Biblioteca Nacional: retrato de Miguel Delibes en madera, papel y voz

Se inaugura una gran exposición con los fetiches, amistades, hábitos, afectos y libros del autor de ‘Cinco horas con Mario’.

Siete palmos de ancho y tres de fondo mide la mesa en que Miguel Delibes escribía a mano. Es de madera robusta, quizá de roble, y tiene quemaduras de los cigarrillos que él mismo liaba con tabaco de picadura; también hay manchas de tinta. Es algo más grande que la de Sedano (Burgos), donde pasaba veranos y avanzaba libros. Por esa zona salía de pesca, de caza, en bicicleta y andando, por veredas o campo a través. También nadaba; se lanzaba a su pequeña piscina tapándose la nariz. La mesa amplia, la de Valladolid, donde escribía con pulcritud, la puede ver usted en la Biblioteca Nacional, en una exposición que sobre su vida y obra abre hoy (hasta el 15 de noviembre). La muestra es austera y sobria, como las mesas, como él, como su escritura.

Manuscritos, fotos, felicitaciones, premios, primeras ediciones, carteles y las voces Lola Herrera y José Sacristán resonando en las salas (los dos actores protagonizaron las adaptaciones teatrales de Cinco horas con Mario’ y ‘Las guerras de nuestros antepasados’), junto a la del propio Delibes conversando con Juan Diego en un descanso del rodaje de Los santos inocentes…

«Los libros de mi padre se siguen reeditando y se leen en los colegios. Esto es la guinda. Le habría gustado», dijo ayer Elisa Delibes de Castro, presidenta de la Fundación Miguel Delibes en la presentación de una muestra que se pospuso seis meses por el dichoso virus. Se titula Delibes, así de sencillo, para qué más. «No le hace falta adjetivo», apuntó el comisario, Jesús Marchamalo, periodista, escritor y quien firma el libro Delibes en bicicleta (Nórdica).

No falta, no debía faltar, el cuadro de su mujer, Ángeles de Castro, que siempre estuvo en la habitación de su casa de Valladolid. Un retrato de John Ulbricht donde ella posa elegante, con un vestido rojo, collar y guantes blancos. Delibes tituló Señora de rojo sobre fondo gris el libro en que la recordó cuando se le cicatrizó (algo) el desgarro por su muerte y así se llama el monólogo que estos días representa Sacristán en Madrid.

También se puede contemplar la máquina de escribir Hermes Baby que Ángeles le regaló cuando se casaron. «Ella fue crucial, fue quien le enseñó a leer. Él había leído a Salgari, Dumas y Dostoievski y de la mano de Ángeles leyó a Chéjov, Pushkin, Cervantes, Gómez de la Serna», comentó Jesús Marchamalo. «Se casaron un 23 de abril». El Día del Libro.

Tres salas dedica la Biblioteca Nacional que dirige Ana de Santos, a lo largo de las cuales aparece Miguel Delibes -tercero de ocho hermanos (él tuvo siete hijos)- en los talleres del Norte, fotografiado por Alberto Schommer y junto a Josep Pla, Josep Vergés (editor de Destino), sentado en su mecedera y en zapatillas leyendo a Iris Murdoch, al lado de Rosa Chacel y Rafael Alberti en El Escorial, con Francisco Umbral y Manu Leguineche en Cuéllar (Segovia), con Esther Tusquets, Camilo José Cela, José Hierro, Torrente Ballester, Buero Vallejo, Gironella… Y sobre la cubierta de un barco, con motivo del Coloquio Internacional de Novela de Formentor en 1959 a la vera de Italo Calvino, Alain Robbe-Grillet, Carmen Martín Gaite, Mercedes Salisachs, Juan Goytisolo y otros.

«En mis novelas y relatos sobre Castilla, lo único que pretendo es llamar a las cosas por su nombre y saber el nombre de las cosas», confesó a César Alonso de los Ríos en Soy un hombre de fidelidades. Conversaciones con Miguel Delibes, que acaba de recuperar La Esfera de los Libros, tan oportuno, tan necesario. Como Cinco horas con Miguel Delibes (Fórcola), también reeditado y donde precisa que El camino lo escribió «en 21 días, uno por capítulo, después de pensarla, naturalmente».

Castilla siempre al fondo. Se le puede ver andando con su sempiterna cazadora de ante marrón, tocado con boina o visera; con cananas y escopeta, con la caña de pescar. Y grabando a los campesinos para que no se perdieran palabras, giros, frases de provincias que ya en los 50 empezaban a deshabitarse.

Ahí están también, entre las páginas de las primeras ediciones de sus libros, sus entrañables personajes, desde Daniel el Mochuelo (El camino), Cipriano Salcedo (El hereje), Menchu (Cinco horas con Mario), Lorenzo (Diario de un cazador, entre otros), El Nini (Las ratas)…

Y el manuscrito del discurso del Premio Cervantes, a mano, con tachaduras (pocas) que la Fundación Delibes ha legado a los fondos de la Biblioteca Nacional. Jesús Marchamalo comentó que tal era la timidez de Delibes, que su hijo Miguel llevaba ese día (23 de abril de 1994) una copia del discurso por si su padre se emocionaba. En todo fue sencillo y grande, humilde y asombroso.


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