Cuando la mujer quiso ser Dios

Lot y sus hijas, Hendrick Goltzius, 1616 (detalle)

ABC PARA UNE

Cuando la mujer quiso ser Dios

El nuevo trabajo de Adelina Sarrión, «La tentación de ser Dios» (2020), reconstruye la legendaria historia de la Beata de Villar del Águila a través de los documentos de su proceso inquisitorial

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Criadas endemoniadas, mujeres poseídas que tienen visiones en el pecho de una beata, sacerdotes que creen firmemente que se encuentran ante la segunda venida de Jesucristo y que afirman que la carne de Isabel María Herraiz no era humana, autoridades eclesiásticas que declaran que «se había transubstanciado y era el mismo Jesucristo, por lo que merecía ser venerada y adorada como el Hijo de Dios», jóvenes frailes que confunden el coito con la beata con la comunión sacramental o paisanos que defecan en el edicto de condena, conforman una galería tal de aparentes desvaríos que los inquisidores conquenses resultan los más cuerdos en este enredo.

Villar del Águila, localidad conquense con apenas treinta vecinos, fue testigo de parte de la vida y prodigios de la beata recogidos por Adelina Sarrión en «La Tentación de ser Dios» (Universidad de Castilla La Mancha-Universidad de Cantabria, 2020). Los hechos adquirieron dimensiones tan delirantes que solo un libro de Historia que recoja los documentos originales y las palabras exactas es capaz de hacer creíble lo acontecido hace apenas doscientos años. Afortunadamente quedó una considerable documentación para que, como dijo Cela al principio de su viaje a estas tierras, «si ahora, al escribirlo, me caigo pintando atrocidades, iban a decir que exageraba y nadie me había de creer».

Cual Retablo de las Maravillas, orquestado por Isabel, con su criada Manuela Perea como maestra de ceremonias, todos creyeron ver a Jesucristo en el corazón de la beata en forma de Niño Jesús, y la reconocieron como enviada del Señor para reformar el mundo. Un surrealista beaterio real, inventado o soñado, en el que autoridades eclesiásticas, frailes y mujeres en busca de un chusco de pan creerán ver milagros, ser sometidas a los designios de los demonios o preparar el mundo para la segunda venida de Jesucristo en cuerpo femenino. Gentes de rodillas a su paso, endemoniadas cuyos demonios parecen actuar como liberadores del hambre y del patriarcado que las asfixiaba, vecinos que a grandes voces hacían actos de contrición, así hasta más de un centenar de personas en 1801 llegaron a acompañar en procesión a la beata en cada en sus trayectos a la Iglesia organizando espontáneamente un cortejo cada vez más numeroso.

Un mundo alejado de lo racional que se derrumbaba ante la llegada de la razón científica y en el que la beata Isabel Herraiz y su círculo de sacerdotes encarnarán «la versión más tradicionalista de la religión y la sociedad» buscando la regeneración del corrupto pueblo cristiano a través del regreso de Jesucristo, aunque paradójicamente en cuerpo de mujer. Una mujer con un gran poder de persuasión y mucha ambición que tratará de emular las glorias de los místicos de siglos anteriores a través de la materialización del amor espiritual en la unión sexual con algunos de sus frailes más cercanos, llegando a afirmar que cuando besaban en la boca a la beata «estaban purificando su lengua».

Sucesos asombrosos que acontecieron en apenas un intervalo de ocho años, entre el 13 de octubre de 1796 en el que la beata siente que Cristo se sitúa en su pecho, hasta que el 8 de marzo de 1804 un edicto de la Inquisición declara, con la beata ya fallecida, que su espíritu no fue bueno y que sus seguidores eran energúmenos fingidores sacrílegos. Unos años que conforman una narración apasionante preñada de jugosos personajes secundarios que orquestados por la batuta de Isabel alcanzan cotas sublimes de delirio. Como si de una trama novelesca se tratase, los textos originales de audiencias, actas inquisitoriales y citas textuales van dando forma a un relato que acaba trascendiendo la propia trama hasta ofrecer un retrato certero de una sociedad decadente, misógina, inculta y hambrienta que se resiste a la modernización y que vivirá inmediatamente la invasión napoleónica.

La doctora Adelina Sarrión, referente en el estudio de la relación siempre incómoda que mantuvo el Santo Oficio con el sexo femenino, es autora de obras clave para entender la historia de la Inquisición en España como «Beatas y Endemoniadas» (Alianza, 2003), «Sexualidad y confesión» (Ediciones de Castilla-La Mancha, 2010) o «El Miedo al otro en la España del siglo XVII», donde recupera el proceso inquisitorial contra el barbero francés Beltrán Campana por negarse a confesar y comulgar una vez al año. En «La Tentación de ser Dios. Vida y prodigios de la beata de Villar del Águila» (Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha, 2020) encontraremos un riguroso trabajo científico de apasionante lectura sobre uno de los últimos grandes fenómenos de beatería y sobre una figura clave para entender el tratamiento que daba la Santa Inquisición a «cuantas mujeres intentaron eludir el papel que tenían asignado».

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