Cuando Scotland Yard salía a cazar estrellas del rock

John Lennon y Yoko Ono abandonan los juzgados de Marylebone en Londres en octubre de 1968 tras la audiencia del juicio por posesión de drogas.

Parafraseando al poeta, su nombre envenenaba los sueños, los sueños de la gente guapa. Las estrellas del Swinging London estaban convencidas de que un hombre del saco iba tras su pista. Un policía que no fallaba: asaltaba tu domicilio y, si no encontraba material incriminatorio, Norman Pilcher hacía que, abracadabra, apareciera alguna substancia prohibida. En 1967, salió la alucinada I Am The Walrus, donde John Lennon se burlaba de un tal “Semolina Pilchard”. En ese momento, los Beatles se creía…

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