Don Giovanni se quita la mascarilla

Las expectativas puestas en el Don Giovanni del Liceu son elevadas. La primera ópera escenificada que se celebra en Barcelona desde el confinamiento, que además es la que inaugura oficialmente la temporada del Gran Teatre, tiene lugar en medio del cierre de restaurantes y bares al que obliga la pandemia del coronavirus en Catalunya. Y si la cultura se salva del cierre, tendrá que demostrar que está a la altura de las circunstancias y que realmente merece la pena.

En este sentido, el Liceu ha hecho los deberes. Los cuatro especialistas en Mozart que protagonizan este título forman un reparto de campanillas: el barítono Christopher Maltman promete ser un Don Giovanni sanguíneo a la vez que decadente, pues este montaje que llega de la Ópera de Frankfurt y que firma Christof Loy, convierte en antihéroe al seductor compulsivo, aportando una nueva mirada y profundidad psicológica al personaje.

Una escena tomada durante un ensayo de esta puesta en escena con decorados y vestuario tradicional.  De izda a derecha Miah Persson (Donna Anna) , Christopher Maltman (Don Giovanni), Veronique Gens (Donna Elvira) y Leonor Bonilla (Zerlina)
Una escena tomada durante un ensayo de esta puesta en escena con decorados y vestuario tradicional. De izda a derecha Miah Persson (Donna Anna) , Christopher Maltman (Don Giovanni), Veronique Gens (Donna Elvira) y Leonor Bonilla (Zerlina) (Llibert Teixidó)

Le acompañan las sopranos Miah Persson y Véronique Gens, la primera de ellas debutando en el papel de Donna Anna, pues se trataba de las dos cantantes presentes en la producción cancelada de Dialogues des Carmélites de Poulenc, de manera que siendo ambas son expertas en el personaje de Donna Elvira, se le propuso a Persson si se atrevía con el de Anna. La respuesta, después de pensarlo durante un par de horas, fue afirmativa.

Y por último el bajo-barítono Luca Pisaroni, un valor seguro de las temporadas del Liceu, interpreta al sirviente de Don Giovanni, Leporello, quien trata de poner constantemente cordura ante las desmesuras del libertino desenfrenado.

Josep Pons, director musical del teatro, se pone al frente de una Simfònica del Liceu un poco más diezmada de lo normal en este Mozart a fin de mantener las distancias entre músicos. Incluso el clavicémbalo de Dani Espasa ha sido enviado al palco, “como si estuviera situado en una habitación propia con lo cual se oye algo más amortiguado”, explica Pons. Aún así, su performance promete sonar ligera, alegre y dramática según corresponda.

De izquierda a derecha, el director artístico del Liceu, Víctor García de Gomar; el escenógrafo repositor, Axel Weidauer; los cuatro intérpretes principales del 'Don Giovanni' --Pissaroni, Maltman, Persson y Gens-- y el director Josep Pons
De izquierda a derecha, el director artístico del Liceu, Víctor García de Gomar; el escenógrafo repositor, Axel Weidauer; los cuatro intérpretes principales del ‘Don Giovanni’ –Pissaroni, Maltman, Persson y Gens– y el director Josep Pons (GTL)

Hasta aquí no parece que haya grandes inconvenientes. Ahora bien, la necesidad de adecuarse a los nuevos horarios de cierre marcados por las autoridades sanitarias obliga a finalizar la función a las 23 h, lo cual ha supuesto aplicar ciertos recortes en la partitura, amén de dejar reducido el entreacto a 20 minutos, lo cual no supone un gran cambio dado que el servicio de catering ha tenido que ser suprimido.

¿De cuánta música estamos hablando y de qué partes concretamente? Son diez los minutos que se sacrifican de esta segunda versión de Don Giovanni que Mozart revisó para su representación en Viena, al año siguiente de estrenarla en Praga (1787). El genial compositor recortó unas partes y las sustituyó por otras, pero justamente son estas nuevas composiciones las que acaban diezmadas en esta versión ajustada a los nuevos horarios fijados por el Procicat. A las once el público debe abandonar la sala.

El Liceu recorta diez minutos de música –incluida el aria “Mi tradì” de Donna Elvira– para poder acabar a las 23 h y cumplir el horario fijado por el Procicat

Ese diálogo alternativo de Zerlina y Leporello, por ejemplo, “que normalmente no se hace”, apunta el director artístico del Liceu, Víctor Garcia de Gomar, más el recitativo que le sigue. Pero también -ojo- la bella aria “Mi tradì quell’alma ingrata” de Donna Elvira que va a continuación, un momento estelar de esta ópera que sin duda el público aficionado echará en falta. Claro que después de una pausa larguísima y de meses sin subir a un escenario de ópera, cualquier soprano podría estar agradecida de escapar de la dificultad de este aira…

“Es un aria que Mozart añade en su segunda versión y que si la quitamos la trama no se resiente”, apunta Pons, quien por otra parte asegura que dada la reducción de la orquesta a la que obliga la Covid-19, la opción estilística de este Don Giovanni se aproximará a la de un Mozart con instrumentos originales del periodo histórico.

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