Antoine D’Agata: “Quería capturar el miedo y la ansiedad por el virus”

Para Antoine d’Agata (Marsella, 1961), la fotografía no tiene que ver con la mirada (elegante, experta, incisiva…), sino con su propia posición y la relación íntima que mantiene con el mundo que retrata. Es “un ateo de la fotografía” y un peso pesado de la agencia Magnum . Un artista sensible y político que desde que con diecisiete años se echara a la calle, vive en el lado salvaje, al filo de la navaja, documentando sin tregua sus propias andanzas nocturnas en las múltiples ciudades que visita, su adicción a las drogas y los breves placeres con las prostitutas, “contraponiendo la violencia viciosa, narcótica y sexual de los que no tienen nada a la violencia del sistema que les niega como seres humanos y buscan un lugar en su existencia tortuosa”, señala al otro del teléfono desde su casa en Arlés, donde no hace tanto decidió poner fin a su existencia nómada.

Antoine DAgata .
Antoine DAgata . (Antoine D’Agata)

“De repente, para mucha gente me he vuelto un fotógrafo respetable”, ironiza a propósito de Virus , su última serie fotográfica realizada durante los meses de confinamiento por la pandemia. Desde el primer día, D’Agata vagó por las calles de París con una cámara térmica con el objeto de registrar “el miedo y la ansiedad” de los cuerpos en fuga que se iba encontrando, entrando en morgues, residencias de ancianos y hasta en trece hospitales de toda Francia, en algunos de los cuales le permitieron quedarse durante días como residente. Este viernes, dentro del ciclo organizado por el festival Panoràmic y el Kbr (19 h, a través de la web del centro de fotografía de Mapfre) charlará con Joan Fontcuberta sobre un trabajo que actualmente se exhibe en París y que ahora puede verse en Barcelona en el marco de una exposición mucho más amplia en torno a su trabajo, Nua vida , en Arts Santa Mònica.

Imagen de la instalación ¡Virus', que forma parte de su exposición 'Nua vida'
Imagen de la instalación ¡Virus’, que forma parte de su exposición ‘Nua vida’ (Mané Espinosa)

“Siempre me ha interesado mucho Giorgio Agamben y su concepto de la Nuda vida, esa vida desprovista de toda cualificación, y cuando estalló la pandemia pensé que debía posicionarme como fotógrafo de forma contundente, mostrar esa doble violencia que estábamos viviendo, la del ser humano reducido a su más simple expresión, mental y fisiológicamente, en los hospitales, y la de las poblaciones marginales, a las que el confinamiento estaba llevando a un estado inaceptable”, explica D’Agata. El fotógrafo tomó 13.000 imágenes -en la exposición se muestran más de un millar en un gran friso que ocupa toda una pared– con una cámara termodinámica que registra las ondas de calor emitidas por los cuerpos y reduce las figuras humanas a formas esenciales, desprovistas de rasgos diferenciados.

“El virus nos hace vivir una doble violencia, la del ser humano reducido a su mínima expresión en los hospitales y la de los marginados, a los que el confinamiento lleva a un estado inaceptable”

“Quería capturar la energía, la ansiedad de no saber, el miedo ante algo que nadie sabía lo que era”. Había utilizado este mismo tipo de cámara tras los atentados del Bataclan para fotografiar ritos religiosos en las sinagogas, las mezquitas o iglesias católicas de París con la idea de captar “sensorialmente” lo que se vivía allí, sin que pudiera identificarse a qué práctica religiosa pertenecía ninguna de ellas. Además, añade, “La imagen térmica congela además formas, posturas, figuras, poses, zonas imperceptibles a simple vista”. Como esas figuras que se van irguiendo a medida que pasan los días y va llegando la primavera o los vagabundos que durante un tiempo fueron los únicos cuerpos vivos y resistentes en las calles de París.

“La imagen térmica congela formas, posturas, figuras, poses y zonas imperceptibles a simple vista”

D’Agata cuenta que ha trabajado a un ritmo frenético, sin descansar ni un solo día, seguramente “porque necesitaba no pensar demasiado”. Comenzó la serie en un hospital de Marsella, adonde fue por encargo del New York Times Magazine a retratar a Didier Raoult, el médico mundialmente famoso desde que Trump promocionó su tratamiento milagroso contra el coronavirus, y acabó enmarcando las imágenes en México, el país de su pareja Tania Bohórquez, comisaria junto a Fontcuberta de la muestra barcelonesa.

(Antoine D’Agata)

Además de Virus, la muestra reúne las series Sacrificio (1987-2017), El grito del mundo (1994-2020), las siete ediciones de su fotolibro Oscurana y la película White Noise (2006-2017), filme en el que 24 prostitutas de diferentes partes del mundo, desde Camboya a Noruega, Ucrania o los Estados Unidos, hablan de violencia, hombres, enfermedad o muerte… Sus cuerpos en trance, inducidos por el sexo o los narcóticos, chocan con la belleza de sus palabras. “La gente cree que es literatura, pero son mujeres reales a las que conozco bien”, apunta.

“Yo elegí mi vida, el camino que he querido seguir, las prostitutas no eligen nada. Y lo que hago es confrontar mi visión a su palabra”

“No es un documental, sino una película. Una de ellas me dice que uso a las mujeres para enfrentar la muerte, y tiene razón. Yo elegí mi vida, el camino que he querido seguir, ellas no eligen nada. Y lo que hago es confrontar mi visión a su palabra. Todas ellas son víctimas del sistema económico que las puso en esa posición. Pero en esas condiciones extremas de dolor y violencia desarrollan maneras de ser que no encuentro en el día. La noche es el horror, pero hay verdad, honestidad. Mi método es el exceso, la vida extrema de la que hablaba Bataille; es lo que abre posibilidades infinitas a mi trabajo y me permite vivir mi propia vida”.

Antoine DAgata .
Antoine DAgata . (Antoine D’Agata)

“Espero tener fuerzas de documentar mi proceso de decaimiento hasta que no pueda más y entonces que alguien haga una última foto desde fuera”

La belleza, dice, “es lo que queda de humano” y él la busca en constantemente, en los lugares muy oscuros, a los que pertenece. “Al final, mi trabajo trata de la muerte pero mi método no es huir de ella sino acercarme lo más que puedo sin llegar a caer. Vivir con ella y no olvidar que está aquí”. Pese a los estragos físicos, continúa consumiendo, y “lo que espero es tener fuerzas de documentar mi proceso de decaimiento hasta que no pueda más. Siempre he pensado que sería increíble si alguien pudiera hacer una última foto desde fuera”.

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