Dottoressa Montessori

Maria Montessori no empezó con niños “a la carta”. Inició su proyecto pedagógico con los niños del manicomio de Roma y otros catalogados como “inútiles, incapaces de aprender”. Después dirigió un parvulario en San Lorenzo, uno de los barrios más pobres de la ciudad. Pronto, el fenómeno del llamado “milagro de San Lorenzo” se fue extendiendo por el resto del país, y el método Montessori se hizo enormemente popular, generando centros guiados por su filosofía en todo el mundo.

Fue una de las primeras mujeres que ejerció la medicina en Italia con su carrera a cuestas. Pero se la conoce, sobre todo, por ser la precursora de un método de enseñanza que influenció a generaciones enteras de maestros y pedagogos. Este año, en el 150 aniversario de su nacimiento, el II Congreso Internacional Montessori, un evento on line, logró reunir a más de 50.000 personas. Sus enseñanzas, vigentes como nunca.

Maria Montessori, nombrada  Doctora honoris causa por la universidad holandesa de  Durham,
Maria Montessori, nombrada Doctora honoris causa por la universidad holandesa de Durham, (Bettmann / Getty)

El lunes se cumplieron 150 años de su nacimiento en Chiaravalle, Italia, y para conmemorarlo varias editoriales publican textos alrededor de la figura de Maria Montessori (1870-1952). Biografías, reediciones de textos suyos, cuentos que introducen a los más pequeños en su mundo. La mayor parte ya están a disposición del lector.

Su método, el método Montessori, nació como una necesidad de dar educación a niños y niñas de barrios marginales que la sociedad de la época olvidaba. Le dio la vuelta a la enseñanza. “Se calcula que en la actualidad hay 25.000 escuelas Montessori en el mundo”, detallaba Miriam Escacena, coordinadora del congreso y defensora de una educación integral frente a la estrictamente académica.

Su método se resume en la frase “enséñame a hacerlo solo”: confiar en el alumno y detectar lo que a él le interesa antes de lo que “debería” aprender

Ya comprometida con la causa de la escolarización universal, en 1896 Maria Montessori obtiene el título de doctora en Medicina por la Universidad de Roma. Durante los años de facultad no le permiten entrar en el aula hasta que el resto de sus compañeros varones estén cómodamente sentados. Paralelamente forja esa metodología pedagógica que se convierte en una de las más relevantes del siglo XX. Sus fundamentos se encuentran recogidos en La mente absorbente del niño.

“Enséñame a hacerlo solo” es el lema esencial que acompaña a toda la filosofía Montessori. Muchas escuelas adoptaron ese método –hoy en 140 países– que apostaba por centrarse en la actividad autónoma del niño y la observación clínica por parte del maestro. Implica confiar en el alumno y detectar lo que a él le interesa antes de lo que “debería” aprender. Programar menos, aprovechar el azar, los productos de proximidad o un día de lluvia.

A pesar de la popularidad de su modelo didáctico, muy poca gente conoce la peripecia vital de la mujer que lo creó, hace ahora más de un siglo. Que a los 13 años empieza sus estudios en la Regia Scuola Técnica Michelangelo Buonarroti y para entonces no es una alumna de sobresaliente. No, al menos, académicamente competitiva. Después, la sed de conocer la atrapa. Con 28 ya es directora de la Escuela Estatal de Ortofrenia y en 1949 la nominan al premio Nobel de la Paz

La ilustre pedagoga  con un grupo de alumnos en la una escuela de Acton, en Londres
La ilustre pedagoga con un grupo de alumnos en la una escuela de Acton, en Londres (Kurt Hutton / Getty)

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De niña, su primer sueño fue ser ingeniera, lo que le valió la primera bronca con su padre, de formación militar, que le pediría perdón muchos años después. Hija única, Maria sólo contó con la ayuda y la aprobación de su madre, una mujer autodidacta a la que le gustaba leer.

Se sabe que, en el año 1916, Maria Montessori recala en Barcelona para abrir un centro. Durante veinte años esta ciudad será el hogar al que regrese después de cada viaje. Pero, en 1936, con el estallido de la Guerra Civil y huyendo de Franco, Maria deja Barcelona para refugiarse en Inglaterra y después en Ámsterdam. Morirá el 6 de mayo de 1952 en Noordwijk aan Zee, en los Países Bajos.

Con una biografía ilustrada, Maria Montessori, una vida para los niños , la editorial Bruguera nos acerca a una mujer que revolucionó la forma de educar en todo el mundo. El libro está escrito por Magela Ronda e ilustrado por Leire Salaberría.

En el año 1916, Maria Montessori recala en Barcelona para abrir un centro. Durante veinte años esta ciudad será el hogar al que regrese después de cada viaje

Llegan también textos que escribió la propia Maria Montessori. Por la causa de las mujeres (Altamarea) ofrece páginas –traducidas por primera vez al español– que desvelan una de sus facetas menos conocidas: la causa feminista. Son nueve textos donde defiende un modelo de “mujer nueva” como testimonio de los primeros pasos de la emancipación femenina en Europa. El pequeño Montessori (Ariel), de Simone Davis, aporta un manual.

“¿El glorioso misterio de la igualdad universal excluye acaso a la mujer?, se pregunta. “Cuando se habla de los derechos y los deberes de los seres humanos, la igualdad no debe ser solo un absoluto categórico; o mejor dicho, no puede ser tan solo eso. No puede seguir siendo una mera idea”, apunta.

También la editorial Lumen se añade a la lista de novedades con El niño es el maestro. Vida de Maria Montessori, de Cristina de Stefano, una apasionante biografía que desmiente bulos y profundiza en temas ocultos. Su hijo secreto, por ejemplo. A los 28 años Maria quedó embarazada de Giussepe –compañero y director del manicomio de Roma– pero sabía que ser madre soltera sería un oprobio que arrasaría con su carrera de médica. Se negó a abortar pero accedió a que el niño fuera criado en casa de la familia Montesano, en el campo, en las afueras de Roma. Giussepe y Maria habían acordado no casarse con nadie jamás, pero él incumplió pronto su juramento y, por ley, la apartaron de su hijo.

A los 28 años quedó embarazada pero sabía que ser madre soltera sería un oprobio que arrasaría con su carrera de médica. Accedió a que el niño fuera criado en casa de la familia Montesano, en el campo.

Cuando el niño, Mario, cumplió quince años, fue en busca de su madre. “En ese momento, fue a buscarle, de manera muy aventurada. Se trató casi de un secuestro, de acuerdo con el chico, quien estaba estudiando en un internado. Y, a partir de entonces, nunca más se separó de él, a quien presentaba como su sobrino adoptivo y a quien nombró como su heredero universal”, explica para La Vanguardia Cristina de Stefano.

Huye de la hagiografía y desvela la fuerte personalidad de la pedagoga, tan carismática como polémica. Aclara su colaboración con corrientes fascistas y resume así la esencia del sistema Montessori: confiar en el niño, en su capacidad de resolver las cosas antes de pedir ayuda a sus mayores. Dejarle ser, darle a cada uno su tiempo y su espacio…

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