Dos orejas al temple de Álvaro Lorenzo en Úbeda

El diestro toledano firma una seria actuación ante un noble toro de Garcigrande

Hace más de cien años Antonio Machado residía en Baeza y recorría los campos de Jaén escribiendo: «Cerca de Úbeda la grande,/cuyos cerros nadie verá,/me iba siguiendo la luna/sobre el olivar./Una luna jadeante,/siempre conmigo a la par». Gracias a la gira organizada por la Fundación Toro de Lidia y hecha viable gracias a Canal Toros de Movistar Plus, los amantes de los toros estamos viendo esos cerros, alimentando nuestra afición. También hay quien gasta toda su energía en desacreditar esta gira, que no es la panacea pero que crea dónde no hay y que se ha echado hacia delante con el esfuerzo de toreros, ganaderos, empresarios y el resto del personal fundamental para la celebración de estos 21 festejos. A todos ellos les responde Machado a través del tiempo: «Es propio de mentes medianas embestir contra todo aquello que no les entra en la cabeza».

En Úbeda paró la gira de la Fundación Toro de Lidia en su tercer festejo. Álvaro Lorenzo con la hierba en la boca. La faena de la tarde fue del joven toledano al primero de su lote, un toro de Garcigrande precioso. Acodado, enseñando las palas. Suelto de salida, que iba y venía, pero cada vez que se encontraba la seda del capote de Lorenzo. El vuelo salía de entre las piernas del torero para coger la embestida y llevarla con suavidad. El inicio de la faena tuvo impacto; de rodillas con un afarolado. A continuación, unos muletazos pasando muy cerca y, de pronto, un natural lento y erguido antes de ponerse en pie. La infinita nobleza del toro tuvo el defecto de salir con la cara alta de los muletazos. Lorenzo supo aprovechar con limpieza, ligazón y ritmo las embestidas. Especialmente embrocadas por el pitón izquierdo. La estocada en lo alto coronó una actuación impecable (dos orejas).

Mucho sitio mostró con el toro que cerró la tarde, un toro que no se definió en los primeros tercios. Lorenzo buscó la cercanía para poderlo y manejarlo a placer sin que el toro diera mayores problemas. El toro tuvo ritmo que se vislumbró en derechazos con buen trazo. Marró con el acero (saludos).

El Juli se enfadó mucho consigo mismo al fallar con la espada en el segundo de su lote. Antes se había impuesto a un desclasado toro que se dejó sin más. Una faena más redonda fue la firmada en el que abrió la tarde, un toro con humillación y buen fondo. Algunos pasajes tuvieron tanto relajo como el saludo capotero, otros en cambio, en esa línea tan perseguida por la figura madrileña de arrastrar más de la mitad de la muleta antes de citar al toro de menor trapío dentro de la aceptable presentación del conjunto. Con el descabello no estuvo atinado (saludo en ambos).


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