«Cocksucker Blues», el lado salvaje de los Rolling Stones que hoy se las vería con el #meToo

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La imagen de Mick Jagger esnifando cocaína de la punta de un cuchillo, una de los momentos estelares de «Cocksucker Blues», es una de las más atrevidas del universo rockumental. Tanto, que el propio cantante quiso que nadie la viera. La escena muestra eso que todo el mundo sabe, pero de lo que no se puede hablar. Menos aún cuando te has convertido en una súper estrella del establishment musical, cuando te idolatran millones de padres de familia que pinchan sus viejos vinilos a sus retoños para educarles en el buen rock’n’roll.

Aquella película rodada en ocho milímetros por el fotógrafo Robert Frank, durante la desquiciada gira del grupo en 1972, era demasiado salvaje para el gran público. Los Stones aparecían metiéndose de todo, como si no hubiera ninguna cámara captando su momentos de degeneración. Pero ese era el plan, más o menos. Jagger y los suyos prefirieron tomarse el rodaje como un divertimento, y no como un proyecto fílmico, y dieron vía libre a sus instintos viciosos para que su compañía de discos prohibiese el documental. Pero Robert Frank se opuso a que su trabajo no tuviese distribución, y los llevó a juicio. Al final, se dictó que la película podría proyectarse una vez al año con motivos artísticos, siempre con la presencia de su director. Y así se hizo hasta que llegó internet.

En cuanto «El blues del chupapollas» empezó a circular por la Red, los fans más curiosos se hicieron con él y lo compartieron como una joya oculta que ofrecía un paseo por el lado más salvaje de los Rolling Stones. El título, además, hacía referencia a un momento muy gamberro de la banda. Cuando quisieron romper con la discográfica Decca, ésta les exigió un single más para darles la carta de libertad. Y los muchachos le entregaron «Cocksucker Blues», una canción con tantas alusiones censurables que el sello no podría hacer negocio con ella. El tiro les salió por la culata: a modo de venganza, Decca sacó un recopilatorio poco antes de que los Stones lanzaran su nuevo álbum con otro sello.

El director de «Cocksucker Blues», Robert Frank, charlando con Mick Jagger durante un vuelo – YouTube

El visionado de «Cocksucker Blues» puede llegar a ser incómodo para según qué espectadores. Es la antítesis de cualquier documental de rock: no hay bustos parlantes, ni secuencias mitificadoras. Más bien todo lo contrario. Muestran a un grupo de seres humanos viviendo la cara más oculta del éxito, haciendo exhibicionismo de todo lo que el público no debería ver. Buena parte del minutaje está dedicado a los momentos muertos de una gira, esos en los que el aburrimiento te lleva a cometer todo tipo de locuras para entretenerte. En habitaciones de hotel, en camerinos, en limusinas. También en aviones. Y es precisamente a varios miles de metros de altura donde el desenfreno estoniano alcanzaba sus más altas cotas.

Hay una secuencia rodada durante uno de sus vuelos privados que estremece. Primero se ve cómo una pareja se entrega al sexo delante de Jagger y Richards, que observa tranquilamente desde su asiento mientras beben tequila. El ex reportero de Rolling Stone, Robert Greenfield, aseguró que fue un montaje del propio director. «Antes de subir al avión se acercó a una groupie y le dijo: «Queremos que una chica se folle a alguien en el avión para la película»», escribió en su libro «S.T.P.», en el que rememora aquella gira.

Montaje o no, se trata sólo del aperitivo de lo que viene a continuación, cuando se produce una escena que bien podría desatar la ira del movimiento #meToo. Un miembro del equipo de gira se levanta de su asiento, se acerca a dos groupies que acompañan a la banda en el viaje, y las desnuda a la fuerza. Ellas se resisten con una sonrisa nerviosa en los labios. Ríen, pero se resisten. Hasta que se dan por vencidas y acaban en pelotas delante de todo el intoxicado pasaje, incluidos los Stones, por supuesto, que animan la escena tocando pequeños instrumentos de percusión como si fueran la orquesta de una orgía, descojonados y con los ojos desorbitados. La máxima expresión gráfica de sus Satánicas Majestades. Puede verse en un fragmento subido a YouTube, a partir del minuto quince.

El documental ha sido proyectado en diferentes ciudades del mundo durante todos estos años. Ya pudo verse en Madrid durante una proyección oficial en los años 90, y el pasado sábado pudo verse en el Cine Doré de Filmoteca Española de la capital como estrella de la programación del ciclo Documenta Madrid, que dedica una retrospectiva a su director Robert Frank hasta el 23 de diciembre. En los últimos años, todo parecía indicar que había pasado el tiempo suficiente para que los Rolling Stones se decidieran a rescatarlo del olvido, para digitalizarlo y comercializarlo. Pero los tiempos han vuelto a cambiar, y escenas como la mencionada seguramente pondrían en graves aprietos el proyecto. En cualquier caso su director ya no lo verá, porque falleció hace un año. Pero no sería difícil imaginar una alfombra roja de estreno rodeada de manifestantes.

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