Carlos Pérez Siquier, historia de la fotografía española

 que lo convierte en pionero español del color, a la par que su amigo gijonés Gerardo Vielba. Color que le serviría luego para decir el mundo casi pop de las playas, y para un fotolibro de ‘trainscapes’ desde el tren Almería-Sevilla.

Todo dicho con naturalidad, con respeto a la verdad, a los retratados, a la vida que pasa, como pasan las mujeres con sus cántaros, la gaviota, el armario en la mudanza, la brocha sobre la cal, las nubes indalianas sobre la iglesia chiriquiana camino de Cabo de Gata, el paso en el cartel de Semana Santa de 1970, los rodajes de películas del Oeste en Tabernas…

Almería en el obturador

AFAL, la Agrupación Fotográfica Almeriense, una aventura prodigiosa, iniciada en 1950 y en un contexto oficial, pero que luego lo desbordó. Su modesto boletín, titulado sencillamente AFAL, salió entre 1956 y 1963. Histórico fue su cuidado ‘Anuario de la fotografía española’, de 1958. Los dos pilares del grupo fueron el fotógrafo que acaba de dejarnos, que durante varias décadas fue también empleado de banca, y José María Artero, escritor (uno de sus libros, compartido con Salvador Jiménez, versa sobre Ramón Gómez de la Serna) y ocasionalmente también artista de la cámara.

Involucraron, entre otros muchos, a Català-Roca, Colom, Cualladó, Paco Gómez, el citado Juanes, Masats, Maspons, Miserachs, Ontañón, Nuño, Pomés, Rubio Camín (artista plástico y también artista de la cámara), Carlos Saura, Schommer, Terré, Ubiña, Vielba… Además, colegas extranjeros (Boubat, Giacomelli, Sougez, Otto Steinert…), escritores, cineastas, arquitectos, caricaturistas como Ballesta o como Chumy Chúmez, este último también buen fotógrafo… Almería es hoy, gracias a Pérez Siquier y a AFAL, y luego gracias a Manuel Falces y al CAF, la capital de nuestra fotografía. Y él además dispone, desde hace poco, de un museo unipersonal en Olula del Río, un sueño compartido con Teresa, su mujer.

En 1966 Pérez Siquier publicó un ‘Almería’ en la popular colección de guías Everest, en otras de las cuales colaboró. Para la misma editorial cuidó luego, de nuevo con Artero, cinco anuarios fotográficos sucesivos, como colaboró en publicaciones del Ministerio de Información y Turismo. En 2003 obtuvo el premio Nacional de Fotografía. Al año siguiente sacó un volumen sobre la Maestranza de Sevilla. Durante las dos últimas décadas, disfrutó mucho viendo cómo tanto su obra como AFAL eran redescubiertas, tanto gracias a retrospectivas, la primera de las cuales fue la de La Caixa, en 1997, como a muestras de grupo.

Lo recuerdo en el Reina Sofía, con Juan Goytisolo, presentando la reedición, con fotos suyas en blanco y negro, de ‘La Chanca’. Lo recuerdo en Roquetas de Mar, feliz de que en ‘Los indalianos’ figuraran sus retratos de Jesús de Perceval y otros pintores, pero también de que al fin se repescaran, en otra muestra paralela en el faro, los clichés percevalianos. Lo recuerdo, en el Reina, nuevamente, cuando la muestra AFAL. Lo recuerdo, por último, en marzo, en el CAF, en ‘Galería de espejos’, saludando a los nuevos fotógrafos andaluces. Aquel día nos confesó el secreto: un gin tonic por las tardes, y una torta de Inés Rosales…

Tristes, muy tristes se quedan sus paisanos, y sus colegas, y sus amigos los poetas, convocados por Antonio Lafarque a glosar, en dos fotolibros ya imprescindibles (’Al fin y al cabo’ en 2009, y ‘Guiños’, en 2017), esta obra que brilla, y que permanece y dura.

https://www.abc.es/cultura/arte/abci-carlos-perez-siquier-historia-fotografia-espanola-202109141646_noticia.html

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