Eduardo Torres-Dulce: "La Transición tuvo mucho de western"

El que fuera fiscal general del Estado, ‘fordiano’ confeso, publica ‘El asesinato de Liberty Valance’, un homenaje al clásico de John Ford que aún nos…

Un día le preguntaron a Welles por los mejores directores de la historia. El cineasta contestó lo mismo que otros muchos mortales: «John Ford, John Ford y John Ford». En efecto, los fordianos no dudan; disparan hasta tres veces si es preciso; si les dejaran, irían con un parche en el ojo como aquel (o a caballo como John Wayne); y existen desde tiempo inmemorial tanto en Hollywood como en Madrid. Uno de nuestros confesos es Eduardo Torres-Dulce (Madrid, 1950), fiscal general del Estado con Rajo

y y crítico cinematográfico. El abogado todavía recuerda aquella navidad de 1962 en que tenía 12 años y acudió al cine Bilbao para ver una película que le cambió la vida. Una vez. Y otra. Y otra más. Hoy, Torres-Dulce te reconoce que son incontables las ocasiones en las que ha entrado allí, en que viajado a Shinbone, en que se ha agachado a recoger un bistec, en que se ha cruzado con Lee Marvin y su banda de forajidos.
-¿Estás buscando problemas, Doniphon? -¿Quieres ayudarme a encontrar algunos?
El diálogo es de
El hombre que mató a Liberty Valance
, un western noir con cosas de Proust y de Shakespeare al que ahora homenajea Torres-Dulce en su libro
El asesinato de Liberty Valance
(Hatari Books). La ley, la democracia primigenia, la vida de la frontera, el acoso a la prensa, la mala educación, todas esas cosas del Salvaje Oeste que nos atañen hoy.

¿Por qué este western?
Forma parte de lo que fue mi educación sentimental. Es lo que el maestro Garci llama una vida de repuesto. No he encontrado mejor definición de cine que esa. En aquella España, el cine te ofrecía una ventana abierta a la fantasía. Y los western tenían una especial significación: los héroes, las heroínas, las aventuras, una serie de valores.
Para mí, Ford es eso que decía Welles: un poeta y un comediante.
¿Qué enseña la película?
Habla de cómo se forma una comunidad que está en el concepto de frontera y necesita avanzar hacia la civilización. En ese paso se pierden cosas: la esencia del aventurero, donde cada uno arregla sus propios problemas.
Es una comunidad que se pone en marcha pero de la que están excluidos hispanos, negros y mujeres.
El que transforma todo es un tipo del este, un forastero [Stewart], no es alguien de Shinbone. Un tipo que además piensa que el derecho es la medida para organizar la convivencia. La pregunta es casi filosófica:
qué dosis de violencia hace falta para cambiar las cosas.
Acudir a la Ley o ser la Ley. Hacer como Stoddard (James Stewart), el joven abogado, o hacer como Doniphon (John Wayne), el héroe de un tiempo que se va.
El que cambia todo en Shinbone es el abogado. Pero el líder natural es Doniphon, es el que se mueve dentro, pero ese inevitablemente se tiene que quedar atrás, es el personaje fordiano por excelencia. La tragedia que pende sobre la película es que al abogado no le queda más remedio que aceptar lo que no quiere aceptar: un duelo en la calle.
¿Algún paralelismo con España?
La Transición tuvo mucho de
western
.
A partir del 75, con la muerte de Franco, lo que se planteaba era ruptura o reforma.
Aquello, como en Shinbone, fue pasar de una situación de frontera a una de civilización.
¿Quién fue Stoddard?
Suárez.
¿Quién Doniphon?
Uf… Reparte entre don Juan Carlos y Fernández-Miranda.
¿Y Valance?
Los ultras del 23-F.
¿Puede la violencia ser la antesala de algo bueno?
Nunca.
En la película sí lo es: el mal se acaba porque matan al villano.
No. Yo creo que el cambio en Shinbone habría sido inevitable. Esa es la lucidez de Doniphon (Wayne): él sabe que aquello va a cambiar. Cuando alguien que viene del este empieza a exigir orden, seguridad jurídica y leyes… Eso no lo paras con un pistolero como Valance. Es verdad que la ley siempre exige una dosis de violencia, de compulsión. Todos los cambios revolucionarios han comportado violencia.
La revolución francesa fue un baño de sangre, pero puso los pilares de derechos individuales que han llegado hasta hoy.
Usted tiene nietos. Ha citado la educación.
Por utilizar el título de Garci, es la asignatura pendiente. Stoddard (Stewart) cree que es importante la educación, por eso escribe en la pizarra:
«La educación es la base de la ley y del orden».
Para que una sociedad avance necesita de todos, y eso sólo se logra con la educación. Educar para qué: para crear ciudadanos libres. Tenemos ciudadanos muy mal educados.
¿Dónde queda Shinbone hoy?
Allí donde haya una comunidad que piense que el derecho no se respeta y que los poderosos se imponen a la ciudadanía.
¿Malos tiempos para un sherif?
Los tiempos de la justicia siempre son conflictivos. Es el baluarte donde se estrellan los conflictos sociales. Hay una pulsión presente en todo el mundo: el gran déficit de las sociedades civilizadas es cómo canalizar la participación popular en las instituciones. Ahí los partidos políticos han dejado de ser transmisión.
Cuando se dice «no nos representan», ¿entonces qué nos va a representar?
¿Iba con los indios o con las vaqueros?
Con los vaqueros. Pero al crecer tuve la oportunidad de ver cómo vivían los navajos en las reservas en el suroeste. Ahí te das cuenta de la enorme injusticia que conllevó la colonización.
¿Qué habría hecho usted con Valance?
Uno, románticamente, se pone en la situación de Doniphon (Wayne). Todos queríamos ser John Wayne de pequeños. Pero, como abogado, probablemente habría hecho lo de Stoddard.
Entonces le habrían matado.
?

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