Dime cómo dibujas y te diré cómo te sientes: ¿por qué en el confinamiento las figuras humanas se pintan a la izquierda?

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«Dime cómo dibujas y te diré cómo te sientes». La grafóloga Macarena Arnás disecciona las almas y desvela los sentimientos más profundos en tiempos de pandemia. A través del dibujo. Tan sencillo y tan difícil a la vez. Un simple trazo o la selección de un color le sirven a esta experta en técnicas proyectivas gráficas para descubrir lo más íntimo del ser humano durante el confinamiento que dejó una huella en la vida de todos.

¿Por qué las figuras se han pintado especialmente a la izquierda? ¿Por qué muchos rostros aparecen sin boca? ¿Por qué las manos apenas se entrelazan? ¿Por qué se usa el color azul? ¿Por qué los zapatos acaban en forma de punta? Cada dibujo tiene una explicación y cada trazo simboliza una emoción.

Si la ilustración es una magnífica herramienta de autoconocimiento, en su nuevo libro, ‘Dibujos en tiempos de pandemia. Los efectos del confinamiento’ (Guía de burros), Arnás evalúa la personalidad y la proyección de aquellos que se refugiaron en el papel y los lápices para sobrellevar el encierro. Son muchos los aprendizajes que atesora su obra: «Los niños han sido grandes maestros que nos han enseñado a tener una actitud optimista cuando las cosas se tuercen. En cuanto a los adultos, he encontrado una mayor inadaptación, pero en casi todos sus dibujos reflejan esperanza».

En este dibujo de Nora, una niña de once años, se ve la falta de contacto social al dibujar a dos personas distanciadas que no se dan la mano. Aparece el lema de ‘yo me quedo en casa’, ejemplo de concienciación y adaptación social

Para los padres este libro puede servir de guía para conocer cómo se sienten los más pequeños de la casa. «Dibujar la figura humana en el centro, a la derecha o a la izquierda, al igual que en el dibujo del árbol y de la casa, nos indica el nivel de sociabilidad», escribe Arnás. Y explica que si una persona se dibuja en el centro indicaría «necesidad de control y equilibrio». A la izquierda, señalaría un «carácter nostálgico y reservado». En cambio, a la derecha, significa «extroversión y apertura». «En los dibujos realizados en tiempo de pandemia predominan las figuras humanas ubicadas a la izquierda o mirando hacia la izquierda, lo cual manifiesta apego a la zona de confort y sentimientos de nostagia», relata la autora, licenciada en Derecho y perito calígrafo.

Macarena Arnás
Macarena Arnás – ABC

Otro dato curioso en el caso de los niños es la tendencia a dibujarse con menos edad: «Se proyectan a edades inferiores de lo que les corresponde, lo cual refleja que el niño siente la necesidad de volver atrás y añora momentos de su pasado».

El dibujo de mascarillas se ha extendido también, «como expresión consciente de la realidad a la que nos enfrentamos». Ahí se mezclan la rabia y la impotencia. También la omisión de algunos rasgos faciales es significativa. Niños y adultos abrochan los ojos a los protagonistas de sus dibujos, «en una tendencia a evadirse de los problemas y la realidad». Hay rostros sin boca, que revelan «la impotencia para comunicar y la falta de libertad para manifestar sus ideas».

Interpretación de los signos gráficos

Cada signo gráfico refleja un sentimiento distinto. Así, según expresa de modo claro y con ejemplos en esta útil obra, en cada uno de los garabatos se aprecia el estado de ánimo de cada uno de los autores. Las figuras en movimiento y los tachones expresan ansiedad; los zapatos en forma de punta y la combinación del rojo y el negro denotan agresividad; los árboles con frutos caídos y los ojos cerrados vislumbran angustia; la indecisión se ve en el cabello despeinado y las nubes; el uso excesivo del color azul claro o la tendencia o ocupar el lado izquierdo simbolizan la melancolía; los ojos muy grandes o las mirillas en la puerta demuestran la curiosidad del dibujante.

Son muchos los sentimientos que un solo garabato dice. Mucho más que palabras. El miedo, tan presente durante el Covid, aparece en los dibujos donde se abusa del color negro, en las puertas con cerrojos, en los caminos con piedras, en los trazos con temblores o en los escritos que piden auxilio. No son ‘El grito’ de Munch, pero son gritos donde se reúnen todos los sinónimos de temor. Temor a lo desconocido, temor a la falta de libertad, pavor a la muerte…

‘Manipolazioni’ (Manipulaciones), de Marco Baroncini. Explica Macarena Arnás que «las manos simbolizan el contacto social, por lo que es una expresión consciente y directa del papel que ha jugado el hombre en la propagación y manipulación del virus. Es una crítica social sobre el arte y el comportamiento humano pasando por la religión»

No faltan los dibujos que son un canto a la esperanza, con su formas curvas, con sus rostros alegres, con el uso de colores verdes y azulados. Ni el espíritu rebelde de las formas angulosas y los trazos presionados.

Hay pinturas generosas y otras con el egoísmo campando a sus anchas sobre papeles que primero fueron blancos. Las figuras cerradas, la tendencia a ocupar todo el folio y las formas extravagantes son una señal de la parte más egoísta del ser humano; en cambio, su lado generoso y solidario se presiente en las figuras que se dan la mano, en los dibujos de corazones, en el uso del rosa y le verde, en los brazos abiertos o en los homenajes al personal sanitario.

Ilustración de la artista Ana Cantalapiedra. «Llama la atención el cuello largo, signo de sensibilidad y sublimación del instinto. El color verde de la mascarilla compuesta por plantas es un reflejo consciente de la necesidad de culminar con la etapa en la que nos encontramos y alcanzar madurez, pero sin perder la esperanza. La omisión de los brazos ha sido frecuente en los dibujos realizados durante la pandemia por esa falta de contacto social», analiza Arnás

En el didáctico ‘Dibujos en tiempos de pandemia’, Macarena Arnás explica que, a través de las técnicas proyectivas gráficas, también se conocen «la personalidad, el estado emocional, la creatividad, la sexualidad, las habilidades sociales y la relación con la familia». Y va más allá: se observa «la imagen que proyectamos y la imagen que queremos proyectar».

La joven escritora reflexiona en el epílogo sobre las enseñanzas del Covid: «La vida es un continuo vaivén, un camino en donde nada es eterno y todo es impredecible». Y ahonda: «Nos ha dado un escarmiento disfrazado en ese tiempo tan necesario para reflexionar y adentrarnos en nuestros mayores y profundos sentimientos. Si algo he aprendido escribiendo este libro es que la verdad nace del corazón, y que para poder entenderla es necesario empatizar con la humanidad».

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