¿Cuál es el origen de la expresión ‘ir de gorra’?

La prenda de ropa, de fieltro o de piel que se usa para cubrirse la cabeza, y que había vivido tiempos casi clandestinos los últimos decenios, ha vuelto con fuerza, sobre todo en la población masculina, la más propensa a la alopecia. Las tiendas de sombreros y de gorras que ya existían se han reavivado considerablemente y, a su lado, han florecido una serie de nuevos negocios, grandes y pequeños, que venden gorras de todas los tamaños, materiales, colores y tendencias.

Aparte del uso original de las gorras, este elemento de la vestimenta ha producido un campo semántico de sentido figurado que ha producido derivados verbales y ricos sustantivos. En este terreno metafórico, a diferencia de las gorras de verdad, la prenda de vestir no ha desaparecido nunca, al contrario, ha estado muy viva, y aún lo está, sobre todo en estos tiempos de precariedad extrema, que la pandemia ha llevado a límites insoportables para muchos sectores profesionales.

Los señores acostumbraban a cubrirse con un sombrero y los criados lo hacían con una gorra

En este terreno metafórico la gorra toma el sentido de no pagar que se utiliza en frases como ir de gorra, comer de gorra, viajar de gorra, etcétera, a más de pegar la gorra a alguien, es decir, hacerse invitar. Además, por derivación, el genio de la lengua ha creado los verbos gorrear y gorronear y el sustantivo gorrón, que no hay que confundir con se tiene que confundir con gorrero, que es el artesano que elabora gorras y las vende en la gorrería o sombrerería.

Sobre el origen de esta gorra metafórica hay dos teorías. La primera, y menos documentada, apunta que nació entre los estudiantes, que acostumbraban a ir tocados con una gorra y, como no disponían de muchos recursos, se colaban en actos sociales, celebraciones y otros encuentros donde había manduca para poder comer gratis. Es el equivalente actual del personal que llena según qué actos a cambio de unas croquetas. Para que no se les notara la falsedad, los estudiantes saludaban a todo el mundo con golpes de gorra o gorretadas y hablaban con unos y otros, de modo que los invitados oficiales no percibieran que eran unos intrusos.

La otra versión sobre el origen de esta expresión, y que parece la más creíble, se refiere a la vestimenta de señores y criados. Los señores acostumbraban a cubrirse con un sombrero y los criados lo hacían con una gorra. Cuando iban de viaje, a los primeros les servían unos manjares más caros y los hospedaban en buenas habitaciones, mientras que los criados solían comer con el servicio y dormían en lugares más sencillos, cuando no lo hacían directamente en el pajar.

En el momento de pagar, quien sacaba la bolsa del dinero era, claro, el señor, y el hostalero que le echaba las cuentas marcaba dos precios, uno para los señores y otro para los criados: “Tantos de sombrero y tantos de gorra”. El importe de lo que costaba la estancia de los criados era inferior de lo que se pagaba por cada señor, pero incluso así los de gorra no pagaban.

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