Clara Sanchis: «Mi gran escuela ha sido el escenario»

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Clara Sanchis (Teruel, 1968) confiesa: «Tuve la enorme suerte de que mi casa era un lugar repleto de libros, con unos padres llenos de talento e inteligencia, que propiciaban un ambiente donde se estimulaba y valoraba la actividad artística. Algo que agradezco infinitamente a mis padres». Sin duda, no es para menos. La intérprete, que ha desarrollado su extensa trayectoria en el teatro, el cine y las series televisivas –Amar en tiempos revueltos e Isabel, entre otras-, es hija del dramaturgo e impulsor del Teatro Fronterizo -hoy Nuevo Teatro Fronterizo-, José Sanchis Sinisterra, y de la actriz y directora de escena Magüi Mira, de quienes, nos dice, se siente muy orgullosa. Tras los recientes montajes de Una habitación propia, versión escénica de María Ruiz del célebre ensayo de Virginia Woolf, y Jo… Mujercitas, pieza de Lola Blasco basada en la novela de Louisa May Alcott, se pone de nuevo en la piel de Teresa de Jesús, en una renovada puesta en escena de La lengua en pedazos, firmada y dirigida por el dramaturgo y académico Juan Mayorga.

¿Se han producido cambios entre el anterior montaje de la obra y el de ahora? ¿Cuáles serían los fundamentales?

El primer cambio, aunque intangible, resulta muy a tener en cuenta. Es el poder del paso del tiempo, tanto en Mayorga como en Daniel Albaladejo, mi compañero en el elenco, y en mí. No somos los mismos. Por otro lado, una de las características de Mayorga es que siempre revisa sus textos, sus montajes. Está en continuo movimiento, nunca se conforma con lo hecho. En este caso, ha realizado alguna modificación en el texto, aunque, por supuesto, manteniendo la esencia de este potente y apasionado combate verbal entre Teresa y un inquisidor. Creo que ahora el duelo es más equilibrado, pues ha crecido el personaje del inquisidor, sabemos más de él.

«Antes que a la interpretación, siempre quise dedicarme a la música»

Uno de los muchos aciertos de «La lengua en pedazos», galardonada con el Premio Nacional de Literatura Dramática, es que el inquisidor no es un malvado de una pieza…

En efecto. En el inquisidor, magníficamente encarnado por Daniel Albaladejo, se han incrementado sus claroscuros, y casi podría decirse que se ha convertido en un alter ego de la santa abulense, a la que viene a poner contra las cuerdas, pero en la función se va descubriendo que presentan algunas similitudes.

¿Cómo es Teresa?

Es extraordinaria. Resulta muy difícil encontrar en su época una persona, y más una mujer, que tenga su cultura. Es rebelde y adelantada a su tiempo, una gran observadora, marcada por un deseo incesante de introspección, de indagar en sí misma, y por contrastes. Es tan fuerte como frágil, firme y dubitativa, espiritual y terrenal a la vez. Hay una frase muy misteriosa en la obra que me encanta y me parece muy reveladora: «Hace años que esperaba esta hora». Los dos aguardaban el encuentro, debatir, discutir en toda la amplitud del término. Cada uno tiene necesidad del otro. Y en la obra también hay un elemento capital que es la fuerza arrolladora e ilimitada de la imaginación.

Esa imaginación que es «la loca de la casa», término acuñado por la propia mística.

Sí. Precisamente nuestra compañía, fundada por Mayorga hace unos años, se llama La loca de la casa.

Un momento de «La lengua en pedazos»

¿Cuánto hay de Teresa en Clara Sanchis?

Tengo una profunda admiración por ella, y puso el listón muy alto. Creo que sobre todo comparto con Teresa la duda. En mi opinión, el ser humano es dubitativo por naturaleza. Y esto no es negativo, aunque hoy en momentos de respuesta rápida e inmediata parece olvidarse. E-mail, WhatsApp… se nos exige responder segundo a segundo.

Usted dio vida hace poco a Virginia Woolf. ¿Qué hay de común entre estas dos fascinantes mujeres?

Son diferentes, y también la época que les tocó vivir. Pero las dos son grandísimas escritoras. Mayorga, que se apoya para La lengua en pedazos en el Libro de la vida, de Teresa de Jesús, la reivindica como una autora extraordinaria. Por otro lado, les une que ambas son capaces de modificar lo que no les gusta, lo que piensan que no está bien. La mayoría de los hombres y mujeres nos dejamos arrastrar por la inercia, por lo que se supone que debemos hacer, por transitar por unos raíles preestablecidos. Teresa y Virginia se salen de esos raíles, buscan y defienden su «habitación propia». Teresa en la celda del convento, un espacio privilegiado en el que leer, reflexionar, escribir… Esto le ofrece la posibilidad, que aprovecha enormemente, de alcanzar esa cultura imposible para las mujeres. Uno de los aspectos más perversos y dañinos del patriarcado es convertir a las mujeres en seres incultos, lo que lleva a que sean más fácilmente manipulables.

Estaba cantado que usted se dedicaría a la interpretación…

No crea. De hecho, en realidad, yo no quería ser actriz. Mi vocación era la música. Estudié esta disciplina como pianista, y hoy también la sigo cultivando. Por ejemplo, en Una habitación propia y en Festen, entre otros montajes, toco el piano en escena. Luego, las circunstancias me fueron acercando a la interpretación, y en un determinado momento, me dije: «Admítelo, eres actriz, no estás en esta profesión de paso».

«Teresa es tan fuerte como frágil. Firme y dubitativa, espiritual y terrenal a la vez»

¿Y sus padres qué papel desempeñaron en sus decisiones?

Me dejaron absoluta libertad. Me independice muy joven, y quise ganarme la vida por mi propio esfuerzo y medios. Ellos no me animaron especialmente a ser actriz. Sabían que era una profesión maravillosa, pero también insegura y de mucha dureza.

Sus comienzos…

Llegué como pianista al mundo del espectáculo, tocando el piano en teatros. Después, comencé de figurante en Salomé, de Oscar Wilde, protagonizada por Nuria Espert, y dirigida por Mario Gas en el Festival de Mérida de 1985. De Nuria y de otros grandes actores y actrices he aprendido mucho, y, claro, de mis padres, con quienes he forjado mucha complicidad. Al principio pedía ayuda en los camerinos a mis compañeros que generosamente me daban clases particulares: «Por favor, ayúdame con este texto, con este movimiento…». A partir de ahí, todo afortunadamente fue rodado con trabajo en teatro, cine, televisión, con etapas mejores y peores. He hecho cursillos, sobre todo cuando pasé una larga temporada en Italia, pero el escenario ha sido para mí la gran escuela.

¿Cómo es Mayorga como director?

Sorprendente. Es un crack. Y posee algo muy valioso: un inmenso respeto hacia el público, al que considera inteligente. Y también hacia los actores. Sabe escuchar nuestras propuestas, aunque él tome la decisión final. Tiene las ideas muy claras.

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