Diez años de la prohibición taurina en Cataluña, primer pulso del independentismo

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El 25 de septiembre de 2011 se cerró el cerco que el poder nacionalista comenzó a urdir contra la Tauromaquia tras la llegada de CiU a la Generalitat en los años ochenta. En aquella tarde otoñal se cumplía la sentencia abolicionista aprobada por el Parlament en julio de 2010. Se olvidaron de toda la carga antropológica del toro en el Mediterráneo, de que Cataluña ha sido un bastión importantísimo en la Historia del Toreo, que es por tanto Historia de Cataluña. Podrá gustar o no; pero es innegable que nadie podrá borrar de un plumazo todo lo que Cataluña ha aportado a la Fiesta, todo lo que ha quedado escrito en la arena de sus plazas de toros. Fue la lucha identitaria contra todo podía ser identificado con España, para algunos, la abolición de las corridas de toros significó el primer 1 de octubre, el primer pulso independentista.

«Renegar de tus antepasados es renegar de tu propia sangre», aseguró Luis María Gibert, un romántico que dejó su vida en la lucha por recuperar las corridas de toros. El Constitucional revocó la prohibición y aunque la propiedad de la Monumental de Barcelona no dará toros, «de momento», una legión de aficionados mantiene el sueño de romper el cerco impuesto.

Podrán dejarse de dar toros en el coso de la capital catalana, podrán consumar la prohibición, aunque sea al margen de la ley; podrán airear la abolición como victoria de no sabe qué derechos, podrán mantener cerrado el cerco a la Tauromaquia, pero lo que no podrán conseguir nunca es que miles de catalanes dejen de sentirse aficionados a una manifestación cultural única.

La sentencia del Tribunal Constitucional de octubre de 2016, que anulaba la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, renovó las ilusiones de los aficionados, que veían más cerca poder volver a ocupar los tendidos de la plaza Monumental de Barcelona. La sentencia tardó seis años en llegar y abría la puerta a recobrar la libertad, cercenada políticamente, de acudir a los toros.

La resistencia que ha mantenido viva la llama de la Fiesta en estos años de prohibición sueña con volver a ser libre y llenar de nuevo a los tendidos de la Monumental

Así, la resistencia numantina a favor de la Fiesta, que ha mantenido viva la llama de la Tauromaquia y ha aglutinado en estos años de prohibición a miles de aficionados que soñaban con volver a ser libres, celebró con alegría la respuesta del Constitucional, si bien el horizonte dejaba entrever que el camino final hasta la Monumental no iba a ser fácil.

Se intuía una dura batalla administrativa, pues la Generalitat no iba a facilitar el paso a la hora de conceder los permisos necesarios para volver a dar una corrida de toros en suelo catalán. Las altisonantes soflamas que salían de la plaza de Sant Jaume -tanto del Palau de la Generalitat como del cercano Ayuntamiento de Barcelona- con la advertencia de que los toros nunca volverían a la Ciudad Condal, auguraban una nueva batalla, aunque esta vez con la ley del lado de los aficionados. A nadie se le escapaba la endiablada situación política, con un incumplimiento sistemático de resoluciones judiciales, en donde la sentencia del Tribunal Constitucional iba a ser considerada como un ataque a Cataluña. Y tampoco quedaba a un lado que al final de todo estaba la voluntad de la propiedad de la plaza de la capital catalana, la empresa Balaña, el Grup Balañá, heredera en su tercera generación de una de las organizaciones empresariales más importantes de la Historia del Toreo y propietaria de un imperio de cines y teatros en Barcelona.

Organizaciones animalistas

Y ha sido precisamente el tercer Pedro Balañá el que en unas escuetas palabras con los representantes de la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña, resolvió las dudas. Ni su empresa ni otra a través de una concesión o alquiler va a organizar una corrida de toros en la Monumental, «de momento». Y es que la situación «política, social y jurídica» no aconseja entrar en conflicto a quien tantos intereses económicos tiene que proteger. De esta manera tan sencilla, el tercero de los Balañá ha resuelto el conflicto. No es no. Ni un quebradero de cabeza para la Generalitat ni tampoco para el Ayuntamiento, que declaró ya en 2004 a Barcelona ciudad antitaurina, ni para las organizaciones animalistas que estaban preparando ya toda su artillería de guerrilla callejera por si los carteles anunciando una corrida de toros volvían a colgarse en las paredes…

 A nadie se le escapaba que en la endiablada situación política, con un incumplimiento sistemático de resoluciones judiciales, la sentencia del Constitucional, anulando la prohibición de las corridas de toros, iba a ser considerada como un ataque a Cataluña

Los aficionados, que en todo este proceso de lucha por la Fiesta se han encontrado solos, huérfanos del calor del sector taurino -grandes empresarios y figuras del toreo, principalmente-, sienten ahora una profunda frustración por la decisión del tercer Balañá. No entienden su falta de valentía para plantar al menos la batalla que hiciera honor a toda su historia, a todo lo que del toro ha recibido su familia.

La decisión fue considerada por los aficionados como una gran traición. Una traición a su propia familia, a la Fiesta y a la afición, un puntillazo a quienes durante cien años llenaron los tendidos de la Monumental en donde se ha escrito una parte importante de la Historia del Toreo, que es también, mal que le pese a toda la Cataluña feliz, Historia de Cataluña.

Las muchas reacciones que tuvo el «No es No» de Balañá entre los aficionados, contrastaron con el silencio casi sepulcral de todo el entramado taurino. No entienden la reacción final de la propiedad de la Monumental de rendirse a los intereses políticos y económicos, por muy legítima que esta sea. Aunque bien es cierto que los Balaña, los herederos de aquel don Pedro que hizo de la Monumental la primera plaza de toros del mundo, se plegaron siempre a los intereses nacionalistas.

El heredero de una de las organizaciones empresariales más importante de la Historia del Toreo no dará toros «de momento»: la situación «política, social y jurídica» no aconseja entrar en conflicto a quien tantos intereses económicos tiene que proteger

En julio de 2010 culminaba en el Parlamento catalán, con la prohibición de las corridas de toros, el acoso a la Tauromaquia urdido por el nacionalismo imperante de CiU, que vio en los toros algo ajeno a Cataluña. «Franquista y para turistas», fue la simpleza empleada por la cultura convergente para comenzar a estrechar un cerco que ha acabado con la imponente plaza de toros de Barcelona vacía y muda por decisión empresarial, pese al respaldo del Tribunal Constitucional a la Fiesta.

Pero cómo olvidar la historia, las tres plazas de toros en pleno funcionamiento que tuvo Barcelona, o las más de setenta tardes que toreó Manolete. Cómo olvidar que en la Monumental hicieron historia Joselito y Belmonte, Pepe Luis y Domingo Ortega, o el fenómeno sociológico que supuso Chamaco, y las últimas tardes de pasión que protagonizó José Tomás…

Sobre el futuro del coso no han cesado los rumores desde hace años. Que si mezquita, que si centro cultural, que si galería comercial, que si equipamiento social… La realidad es que los once mil metros cuadrados que ocupa en plena Gran Vía barcelonesa y su valoración por el sector inmobiliario de al menos cincuenta millones de euros, le hacen ser un bien preciado y deseado. Por ahí se puede empezar a buscar respuestas.

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