Cuando la cultura pasa hambre

Una bailarina, un músico, un actor, un autor-compositor, un bailarín y técnico… así hasta sumar a 29 personas. Es la cifra de solicitudes de ayuda alimentaria recogidas en un solo día, el jueves 12 de noviembre, por la asociación sin ánimo de lucro Actúa Ayuda Alimenta (#AAA). Son ya unas 150 personas del mundo de la cultura las que reciben este apoyo en Barcelona. Alrededor de un centenar en Madrid.

Cada día que se publica algo en prensa o medios audiovisuales aumenta el conocimiento sobre esta iniciativa y se multiplican las peticiones. Es probable que suceda lo mismo cuando se publique este artículo en La Vanguardia.

La avalancha de solicitudes es un indicador más, pero muy revelador, de la precariedad extrema a la que se ha visto abocada la cultura por culpa de las restricciones contra la Covid-19. La debilidad ya era la norma hace un año, como consecuencia de los nuevos hábitos de consumo (es asombrosa la desfachatez con que se roba cultura online en un país donde se ha asumido que todo lo que está en la red es de entrada gratuito); el abandono por parte de algunas administraciones y la pérdida generalizada del prestigio social.

La pandemia, como en tantos otros frentes, solo ha hecho que acelerar aún más un proceso de degradación que ya iba lanzado.

Actúa Ayuda Alimenta colabora con entidades como el Banco de Alimentos o Fundación Aurea para canalizar las aportaciones que le llegan, sobre todo, a través de su página web (actuaayudaalimenta.org/#donaciones). Una vez se reciben las solicitudes, se organizan recogidas en lugares relevantes del mundo cultural (hay varios teatros y asociaciones adheridas) donde los voluntarios acuden para distribuir los paquetes a domicilio.

Los responsables de la iniciativa han querido evitar las ‘colas del hambre’

El músico Sergi Cochs , que actúa como portavoz de la plataforma, subraya que se han querido evitar en todo momento las colas del hambre.

Las aportaciones llegan así de manera discreta a los domicilios de las personas que las han reclamado, aunque eso no evite que a veces se produzcan encuentros inesperados. Refiere Cochs que una actriz bastante conocida llamó a la persona a la que estaba llevando comida para avisarle de que ya se aproximaba a su domicilio, cuando reconoció en ella a una amiga de la que ignoraba que se encontrara en tal estado de necesidad.

Las ayudas llegan a todo tipo de colectivos culturales, aunque el de la danza es uno de los más castigados. En general, ha hecho mucho daño el cierre temporal de las actividades extraescolares, que servía de complemento –o de sustento principal– a muchas personas de la cultura.

Más allá de esta función asistencial, #AAA promueve también iniciativas en el ámbito laboral y organiza una serie de ágoras, foros de reflexión sobre el futuro de la cultura. Actúa Ayuda Alimenta, que surge del seno de otra asociación, DJ’s Contra la Fam, recibió en agosto el premio González Sinde que concede la Academia de Cine.

Manifestación a principios de mes de  técnicos y músicos frente al departament de Cultura / MARTA PÉREZ / EFE
Manifestación a principios de mes de técnicos y músicos frente al departament de Cultura / MARTA PÉREZ / EFE

El mero hecho de que tenga que estar prestándose este tipo de asistencia ilustra la situación desesperada de un sector que no tiene ni tanto peso específico ni tanta capacidad de presionar como el de bares y restaurantes, pero que comparte con este el perjuicio causado por el cierre sanitario.

La temperatura de la indignación se ha elevado en los últimos días por una serie de circunstancias concretas. Causó estupefacción que mientras cines, teatros y salas de música siguen cerrados se permitiera una misa con 600 personas en la Sagrada Família, y asombra también el hecho de que en Madrid la cultura diste mucho de estar clausurada sin que por ello se disparen, aparentemente, los contagios.

En este sentido, empieza a cundir la sensación –y no solo en los ambientes culturales– de que la apuesta madrileña por el uso masivo de tests de antígenos puede haber ayudado a mejorar la situación en la capital de España.

La cultura confía mucho en la generalización de este tipo de prueba rápida para ir recuperando un nivel aceptable de aforos, pero no está claro que esta sea la estrategia del Departament de Salut. Al menos por el momento.

Todo este malestar afloró en el encuentro que representantes del sector mantuvieron el viernes con el secretario de Salut, Josep Maria Argimon, a quien manifestaron la apremiante necesidad de recuperar la actividad. En el sector se aprecia la oportunidad de haber podido dialogar con las personas que de verdad toman decisiones sobre la lucha contra la pandemia, pero se teme que, una vez más, se les minusvalore en relación con otras actividades económicas.

Persiste la idea de que la gente de la cultura ha venido a este mundo a entretener, y no a trabajar

En el fondo, aunque administraciones que invierten tan poco en las artes como la Generalitat hayan empezado a cambiar su discurso en los últimos meses –en el sector se valorar la determinación de la actual consellera, Àngels Ponsa– sigue pesando sobre la cultura el estigma de colectivo auxiliar o de relativa relevancia económica.

Y eso a pesar de que se multiplican los informes que apuntan en la dirección contraria. Según el Estudio sobre el valor añadido de la cultura en Barcelona de 2018 (el último disponible), que acaba de hacer público el Ayuntamiento, el sector aportó un 3,6% del valor añadido bruto de la economía de la ciudad.

Pero lo más relevante es que su crecimiento nominal respecto al ejercicio anterior fue del 7,5%, por encima del 3,5% del conjunto de la ciudad. Se puede decir así que se trata (o se trataba antes de la pandemia) de uno de los sectores más dinámicos.

En cualquier caso, como se apuntaba, el problema no radica solo en un trato injusto por parte de la Administración, sino en la escasa relevancia social y en la creencia de que las personas de la cultura han venido a este mundo a entretener, más que a trabajar.

Tanta culpa como los gobernantes que compran este argumento la tienen quienes difunden o consumen productos culturales pirateados. O también ese vecino o vecina que considera que su derecho al silencio absoluto prevalece por encima del derecho al trabajo de músicos y artistas de toda condición.

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