Eels: "Soy como el payaso que ha pasado por tiempos difíciles pero aun así luce una pequeña sonrisa

La música de <strong>Mark Oliver Everett </strong>(Virginia, EEUU; 1963) es tan cálida y acogedora que dan ganas de arroparse con ella y no salir de…

La música de Mark Oliver Everett (Virginia, EEUU; 1963) es tan cálida y acogedora que dan ganas de arroparse con ella y no salir de la cama. Sus elegantes canciones, que del rock y el pop han pasado a ser herederas de la mejor tradición del singer songwriter americano, provocan una sensación parecida a la de ver a un payaso triste que, contra viento y marea, logra esbozar una sonrisa.

Esa es precisamente la imagen con la que se presenta ‘Earth to Dora’ (PIAS), decimotercer álbum de estudio del líder y único miembro estable de Eels. O simplemente, E. Lacónico y lúcido a partes iguales, E lo corrobora por teléfono desde su casa en Los Ángeles: «Si hay algún estado de ánimo común a todo el álbum es el que refleja la portada del disco, ese payaso que parece haber pasado por tiempos difíciles pero aún así consigue lucir una pequeña sonrisa en el rostro. Es una imagen que me representa».

Así estamos, intentando sacar fuerzas de donde no las hay ante un 2020 que parece empeñado en molernos a palos y dejarnos, entre otras muchas cosas, sin música en directo. «Nos morimos por salir de aquí y dar un concierto, pero toca esperar…». Y ahí lo deja, porque lo de las entrevistas es para él un mal necesario de su profesión: «intento recordarme a mí mismo que hago lo que quiero hacer para ganarme la vida, y si hablar sobre mi trabajo es la peor parte, eso significa que soy un tipo muy afortunado».

A pesar de los pequeños y grandes sinsabores de la vida, E se las apaña para encontrar grietas y resquicios por los que se intuye la luz. De eso habla en Are We Alright Again, la única canción del nuevo álbum compuesta durante la pandemia. «La escribí para animarme a mí mismo, darme algo de esperanza y fantasear sobre cómo podían mejorar las cosas. Esperaba que cuando se publicara el disco quizá fuera menos una fantasía y más una realidad, pero no ha sido así». Lo que tiene claro es que, cuando llegue por fin ese ansiado momento, su idea es replicar literalmente lo que dice la letra: «mi plan es colocarme hasta volar con los pájaros, marchar por las calles con una banda municipal… Haré las mayores locuras que pueda imaginar».

Más allá de esa marcha triunfal, su objetivo como artista, explica, «es intentar reflejar la vida, con todas sus diferentes capas y matices». Escribir canciones que son como novocaína para el alma, parafraseando el título de la canción que lo puso en el mapa allá por el año 96, le ha ayudado «a descubrir algunas cosas, a profundizar en quién soy y cómo me siento en cada momento».

Hace unos años saltaban las alarmas cuando insinuó que iba a dejar la música, pero ahora lo ve como un pasajero momento de debilidad: «Sólo necesitaba un largo y plácido descanso, vi la oportunidad y no he vuelto a sentirme así desde entonces. O sea que funcionó».

Desde la publicación de sus conmovedoras y divertidísimas memorias, Cosas que los nietos deberían saber (Blackie Books), en las que contaba entre otras cosas cómo en apenas unos años murieron sus padres y su hermana dejándole solo ante el peligro, ha tenido la tentación de escribir un segundo volumen, «sobre todas las locuras que me han ocurrido desde entonces. El problema es que la gente sobre la que escribí en ese libro está muerta y la mayoría de la gente sobre la que escribiría ahora está viva. No podría publicar nada sobre ellos sin que se cabreasen conmigo, así que supongo que tendré que esperar a que se mueran», dice con sarcasmo, su escudo predilecto para enfrentarse a este mundo cruel.

De todas las locas historias de su biografía, que son muchas, quizá la más sorprendente es la que tiene que ver con su padre, Hugh Everett III, el físico cuántico que creó la teoría de los universos paralelos y todo un desconocido para su hijo pese a convivir con él durante 19 años.

«Ahora que yo tengo un niño pequeño le diría, ‘gracias por darme un ejemplo de todo lo que no tengo que hacer como padre’. Me limito a hacer justamente lo opuesto, pero al mismo tiempo estoy orgulloso de él y le he perdonado completamente por no ser un gran padre». O, como dice en OK, otra de las canciones de Earth to Dora: «Me han hecho daño… ¿y qué?».


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