Artemisia Gentileschi, una heroína cuatro siglos antes del #MeToo

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Movimientos sociales como el Black Lives Matter y el #MeToo han puesto patas arriba medio mundo, incluido el del arte: los museos revisan a marchas forzadas sus políticas antirracistas y antimachistas (la historia del arte ha sido eminentemente blanca y masculina), tanto en sus plantillas como en sus colecciones. La reivindicación de una mayor presencia de mujeres artistas en los museos no es nueva. Ya en los 80, las Guerrilla Girls se preguntaban, bajo sus disfraces de gorilas: «¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met Museum?» Solo un 5% de las artistas eran mujeres, mientras que el 85% de los desnudos expuestos eran femeninos.

Desde entonces las cosas han cambiado, aunque para algunos no tanto ni tan rápido como debieran. Los grandes museos históricos desempolvan en sus almacenes los trabajos de las grandes pioneras del arte. El Prado comenzó esta rehabilitación hace unos años con Clara Peeters, le siguió un cara a cara entre Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana y su gran exposición este otoño –retrasada por la pandemia hasta el 14 de octubre– será «Invitadas», que analiza el papel de la mujer en el sistema español de arte en el XIX y los primeros años del XX. El Kunstpalast de Dusseldorf inauguraba en enero una muestra dedicada a Angelica Kauffmann, el Museo de Arte de Baltimore anunció que este año solo compraría obra de mujeres artistas…

Detalle de «Autorretrato como alegoría de la pintura», de Artemisia Gentileschi – COLECCIÓN DE LA REINA ISABEL II DE INGLATERRA

Una de esas grandes pioneras fue Artemisia Gentileschi (1593-1652/53). En los últimos años se le han dedicado destacadas monográficas en el Palacio Real de Milán (2011) y el Museo Maillol de París (2012). La National Gallery de Londres adquirió en 2018, por 3,6 millones de libras, un «Autorretrato como Santa Catalina de Alejandría», primera pintura de la gran artista del Barroco italiano que pasaba a formar parte de una colección pública en el Reino Unido. La Reina Isabel II sí cuenta con un espléndido autorretrato.

La pinacoteca londinense iba a inaugurar el pasado 1 de abril una gran retrospectiva, comisariada por Letizia Treves y que reunía una treintena de obras, pero la pandemia provocó su aplazamiento. Está previsto que a finales de este mes se presente a los medios y abra sus puertas del 3 de octubre al 24 de enero de 2021. Curiosamente, en 2019 la National Gallery capeaba el temporal por la polémica generada con su exposición de Gauguin, un depredador sexual de adolescentes nativas en los Mares del Sur, no apto en tiempos del #MeToo.

«Cleopatra», de Artemisia Gentileschi – COLECCIÓN PRIVADA EUROPEA

Pero Artemisia Gentileschi, aparte de ser una espléndida pintora (hija y discípula de Orazio Gentileschi, buen amigo de Caravaggio), es célebre por su biografía. Ya desde la cuna, su vida parecía abocada a la desgracia. Recibió el nombre de Artemisia. Hija de Zeus y Leto, hermana gemela de Apolo, en la mitología griega Artemisa es la diosa de la naturaleza y la caza. Una diosa virtuosa y sanguinaria, a la que quiso violar el gigante Oto. También es el nombre de una reina guerrera. La joven Artemisia Gentileschi fue violada a los 17 años en su casa por Agostino Tassi, un pintor amigo de su padre (colaboraron en algún encargo) y profesor de perspectiva de la propia Artemisia.

Conocemos bastante bien su vida gracias a investigaciones (como la de Roberto Longhi en «Gentileschi: padre e hija», de 1916) y las biografías noveladas de Anna Banti, esposa de Longhi (ha sido reeditada recientemente por Periférica) y Rauda Jamís (Circe), a las que se suma la publicación en 1981 de las «Actas del proceso por estupro» (Cátedra), en las que se relata con todo lujo de escabrosos detalles el calvario, la humillación y el escarnio público a los que se sometió en 1612 a Artemisia durante el proceso por estupro en el Tribunal de Roma, incluidas exploraciones ginecológicas por parte de unas parteras o la ratificación de su declaración bajo la tortura de los sibilos: le ataron unas cuerdas delgadas alrededor de los dedos y apretaban hasta cortarle la circulación.

«Susana y los viejos», de Artemisia Gentileschi – PINCOTECA NACIONAL, BOLONIA

Agostino Tassi, il smargiasso (el fanfarrón), era una buena pieza. Tras la violación, logró embaucar y seducir a la joven pintora con falsas promesas de matrimonio. Estuvo casado y mandó asesinar a su esposa. Se fugó con su cuñada. Sorprende que Orazio Gentileschi tardara un año en denunciar a Tassi y llevarle a juicio. Y, al parecer, más que por la violación de su hija pudo hacerlo porque Tassi estuvo involucrado en el robo de un cuadro de su taller. Y más curioso aún resulta que con los años ambos retomaran su amistad. Artemisia es hoy una estrella: ha protagonizado películas, musicales, obras de teatro… Se ha especulado mucho sobre si sus obras son o no autobiográficas y hay quienes creen que en cierto modo se «venga» de la violación que sufrió a manos de Agostino Tassi a través de sus pinturas.

Gabriele Finaldi, director de la National Gallery de Londres, comenta a ABC que «ésta ha sido una línea interpretativa de la obra de Artemisia que ha tenido bastante éxito, y es fácil entender por qué. No dudo que la experiencia vital de la artista haya incidido, poderosamente, sobre su manera de concebir sus temas, pero creo que influyen otros elementos también, como por ejemplo dónde se quería situar Artemisia en el panorama y el “mercado” del arte de su tiempo, y también cuáles eran los temas que exigían sus clientes. Al mismo tiempo, las cartas de Artemisia que se han descubierto recientemente dirigidas a su amante y protector florentino Francesco Maria Maringhi nos muestran una figura compleja, ambiciosa, manipuladora, divertida y sensual».

«Jael y Sísara», de Artemisia Gentileschi – MUSEO DE BELLAS ARTES DE BUDAPEST

¿Su violación y el posterior juicio han eclipsado su trabajo pictórico? Han erigido a Artemisia como una especie de icono feminista en la era del #MeToo. «Creo que su adopción como icono feminista ha hecho que se hayan interesado por ella muchísimas personas –dice Finaldi–. Junto con Frida Kahlo es la pintora más conocida en el mundo. Ella era considerada un fenómeno extraordinario en su tiempo, porque era una pintora original y brillante y esto se verá en la exposición. Artemisia tiene una bibliografía reciente muy rica y ha tenido la suerte (que no todos los artistas tienen) de que sobre ella hayan trabajado muy buenos historiadores del arte y biógrafos, tanto en EE.UU. como en Europa: Mary Garrard, Elizabeth Cropper, Alexandra Lapierre y Raymond Bissell, entre ellos».

Será ésta la primera gran exposición dedicada a Artemisia en Gran Bretaña, donde trabajó, aunque brevemente, en la Corte de Carlos I de Inglaterra. «Hay un gran espíritu de colaboración entre los museos ahora mismo. La crisis del Covid nos ha hecho doblar esfuerzos para ayudarnos y estamos muy agradecidos tanto a los coleccionistas privados como a los museos de que hayan mantenido sus compromisos con la National Gallery. Todos los cuadros previstos en abril estarán cuando inauguremos en octubre», dice satisfecho Gabriele Finaldi.

«María Magdalena en éxtasis», de Artemisia Gentileschi – COLECCIÓN PRIVADA

Pero, ¿cuántas obras de artistas mujeres tiene la National Gallery en su colección y cuántas hay expuestas en este momento? «Hay 24 obras de artistas mujeres en la National Gallery, que corresponde al 1% de la colección de pinturas del museo –explica su director–. Antes del cierre por Covid casi todas estaban expuestas. Tras la reapertura del museo, el recorrido en la National Gallery es un poco reducido. El número es un dato objetivo y es reflejo de una historia institucional en la que indudablemente se ha mostrado poco interés por las pintoras. La adquisición del “Autorretrato de Artemisia como Santa Catalina” en 2018, la primera compra de una obra de una mujer en casi medio siglo, ha llamado la atención sobre una situación anómala. Artemisia escribió a uno de sus mecenas: “Ya verás lo que puede hacer una mujer”. Le habría encantado ver su exposición en la National Gallery». Sin duda.

«Judit decapitando a Holofernes», de Artemisia Gentileschi
«Judit decapitando a Holofernes», de Artemisia Gentileschi – MUSEO DI CAPODIMONTE, NÁPOLES

Quienes han «leído» buena parte de su producción pictórica en clave biográfica identifican a Artemisia con las heroínas trágicas que pintó. Especialmente con «Judit decapitando a Holofernes», del que se mostrarán en la exposición dos versiones, a cuál más gore, siglos antes de Tarantino: la de los Uffizi de Florencia y la del Museo di Capodimonte de Nápoles. En ambas, Artemisia retrata a la joven Judit, ayudada por su doncella, en el momento preciso en el que decapita a Holofernes (el acosador general asirio agoniza): la espada se hunde en mitad de su garganta, de la que brotan chorros de sangre. La cabeza pende de un hilo. La escena es brutal. Una auténtica carnicería. Hay quienes ven en ella a Artemisia vengando su honor manchado por Agostino Tassi. Aunque, para otros, dicha teoría es demasiado simplista.

Detalle de «Autorretrato como Santa Catalina de Alejandría», de Artemisia Gentileschi – NATIONAL GALLERY, LONDRES

Se identificara o no con ellas, esta gran narradora de historias retrató a otras mujeres fuertes, valerosas, heroínas mitológicas o del Nuevo Testamento, apasionadas pero vulnerables y atormentadas: Susana, siendo acosada por los viejos (se mostrará en Londres su primera versión, pintada a los 17 años, junto con la última, realizada 42 años después); Cleopatra, Lucrecia, Clío, Jael, Betsabé o María Magdalena, cuyo retrato en éxtasis, recién descubierto, se incluirá en la exposición, al igual que numerosos autorretratos. Se pintó con profusión. Espléndido, el «Autorretrato como alegoría de la pintura», de la Colección de la Reina Isabel II.

Tenaz e infatigable trabajadora, la maestra Artemisia, como la llamaban, gozó de gran fama y admiración en vida. Tras los hechos sucedidos en su Roma natal, logró reinventarse en Florencia, primero, ya lejos de su padre y maestro y de su violador, y más tarde en Nápoles. Volvía a coger de nuevo las riendas de su vida. Se casó, tuvo hijos (Prudenza también era pintora), amantes… Fue la primera mujer aceptada en la Academia de Dibujo de Florencia desde su fundación.

Famosa y célebre pintora, contó entre sus mecenas y protectores con lo más granado de la época: el Gran Duque de Toscana Cossimo II, el Duque Francesco I de Este, Carlos I de Inglaterra, María de Austria, Vincenzo Giustiniani, Francesco Barberini, Cassiano dal Pozzo, Antonio Ruffo… «Yo le mostraré, su señoría, lo que una mujer es capaz de hacer», le escribió a este último en una carta fechada en 1649. Y vaya si lo mostró, pues, como la propia Artemisia decía: «Mis obras hablarán por sí mismas».

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