El ampurdanés que fue secretario de Carlos Gardel

El 24 de junio de 1935 se apagó la voz del tango. El cantante, compositor y actor nacionalizado argentino Carlos Gardel fallecía junto a otras 17 personas en un accidente de aviación en Medellín. El destino de la aeronave era Cali, su última parada en tierras colombianas antes de proseguir con su gran gira por Centroamérica. “Entonces había una auténtica fiebre por el tango, Gardel era una figura mítica y estaba envuelto de una gran popularidad internacional”, explica el periodista y escritor Xavier Febrés.

Carlos Gardel y, detrás, Josep Plaja  en la película 'Cuesta abajo' (1935)
Carlos Gardel y, detrás, Josep Plaja en la película ‘Cuesta abajo’ (1935)

La bola de fuego y de chatarra en qué se convirtió el avión dejó cinco supervivientes, dos fallecieron a los pocos días. Uno de los que se salvaron de la tragedia, aunque con graves quemaduras, fue Josep Plaja Gasch Joe (1900-1982), un vecino de La Bisbal d’Empordà que con 19 años se fue a hacer las Américas y acabó convertido en profesor particular de inglés y secretario del rey del tango. Este fin de semana, coincidiendo con el 120 aniversario de su nacimiento, le homenajean en su ciudad natal con varios actos y el descubrimiento de una placa en la casa donde nació.

Durmió alguna noche en los bancos de Central Park antes de acabar ganándose la confianza de Gardel

Los inicios de Plaja en Nueva York no fueron del todo exitosos. Según recordaba su amigo Carles Jovés en una entrevista para un artículo publicado en el 2001 en el diario La Proa, Plaja incluso llegó a dormir alguna noche en un banco de Central Park. Tocó muchas teclas antes de formar parte del séquito de Gardel: desde empleado de banca a barman, pasando por vendedor de pistolas o importador de corcho. Marina Puig, autora en el 2009 de un extenso artículo sobre la vida de este personaje, explica que Josep Plaja gracias a su buen dominio del inglés entró a trabajar a Éxito Corporación Inc., una empresa subsidiaria de la Paramount de la que Gardel era el principal accionista. Allí traducía letras, comunicados, guiones… y hacía de intérprete entre los técnicos y Carlos Gardel y Le Pera, el guionista de sus películas. Apasionado por la cinematografía, hizo sus pinitos en la gran pantalla en películas destinadas a la comunidad hispana, que en los años treinta en Nueva York era aún insignificante. Participó de figurante en films como Cuesta abajo (1934) donde aparece junto al intérprete de tangos imitando a un guitarrista o en El día que me quieras (1935) cuando hizo el papel de maestro de baile al fallar el actor.

Se ocupó de los asuntos financieros del artista e incluso escribía las dedicatorias de las postales a sus fans

Poco a poco se ganó la confianza de Gardel, de quien fue profesor particular de inglés y se ocupó también de sus asuntos financieros. Ernest Bou, sobrino nieto de Plaja y autor del documental Joe, el secretari de Carlos Gardel,estrenado este fin de semana, explica que incluso Plaja le leía el correo a Gardel y hacía las dedicatorias de las postales de sus fans. Bou se ha valido para su documental del testimonio de personas que le conocieron y también del audio de una de las pocas entrevistas que Plaja concedió a los medios en 1981 que tenía una universidad de Texas. “Aunque le llovieron las ofertas, nunca quiso hacer apología del accidente”, destacan quienes le conocieron.

Las graves quemaduras del accidente le obligaron a estar hospitalizado cinco años y a numerosas operaciones

Josep Plaja regresó en 1942 a La Bisbal d’Emordà tras reponerse de las graves quemaduras del accidente, que le tuvieron hospitalizado durante cinco años. Su hermano Enric que también hizo fortuna en América, pero en su caso en California donde se dedicó a la compra venta de vehículos, estuvo a su lado tras el accidente. El periodista Carles Sentís recogía en el libro Reviure la Costa Brava la carta que Enric mandó a sus padre. “Podéis estar tranquilos, padres y familia, que Pep se pondrá bien (…) si no como antes, consideren todo lo malo que hubiera podido ocurrir (…). Pep se quemó la cara, las manos y piernas (…) cuando se encuentre bien irá con ustedes a La Bisbal. (…)”. En el Medical Center de Nueva York le reconstruyeron la nariz, le hicieron todo tipo de injertos, fue sometido a más de 30 operaciones y lograron salvarle la vista pero no sus manos que se convirtieron en muñones.

Su rostro quemado impresionaba, pero su carisma ganó al físico y fue muy querido en La Bisbal

En La Bisbal le recuerdan como un conversador nato e infatigable que ayudó a subir el nivel de las tertulias. “Era un pro yanqui de primera”, dice Bou. Se sentía muy agradecido a un país que le había salvado la vida en un momento en que la cirugía plástica todavía no estaba avanzada. Su rostro quemado impresionaba, pero su carisma ganó al físico y fue muy querido en La Bisbal.

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