regio de Turín; ¡bueno, una no; tres! -ríe- Nadie me conocía, no tenía currículum. Y me contrataron para cantar en el tercer reparto. ¡Éramos tres Amelias, y aquí cuatro!

-A la ópera del debut siempre se le tiene un cariño especial…

-Sí, claro. Yo había cantado ya las arias en el Conservatorio o en conciertos: «Ecco l’orrido campo» y «Morrò ma prima in grazia». «Un ballo in maschera» e «Il trovatore» son mis dos óperas favoritas; de hecho, mis hijos se llaman Riccardo y Leonora, como dos de sus personajes. El personaje de Amelia me gusta mucho; es una mujer fuerte y al tiempo es religiosa. Ama tanto a su marido como a Riccardo, pero quiere respetar a aquél por sus hijos: una gran mujer.

-Los cantantes de ópera suelen interpretar a hombres y mujeres del siglo XIX, enmarcadas en un contexto histórico. ¿Cómo conecta, en su faceta de actriz, con esas mujeres tan alejadas en el tiempo y con las que, seguramente, usted no tiene ya nada que ver?

-Los cantantes no pensamos tanto, quizás, en la época. Pensamos más en los sentimientos que movían a estas mujeres. Nosotras somos más modernas, seguramente Amelia no se movería sobre el escenario como lo hago yo; ella sería más comedida, menos pasional. Pero la música, el texto, dicen otra cosa, y los sentimientos deben salir de ahí.

Verdi lo ha escrito todo. Cuando hay amor, cuando hay odio, está en la música. Te hace comprender esos sentimientos. Es un compositor genial

-Y Verdi ayuda mucho.

-Lo ha escrito todo. Cuando hay amor, cuando hay odio, está en la música. Te hace comprender esos sentimientos. Ya las notas cortas y graves de la entrada de Tom y Sam nos hace saber que son personajes negativos. Verdi es genial. Sí, soy poco original -ríe-.

-¿Es el compositor que más canta?

-Sí, he cantado ya trece óperas verdianas.

-Notará, seguro, la evolución y la madurez.

-Canto sus primeras y sus últimas óperas. Hay una diferencia en cuanto al tratamiento de las voces, a la técnica. En las primeras sigue el esquema recitativo-aria-cabaletta, todo muy cuadrado, mientras que en las últimas tiene mayor libertad. Por ejemplo, el primer aria de Amelia; es extraña, porque tiene un pequeño recitativo, luego un aria, con un pequeño recitativo en medio, y luego otro aria. Es innovador. Y después la técnica; todo Verdi es difícil de cantar, pero su vocalidad es diferente.

-Y ya ha dicho que sus favoritas son «Un ballo in maschera» e «Il trovatore».

-Y «Macbeth»… Especialmente por el personaje. Al margen de la vocalidad puedo expresarme también como actriz. Lady Macbeth es fantástica para interpretarla. La escena de la carta, por ejemplo, hay que actuarla más que cantarla; y como personaje es muy interesante, indagar en esta mente retorcida…

Los cantantes de ópera somos actores, pero nunca debemos olvidarnos de que el canto es lo primero. Y por eso nuestras acciones, nuestras posturas, deben ayudarnos a cantar de la manera más cómoda. Y hoy hay muchos directores de escena jóvenes, nuevos, que hacen puestas en escena «originales» que no lo tienen cuenta

-A los cantantes de ópera se les exigen cada día más que sean buenos actores.

-Pero nunca debemos olvidarnos de que el canto es lo primero. Y por eso nuestras acciones, nuestras posturas, deben ayudarnos a cantar de la manera más cómoda. Y hoy hay muchos directores de escena jóvenes, nuevos, que hacen puestas en escena «originales» que no lo tienen cuenta y nos quieren hacer cantar boca abajo o mientras corremos. Es imposible, no se puede. La gente viene a escuchar a los cantantes… A ver un espectáculo, sí, pero cuando el cantante canta todo se detiene.

-¿Y ha tenido muchas experiencias con directores de escena así?

-Sobre todo en Alemania, sí. A mí no me gustan, no me encuentro a gusto con estas puestas en escena. Soy muy clásica; tal vez esté muy mayor, no lo sé. Pero me encantan las puestas en escena clásicas. Mire esas óperas cantadas por Pavarotti, en las que no se movía pero en las que la belleza de la escenografía, del vestuario nos deslumbraban. ¡Esto es la ópera! El público quiere belleza, la ópera es belleza. Belleza de música, de escenografía, de vestuario… Hay títulos que se adaptan mejor a esta «modernidad»: las obras de Mozart, por ejemplo. Pero Verdi, Puccini, el verismo… Es mejor verlas con montajes clásicos, ambientadas en el período en que marca el libreto, con el vestuario de la época… Se puede cambiar la ambientación, pero siempre respetando la dramaturgia del libreto.

-Un gran director español, Lluís Pasqual, siempre dice que la dirección de escena de una ópera está en la partitura.

-Exactamente. Está todo dicho con esa frase.

-¿Qué otro repertorio está cantando actualmente?

-Estoy entrando en el bel canto: Donizetti y Bellini. Han sido una sorpresa, porque estaba acostumbrada a cantar Verdi y Puccini, y a pensar que el bel canto no era para mi voz, que es grande. Pero al contrario: me encuentro muy cómoda y disfruto mucho. He cantado «Roberto Devereux», «Norma», «Il pirata»… Obviamente son óperas dramáticas, que son adecuadas para mi voz.

-¿La voz puede llegar a ser una esclavitud?

-Sí, pero yo no soy una obsesa; no me levanto y la pruebo a ver cómo está. No me cubro el cuello con bufandas y pañuelos incluso en verano por miedo a enfermar, ni hago ejercicios de calentamiento durante tres horas antes de una representación. No, soy mucho más sencilla. Pero sí, claro, debemos prestarle atención… Aunque no de modo exagerado.

-¿Después de Madrid tiene algún compromiso?

-Todo cancelado, por desgracia. Me toca estar mes y medio en casa. En diciembre regreso a los escenarios.

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