Argentina negocia su deuda con el FMI mientras repunta la inflación y el peso flaquea

Una mujer en un supermercado de Buenos Aires.

La economía argentina cayó un 19,1% en el segundo trimestre de este año, como consecuencia del confinamiento. Fue la contracción más brutal desde que existen registros estadísticos y superó a la sufrida en el primer trimestre de 2001 (caída del 16,3%) tras el colapso de la paridad entre el peso y el dólar. El Instituto Nacional de Estadística y Censos publicó el dato cuando el ministro de Economía, Martín Guzmán, se disponía a presentar ante la Cámara de Diputados el proyecto de presupuesto para 2021, en el que se prevé un crecimiento del 5,5%.

Martín Guzmán quedó fortalecido tras acordar una reestructuración de la deuda con los acreedores privados extranjeros, pero la semana pasada sufrió una derrota ante el Banco Central: la autoridad monetaria logró, contra la opinión del ministro, endurecer de forma extrema el “cepo” que limita el mercado cambiario y, en concreto, la compra de dólares. “Son medidas de transición que no nos ponen contentos, sirven para evitar más inestabilidad”, contemporizó ante el grupo de diputados que asistió físicamente a la presentación. Guzmán acababa de protagonizar una curiosa metedura de pata: creyendo que el micrófono estaba aún cerrado, comentó a Sergio Massa, presidente de la Cámara, que él también “podía sarasear”, o sea, decir tonterías.

El presupuesto para 2021 suscita un cierto escepticismo entre los analistas. Primero, porque calcula para el conjunto del año un cambio de 102 pesos por dólar, cuando en el mercado libre (o ilegal) el dólar ya está ahora en 144 y el “contado con liquidación” (el que se obtiene comprando activos financieros en pesos y revendiéndolos en dólares) llega a 147. Segundo, porque prevé una inflación para 2021 del 29%, pese a que en agosto pasado la interanual superó el 40% y las estimaciones privadas la sitúan en niveles similares para el año próximo. Tercero, porque sigue siendo una incógnita la duración de la pandemia. Y cuarto, porque el presidente Alberto Fernández y el propio Guzmán preparan una reforma tributaria que se aplicaría ya en 2021 y que, lógicamente, el presupuesto no contempla.

Otro factor de incertidumbre es el pago de subsidios extraordinarios a los trabajadores afectados por las medidas contra la pandemia. No se sabe cuánto durarán. “Las proyecciones de las que partimos como guía para la política económica”, dijo Martín Guzmán, “son prudentes. El contexto nos exige extremar la sensatez. Necesitamos políticas para transformar la realidad partiendo de la base de la cautela y la responsabilidad, no de ilusiones y de dudosos fundamentos”. El propio ministro admitió, a preguntas de un diputado, que no era posible trazar un plan económico en un contexto internacional tan incierto como el presente.

Martín Guzmán se propone corregir el déficit presupuestario, que a causa de la pandemia se acerca ahora al 10%, y reducirlo al 4,5% en 2021. Es decir, serán necesarios ajustes en una situación difícil. Contará con la reducción en el pago de intereses por deuda (gracias a la reestructuración, bajan del 3,4% del total del presupuesto al 1,5%), pero aun así será complicado. En la ley presupuestaria se estima que el 35,8% de los trabajadores argentinos se mantienen en la “informalidad”, ajenos al pago de impuestos y a la normativa laboral. Es un dato muy grave, aunque no tanto como otros recién publicados por el Instituto de Estadística: uno de cada diez argentinos vive en la indigencia, 14% de los argentinos pasan hambre, 44,7% de los argentinos son pobres. Actualmente, ganar mil dólares mensuales permite acceder al 3% más rico del país.

El déficit presupuestario estimado requerirá mantener una frenética fabricación de dinero, ya que Argentina, con un riesgo país superior a los 1.300 puntos, solo puede conseguir créditos externos a tasas prohibitivas, por encima del 12%. Harán falta 1,6 billones de pesos (23.000 millones de dólares al cambio oficial) para cubrir los gastos previstos, que se conseguirán por la vía de la impresión de billetes (algo que podría disparar la inflación si la economía se reactivara) y, en menor medida, con la emisión de deuda en pesos. La necesidad de moneda es tan acuciante que, con las dos imprentas argentinas trabajando en turnos de 24 horas al día, ha sido necesario contratar los servicios de una imprenta brasileña.

Para Martín Guzmán, lo urgente es “tranquilizar la economía” tras 10 años sin crecimiento, tras el “shock” de las devaluaciones de 2018 y 2019 y tras la devastación causada por la pandemia. Espera que los salarios reales “vayan recuperándose” gracias a un retorno al crecimiento, estimulado por el gasto público.

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