Berta Marsé: “A veces, la fatalidad te pasa por el lado, te silva, te roza, y te libras o no”

Un poema de Julio Cortázar ha acompañado a Berta Marsé (Barcelona, 1969) en todo el proceso de escritura de esta novela, publicada por Anagrama, que lleva el mismo nombre: Encargo. “No me des tregua, no me perdones nunca”. Hija del escritor Juan Marsé, la autora reconoce que ha sido “un camino largo y a veces bastante oscuro”. Tal vez porque trata temas como la venganza o la piedad o porque muchos lectores encuentran en ella un microcosmos conocido. La vida de barrio, la adolescencia.

“Una noche de 1993 saqué a mi perro a pasear y estuvo a punto de sucederme algo. Me libré, por azar. Volví a casa y lo anoté. A veces, la fatalidad te pasa por el lado, te silva, te roza, y te libras o no”, explica Marsé. “Me dio por pensar en esa “bala”, en quién habría impactado… y de ahí salió la idea germinal, que diría Patricia Highsmith.

BERTA MARSÉ
BERTA MARSÉ (.)

Sin género que la clasifique, Encargo es una propuesta sobre las amistades condicionadas. Porque has vivido en el mismo barrio, porque perteneces a la misma generación. Circunstancial, al fin. Dos chicas del barrio de Sant Antoni, en Barcelona, con vidas abofeteadas por la crisis. Yesi -que siempre ha sido, a ojos de las familias, “la perfecta”- desaparece. Y la protagonista, Desiré Ribó, narra la historia bajo los efectos de una medicación…

La Barcelona de la gentrificación

Siguiendo su instinto, Berta Marsé, que se considera “más cuentista que novelista”, empezó con un relato inocente (el mundo femenino adolescente de los complejos y las pasiones) hasta que la trama se envenena y acaba en truculento. Nació su primera novela. “A las mujeres nos ocurre a menudo: te sientes responsable de todo, de lo que te pasó, de lo que no pasó, de lo que ha pasado a otro…”. Una rampa de subida donde aparece Amy Winehouse o Pablo Alborán, las calles Viladomat y Parlament, el Lexatín y la prisión. Un chucho llamado Chimo que parece que lee el periódico…

No se reconoce completamente, la escritora, en las protagonistas (“o no soy yo, o soy yo las dos”) y confiesa sentir cierta voluntad documental, detallista, otra vez esa Barcelona de la gentrificación como protagonista. La fuerza del resentimiento, la competencia entre amigos, lo humano convertido en algo explosivo. Un argumento que se tensa.

A Juan Marsé, el gran escritor y padre de la autora, todavía le dio tiempo de leer el original. “Me dijo ‘vale, sí, me gusta’. Él era muy parco. Solo si no le gustaba lo que habías escrito, entonces se explayaba algo más”.

Tenía en mente otra novela pero, durante el confinamiento y en serendipia, se le cruzó otra. “No va de la pandemia y espero no tardar tanto como a menudo, soy lenta escribiendo. Me aferro al humor, es importante incluso en las tragedias”

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