Así fue la Novena de Beethoven dirigida por Dudamel

Las voces del Cor de Cambra del Palau, junto a las del Orfeó Català, filtradas por las consabidas mascarillas quirúrgicas, impusieron carácter y supieron transmitir, evitando partículas potencialmente perniciosas para la salud, la fortaleza del canto a la esperanza con que Beethoven culmina su gran última sinfonía. Pocas cosas superan a la fuerza de la armonía del canto colectivo. Ahí está el arrebato del pausado e intenso “Va pensiero” del Nabucco de Verdi, o en el otro extremo la exaltación filo nazi del Carmina Burana de Orff tan coincidente con la estética visual de Riefenstahl. En medio y con grandes luces esta invitación beethoveniana a la vida; y las mascarillas no la impidieron, a pesar de la incomodidad que supusiera para muchos al cantar.

Así comenzó esta nueva temporada en el Palau de la Música Catalana, con este concierto cuya organización supuso –decía el director del organismo– un esfuerzo como pocos a raíz de los condicionamientos existentes.

La soprano Susanne Elmark, la mezzo Aigul Akhmetshina, el tenor Leonardo Capalbo y el bajo José Antonio López  fueron los solistas vocales de esta Novena Sinfonía que dirigió el maestro venezolano Gustavo Dudamel
La soprano Susanne Elmark, la mezzo Aigul Akhmetshina, el tenor Leonardo Capalbo y el bajo José Antonio López fueron los solistas vocales de esta Novena Sinfonía que dirigió el maestro venezolano Gustavo Dudamel (A BOFILL / A Bofill)

Llamaba la atención la puesta de la sala (una de las más bonitas del mundo). La distancia de seguridad entre los cantaires instalados en los laterales del primer piso y en la tribuna del fondo del escenario, coincidente con la que mantenía el público. Una puesta en escena sumamente cuidada en calidad y seguridad. El problema en esta zona de Barcelona es que a la salida de las escaleras del metro de Plaza de Catalunya, dando a Ramblas, personas (quizá es mucho llamarlas así) desconsideradas hacían ostentación “desenmascarada” de superhombres a pesar de su cerebro de mosquito. Sólo he visto en torno a Ramblas un par de guardias en su coche… pero no me parece que hagan falta más; lo que se echa de menos es educación en el respeto a los demás.

¿Alguna vez lo haremos mejor? Esto me preguntaba a la salida del concierto, alentado por la esperanza comunicada en su última parte. Porque el resto de esta gran apertura de temporada –en términos artístico/musicales– manifestó las mismas contradicciones señaladas. En realidad, como ya se ha dicho en estas páginas, este canto universal, ahora himno de la Unión Europea, (vaya unidad la que se ve…) está presente tres veces en estos días en Catalunya, y Dudamel asume así un trabajo que sustituye al Fidelio que debió suspenderse por la pandemia.

Fortaleza y entusiasmo

Dudamel participa de esta alegría que transmite el final de la Novena y les suele dar vida subrayando detalles en el coro masculino

¿Por qué Dudamel? Porque creo que él participa de esta alegría que transmite el final y le suele dar vida, como en esta ocasión, subrayando detalles en el coro masculino y fortaleza y entusiasmo en todos. Algo que no estuvo para nada presente en la versión o en la parte instrumental de esta Novena Sinfonía que hoy dirigirá en Madrid, haciendo gala de una cierta bilocación ya que lo hace con una orquesta que desconoce y pienso que con apenas unas horas de ensayo.

Así son las cosas en esta ya larga pandemia paralela con que asolan al arte las agencias de conciertos procurando dividendos. Así es como, ante la imposibilidad de conciliar la reunión de los músicos de la Mahler Chamber debido a las cuarentenas impuestas en algunos países, se debió de echar mano de otra orquesta. Y apareció la Sinfónica de Galicia, otrora gran primera orquesta del panorama español y competitiva en Europa cuando la dirigía Víctor Pablo Pérez. “Hazte la fama…” dicen, y oh sorpresa, nos sorprende ahora con una falta de musicalidad, de sonido coherente y propio, que en algún momento fue como el ébano.

La orquesta

“Hazte la fama…” dicen, y oh sorpresa, la Sinfónica de Galicia nos sorprende ahora con una falta de musicalidad y de sonido coherente y propio

Nos anticipó algo de ello la excesiva rotundidad del timbal al comienzo, quizá desconocedor de las condiciones acústicas de la sala, que más adelante en el desarrollo de la obra oscureció incluso pasajes de las maderas. Esto es responsabilidad del director, a quien se le planteaban tantos problemas en tan poco tiempo de ensayos –quiero pensar– que tiró adelante con lo que había. La Novena es síntesis de sensibilidad, hay allí dentro demasiada cosa concentrada; es imprescindible conocer los vectores de fuerza que dan vida a esta partitura/obra de arte para su interpretación porque si no se identifican y trabajan hay largos pasajes que son como un puente que puede caer al vacío si no se ajustan las tensiones y se sabe hacia dónde se va.

Sigo sin explicarme la ausencia de nuestra OBC con una plantilla de músicos excelentes a falta de director que sepa rescatar su valor en el conjunto. Pero, claro está,… no hay confianza en los agentes (no hablo de los programadores) y tampoco tiempo –y hasta diría capacidad– por parte de directores habituados a organismos sinfónicos que tocan solos y a trabajar sólo detalles. Dudamel, por su experiencia en la Simón Bolívar seguramente es capaz de ello, pero el tiempo es oro…

Dudamel en el Palau de la Música en Barcelona
Dudamel en el Palau de la Música en Barcelona (A BOFILL / A Bofill)

Así las cosas este fue un concierto planteado con ambición y profesionalidad a lo que se opusieron las condiciones actuales. Los dos primeros movimientos de la Sinfonía resultaron tan poco expresivos, con abundante carencia de matices (acentos, esa riqueza que nos da Beethoven), dinámicas; elaboración polifónica y eficacia en la técnica para afrontarla.

El primer movimiento mostró desajustes varios, en la conjugación de las voces en las maderas, en la incapacidad de establecer un fraseo atento y respetuoso con los contrastes de este discurso beethoveniano y además respetar y resaltar las líneas maestras.

La voces

El coro disperso en los laterales de la sala –de muy buen trabajo– alcanzó un muy buen nivel expresivo y emotivo, subrayando el gran mensaje de Beethoven

Sorprende que Dudamel, afín a la rítmica, hizo una versión pesante del Scherzo, falto de interés y con una lectura generalizante, y poca sensibilidad contrapuntística. El tercer movimiento iluminó y comenzó con intensidad y buena expresión, en manos de un buen fraseo en los primeros violines, y director y orquesta establecieron un buen discurso dramático que se desplomó con un fallo de la trompa (ocurre en las mejores familias/orquestas) y todo volvió a la medianía inexpresiva. La última parte nos volvió a la esperada emoción, con buen trabajo de cellos en fraseo, dinámicas y sonido. El bajo José Antonio López abrió el fuego con excelencia y brilló el tutti coral previo a la “marcha turca”, que sonó falta de gracia además.

El coro disperso en los laterales de la sala –de muy buen trabajo– alcanzó un muy buen nivel expresivo y emotivo, subrayando el gran mensaje de Beethoven.

El público aplaudió muchos minutos de pie esta Novena Sinfonía de Beethoven, que contó con un cuarteto vocal de buena calidad, con la soprano Susanne Elmark, la mezzo Aigul Akhmetshina, el tenor Leonardo Capalbo y el bajo José Antonio López. Siempre la gran dificultad de la partitura deja ver algún altibajo, en este caso exceso de voluntad en tenor (que subrayó dureza al final) y soprano comprometida con su cometido.

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