Así fue la noche de Tristano con Satie en el Liceu… “Entras en una especie de mantra”

Francesco Tristano es el hombre del momento en ese mundo de la cultura que lucha por superar las restricciones impuestas a causa del coronavirus. El pianista luxemburgués afincado en Barcelona se prestó a participar en una de las acciones artísticas con las que el Gran Teatre del Liceu quiere invitar al Govern de la Generalitat a reflexionar sobre el límite de 500 espectadores que condena al coliseo lírico barcelonés a seguir con la persiana bajada estas navidades.

La idea era que Tristano interpretara durante toda la noche la melodía repetitiva de Les vexations –pues así es como se siente el teatro–, una pieza que Erik Satie compuso después de una ruptura sentimental. Y así lo hizo de las 20.15 del martes a las 8.15 del miércoles. Sólo se levantó para usar el baño en tres o cuatro ocasiones, en las cuales les sustituía al teclado el propio director artístico del Liceu, Víctor Garcia de Gomar.

No hay constancia de que ningún otro pianista haya asumido a solas, sin relevarse con otros, esa prueba de resistencia física y mental. Y menos aún de noche, pero ese era el voto, la gesta que se marcaba el Gran Teatre para su protesta obstinada. John Cage fu quien rescató la obra en 1963 ofreciéndola en Nueva York junto con una decena de músicos durante más de 18 horas a fin de demostrar que la música minimal y repetitiva era seria.

En Nueva York

Cuando John Cage rescató esta pieza en 1963 pretendía demostrar que la música minimal y repetitiva era seria

Los músicos iban todos trajeados, aquello era un statement, algún crítico fue requerido para tocar durante un rato también y The New York Times llegó a publicar la partitura de esas 152 notas que Satie invitaba a tocar hasta 840 veces.

“Las ocasiones para hacer este repertorio son muy pocas –comentaba a posteriori Tristano, después de haber dormido tres horas–, pero ha sido una experiencia muy cageiana, aunque no puedo decir como él que me haya despertado en un mundo diferente ni que yo mismo haya cambiado. Eso sí, es uno de esos momentos épicos en escena, momentos difíciles pues también hay sufrimiento. Digamos que al principio lo he pasado muy bien pero al final era ya casi una tortura. A las seis o siete de la mañana me he sentido muy flojo”.

En streaming

Ha habido amigos que me decían que se habían dormido con el iPad oyéndome tocar y que al despertarse ¡todavía me veían ahí, jaja!”

Para Tristano la colaboración con el equipo del Liceu ha sido “bonita” y también con los creativos de Falcon Muse que hicieron una instalación de luces y piedras… 70 cada hora, hasta completar 840 al cabo de las doce horas. Una experiencia que el teatro compartió en streaming gratuito… “Ha habido amigos que me decían que se habían dormido con el iPad oyéndome tocar y que al despertarse ¡todavía me veían ahí, jaja!”, ríe el pianista.

“Hemos pasado una noche de happening –explica–. La repetición incesante busca que pierdas los puntos de referencia, de manera que la melodía se va sintiendo diferente cada vez. Es siempre la misma, sí, pero igual un pase es un poco de esperanza, y otro es tortura. La repetición hace que pierdas la noción del tiempo y del espacio también, aunque iba abriendo los ojos para seguir la partitura pero aún así es un desfase”.

Francesco Tristano  en la noche del martes al miércoles en un Liceu solo ocupado por las señales de no sentarse que quedarían si el teatro reabre con sólo un 21% de ocupación (500 espectadores)
Francesco Tristano en la noche del martes al miércoles en un Liceu solo ocupado por las señales de no sentarse que quedarían si el teatro reabre con sólo un 21% de ocupación (500 espectadores) (GTL)

No estaba tan claro que Erik Satie hubiera pensado en esta pieza para ser tocada en vivo, pero según Francesco Tristano es probable que sí “porque las manos se alternan, lo cual podía estar pensado para cambiar de pianista, para que se relevasen. Aunque con Satie nunca se sabe, puede ser tan cínico…”

A solas en el escenario y acompañado en la platea por algunos espectadores que tuvieron que abandonar la sala antes del toque de queda, Tristano fue combinando café y té verde… “Había que hidratarse pero no demasiado, pues eso obligaba a ir al baño”. Su primera ausencia ocurrió a las cuatro horas de comenzar la velada. “Igual he bebido tres o cuatro litros, y he comido plátanos, mandarinas, frutos secos…” Con una mano tocaba y con la otra se alimentaba.

“Uno entra en una especie de mantra, las cuatro primeras horas me volaron”.

La experiencia, con todo, ha sido muy física, asegura. En la hora diez Tristano asegura haber tenido algo parecido a un subidón de serotonina, cuerpo y mente de repente estaban en forma, pero luego a la hora once ya no sabía como seguir. A diferencia de los pianistas que participaron en la première de 1963 con John Cage, el luxemburgués nacionalizado suizo iba vestido cual homeless.

Un momento de la velada con Francesco Tristano  vestido casi de homeless: 'Me quería eclipsar, no quería que mi presencia o mi look interfirieran en la música, siendo que se pasaba por streaming'
Un momento de la velada con Francesco Tristano vestido casi de homeless: ‘Me quería eclipsar, no quería que mi presencia o mi look interfirieran en la música, siendo que se pasaba por streaming’ (GTL)

“Me quería eclipsar, no quería ni que mi presencia o mi look interfirieran con la música. Toqué con mascarilla porque no iba de mí esta vez, sino del paso del tiempo, de una reflexión, sobre el camino que cada uno hace. Y como íbamos en streaming, me imaginé el fenómeno de slow tv con una cosa repetitiva que se construye a lo largo de 12 horas con una imagen de un reloj en el escenario”.

¿Funciona el interpretar seguido esa música como expiación de un desengaño amoroso?

Podría ser, pero como decía, con Satie nunca se sabe. Puede ser absurdo como totalmente serio, o una mezcla de ambas cosas. En la partitura él no dice que tenga que tocarse 840 veces, sino que si uno quiere repetirla ha de prepararse de manera importante, con inmovilidad… y ahí entra la sátira de Satie. Realmente es un pedazo de vexation. El que lo toca sale muy fragilizado… al final tenía un calambre en una pierna y tuve que hacer estiramientos… Satie se quedó muy tranquilo pero el que toca queda fragilizado, sí”.

El músico reconoce que es difícil hablar en caliente tras una experiencia verdaderamente épica. Necesitará al menos una noche como decía John Cage para hablar con un poco mas de perspectiva… “Ahora mismo oigo la melodía todo el rato en mi cabeza”.

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