Chusé Izuel y Félix Romeo, el reencuentro de dos escritores muertos antes de tiempo

Félix Romeo, fotografiado en 2009 – ROLDÁN SERRANO

Chusé Izuel y Félix Romeo, el reencuentro de dos escritores muertos antes de tiempo

La apuesta de Jonás Trueba por «Todo sigue tranquilo» en Caballo de Troya coincide con la reedición de «Amarillo»

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Félix Romeo y Chusé Izuel se conocieron en el colegio de Zaragoza al que iban cuando eran niños. Habían nacido con solo unos días de diferencia en 1968, y durante su infancia, cuando se ponían motes tomados de las novelas que leían, ya sabían que su camino estaría marcado por los libros. Romeo sería el que lo leería todo. Así fue: con el tiempo se convirtió en uno de los críticos literarios más importantes del país, como demostró en sus artículos publicados en ABC y en el programa «La Mandrágora». Izuel estaba destinado a ser el escritor talentoso. Siempre de negro –camisa negra, pantalón de pinzas negro y americana negra–, cultivaba una pose de autor maldito cuando Ray Loriga o José Ángel Mañas eran aún unos desconocidos. «Hubiera sido un escritor bueno», según Romeo. Pero recién cumplidos los veinticuatro años, un 27 de febrero de 1992, se suicidó tirándose por la ventana.

Una ruptura que nunca superó, los desvelos de una juventud atribulada, la estética del malditismo… en los pocos relatos que salvó de la papelera ya había ido anticipando su tormenta interior. «Supongo que no me gustan los finales felices», escribió. O: «Lo que me jode es que serás tú quien me abandone, la que llegará un día en que no podrás continuar aguantándome…». En los cuentos de Izuel sus protagonistas, jóvenes, se juntan a beber y fumar, acechados por el desamor y la falta de horizontes: «Tengo veinticuatro años y soy un anciano que agoniza». La palabra suicidio también lo rondaba: «Una cuestión la del suicidio que, quiérase o no, se esté totalmente en contra de él o se contemple como último acto libre del individuo, posee un elevado grado de atracción para el ser humano».

Fue Romeo quien, dos años después de la muerte de su amigo, reunió para Ediciones Libertarias dieciséis relatos en «Todo sigue tranquilo», donde unos pocos –el volumen se quedó en el ámbito aragonés– pudieron descubrir a un autor influido por la corriente «sucia» de Carver o Bukowski, con cierto dominio del diálogo para haberlos escrito entre los 18 y 22 años, y que supo retratar los anhelos rotos de quienes fueron adolescentes en los ochenta. Y de nuevo Romeo fue, en «Amarillo», quien lo envolvió en un aura de culto con un libro que se anticipó a la tendencia de la literatura autoconfesional. «¿Cómo no me di cuenta de que te ibas a suicidar?, ¿por qué tu muerte me produjo un alivio tan grande?», se pregunta, y termina reconociendo: «Tu muerte fue una bendición para mí: no habría vuelto a escribir si tú hubieras seguido vivo». Con este libro, el último que publicó en vida, asumió también el rol de escritor talentoso, y así ha sido desde 2011, cuando murió por un infarto.

El cineasta Jonás Trueba, editor invitado de Caballo de Troya, se ha propuesto recuperar los textos de Izuel, y en una decisión controvertida lo ha elegido para abrir el catálogo de este 2021 con un volumen que añade tres relatos inéditos al que ya salió en 1994. Ninguno de los editores anteriores se había atrevido a publicar en un sello reservado a autores noveles la obra de uno muerto treinta años atrás. «Me hago cargo de la decisión», dice Trueba en su declaración de intenciones, «cada vez estoy más convencido de que las obras de creación que merecen la pena trascienden la actualidad de cada momento, y me parece que «Todo sigue tranquilo» aún está vivo y nos sigue diciendo cosas importantes, aunque sean cosas que nos asusten».

El nuevo patrón de Caballo de Troya, que ayer presentó un catálogo que apuesta además por Julieta Valero, Socorro Giménez, Andrés Di Tella, Alejandro Simón Partal y Bárbara Mingo, no es un recién llegado al negocio editorial. Él publicó «Amarillo» en 2008 cuando estaba al frente de Plot, el sello que fundaron los Trueba para editar libros de cine y que ahora, en su refundación, ha vuelto a apostar por Romeo con la reedición del libro sobre Izuel y otro que incluye las cuatro novelas del autor aragonés. Pilar Torres, editora de Plot, cree que esta coincidencia permite un diálogo muy propicio: «»Amarillo» piensa y repiensa a Izuel, su obra, todo lo que ocurrió después». Romeo financió la primera edición de «Todo sigue tranquilo», lo mantuvo vivo con un libro de duelo de referencia y de nuevo va a poder volver a dialogar con él en las librerías.

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