Bienvenidos a Turgistán, una república de ficción

La literatura universal está llena de países imaginarios, ciudades fantasma y figuras históricas inventadas. Tampoco ha sido parco el séptimo arte a la hora de crear -o recrear- lugares y personajes que nunca existieron. A veces, incluso a menudo, se inventa un país a fin de parodiar otro existente, tal como hizo Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver , que incluye estancias del viajero en lugares tan extraños como Liliput o Laputa, pero sólo lo son en apariencia, pues al describirlos lo que hacía Swift era mofarse al tiempo que denunciar algunos de las más execrables lacras e hipocresías de la sociedad británica del siglo XVIII.

¿Acaso existieron alguna vez o en alguna parte El Dorado, Freedonia, Uqbar o la Utopía de Thomas More? De todos modos, cuando se inventa un país para parodiar a un déspota, a éste no le suele hacer ni pizca de gracia, por muy lograda y divertida que sea la obra. Es justo lo que le ha pasado a Gurbangulí Berdimujamédov, el actual presidente de Turkmenistán, una de las antiguas repúblicas de la URRS en Asia Central.

6 underground, una película de acción estrenada a finales de 2019 dirigida por Michael Bay para Netflix con un presupuesto de 150 millones de dólares, relata cómo un comando de seis justicieros acuden a Turgistán con el propósito de derrocar al despiadado dictador Rovach Alímov. Hasta aquí, todo en orden. Pero cuando la cinta llegó a Turkmenistán, no tardaron ni cinco minutos en darse cuenta de que Turgistán es un retrato despiadado -eso sí, con mucha acción y no pocos toques de humor- de este país centroasiático y el dictador Berdimujamédov, que mandó bloquear la red de Netflix.

Cuesta cada vez más distinguir entre los países de verdad y los imaginarios, o quién parodia a quién

La dividida península coreana no podía irle a la zaga, aunque, en su caso, con un tierno cuento de amor. La serie Aterrizaje de emergencia en tu corazón, también de Netfix y estrenada en 2019, relata la historia de una joven heredera del magnate de una multinacional surcoreana que vuela alegremente en parapente cuando unas fuertes ráfagas de viento la llevan a aterrizar accidentalmente en Corea del Norte, donde es rescatada por un atractivo oficial del Comando de la Guardia Suprema, que es la que se dedica a la protección del rechoncho dictador, Kim Jong-un, y su familia. Por supuesto, la serie no gozó de una buena acogida en el lado norte de la frontera, pero sí, aunque con reservas, en el sur. Para los norcoreanos, era un burdo ataque contra el régimen, mientras que a sus vecinos sureños les pareció una inadmisible apología del mismo. O sea que quedaron en tablas.

Entre 1990 y 1992, la serie de televisión australiana Embassy, aunque nunca llegó a emitirse en Malasia, provocó no obstante airadas hostilidades diplomáticas entre Kuala Lumpur y Canberra. Esta producción de la ABC, la televisión estatal australiana, versa sobre los múltiples problemas a los que se enfrentan a diario los empleados de la Embajada australiana en la capital de Ragaan, un conflictivo y violento país imaginario que se supone se halla en algún lugar entre Tailandia y Malasia, pero queda más que obvio que es una denuncia en toda regla contra el Gobierno de Malasia y Mahathir Mohamad, su primer ministro, quien entendió que era un insulto a su país y al islam. Se produjo una breve quiebra diplomática entre las dos naciones, seguida de un largo tira y afloja que incluiría una importante pérdida de inversiones y la suspensión de acuerdos militares.

Con todo, Embassy no fue retirada hasta haber cumplido tres temporadas y 39 episodios, oficialmente por la escasa y menguante cuota de pantalla. Mas antes de que esto ocurriera, TV3 (se pronuncia tivi tiga, según Wikipedia), una cadena privada malasia, emitió cuatro entregas de un demoledor documental sobre racismo en Australia.

Cuesta cada vez más distinguir entre los países de verdad y los imaginarios, o quién parodia a quién.

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