Eduardo Mendoza recibe el premio Barcino

No se pudo privar. Ayer, en la primera jornada del festival Barcelona Novel·la Històrica, cuando Eduardo Mendoza recibió el premio Barcino, quiso formular los agradecimientos que hace la gente cuando recibe un galardón y cita a toda su familia y amigos. Estábamos avisados. En el Born o conectados por streaming –“los amigos invisibles”, en palabras del autor–, los espectadores tuvieron que aguantar la retahíla de agradecimientos que Mendoza quiso dar, porque los premios “ayudan a soportar la soledad del escritor”.

Consciente de que sería “un rollo”, empezó: “Con la novela he sido feliz dos veces: escribiendo e investigando”. Y a continuación dio las gracias a las bibliotecas, la de Nueva York, la de Londres y, en especial, a la Biblioteca de Catalunya, “que antes era la Biblioteca Central”, y aunque está convencido de que no irá al cielo, espera que “el cielo sea una biblioteca”.

Aunque el escritor está convencido de que no irá al cielo, espera que “el cielo sea una biblioteca”

Los segundos familiares a quienes Mendoza quiso dedicar el premio fueron los archivos fotográficos y las hemerotecas, que en el caso de Barcelona no podía ser sino la del Ardiaca . Y aquí se acabó la larga lista de agradecimientos con que había amenazado a los asistentes, lanzando una petición a las autoridades para que “estas instituciones sigan existiendo, porque conservan realmente la historia de la ciudad”.

De hecho, esta es la chispa que encendió su pasión por la historia de la ciudad, que no es la historia oficial de “datos y fechas un poco muertas”, que comparó con la foto oficial del DNI. Mendoza tenía curiosidad por saber cómo se había formado la personalidad de esta sociedad donde él ha vivido: “¿Dónde están las personas? ¿Cómo eran, dónde vivían, qué comían, como vestían?” Y así es como escribió no una novela sino unas cuantas, “para contar la historia de la ciudad a través de las personas”. Y confesó: “Después de publicar La ciudad de los prodigios, la ciudad se volvió prodigiosa”.

El escritor Eduardo Mendoza y la alcaldesa Ada Colau en el momento de la entrega del premio Barcino
El escritor Eduardo Mendoza y la alcaldesa Ada Colau en el momento de la entrega del premio Barcino (Ana Jiménez)

Escribió no una novela sino unas cuantas, “para contar la historia de la ciudad a través de las personas”

“La ficción –continuó– no solo nos permite saber lo que pasó, también nos permite participar un poco en ello. A veces, para poner un dato real, he tenido que inventarme otros para hacerlo verosímil”. Y consideró que “la gran novela de Barcelona no existe y tampoco la necesita”.

Para Mendoza, “Barcelona es una ciudad que se ha de inventar constantemente, porque está aquí como podría estar en cualquier otro lugar; no tiene un puerto natural como Amsterdam… Yo solo he querido saber de dónde veníamos y por qué los catalanes tenemos este sentido del humor tan especial”. Un humor socarrón marca de la casa.

En presencia de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau; el comisario de Barcelona Novel·la Històrica, Fèlix Riera ; y el glosador del galardonado, el profesor Javier Aparicio , el premio se entregó en el Born Centre de Cultura i Memòria, donde se celebrarán las sesiones del festival que se emitirán por streaming.

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