El día que a Curro Romero le llegó «la hora del adiós» a los ruedos

Curro Romero, en La Algaba – Raúl Doblado

El día que a Curro Romero le llegó «la hora del adiós» a los ruedos

Hace veinte años, el Faraón de Camas anunció su retirada por sorpresa en una llamada a Radio Nacional

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Pasaban unos minutos de las diez de la noche del domingo 22 de octubre de 2000 cuando una llamada en directo cambió el rumbo del programa Clarín, de Radio Nacional de España, que dirigía Fernando Fernández Román. Curro Romero al aparato y Curro Romero, que, en corto y por derecho, le dice al periodista: «Ha llegado la hora del adiós».

Aquel día y en aquella hora finalizó la vida en los ruedos de una leyenda viva, una carrera de más de cuarenta años, siete Puertas Grandes de Madrid, cinco salidas por la Puerta del Príncipe de La Maestranza, más de novecientas corridas de toros… Aroma a Romero por los cuatro costados.

Curro, próximo a cumplir los 67 años, toreó aquella mañana un festival en La Algaba mano a mano con Morante; había cortado orejas, pero una tremenda voltereta que sufrió el diestro de La Puebla le hizo pensar, recapacitar lo que podía haberle pasado al joven compañero, a él mismo… Podía haberse quedado con los seis novillos, o algo mucho peor… En la soledad de la tarde de un día de triunfo, entre sombras y luces, decidió que ya nunca volvería a ponerse delante de un toro.

Almuerzo con Carmen Tello

«Ha llegado la hora del adiós». Sus palabras traspasaron el mundo taurino y fueron noticia en todos los periódicos, radios y televisiones. Al día siguiente, el Faraón le contaba al recordado periodista de ABC Manuel Ramírez: «Al terminar el festival nos fuimos Carmen y yo a almorzar con unos amigos. Aquello terminó sobre las siete o las ocho de la tarde. Carmen fue a llevar a su casa a su hijo Kike y yo me fui a mi casa. Allí, solo, sin nadie, tomé la decisión. Y así lo dije. Ahora, si yo llego a saber la que se iba a formar luego, me hubiese callado, hubiera dejado pasar el tiempo y, ya, cuando se hubiese olvidado la gente del festival y de todo, entonces no aparecería en los carteles y ya está». Él quiso irse con su silencio a cuestas, despacito, como soñaba el toreo, pero…

Al festival de La Algaba no se llegaba por casualidad. Su celebración a beneficio de Andex (Asociación de padres de niños con cáncer) se quiso que tuviera lugar en la plaza sevillana, pero la empresa Pagés, entonces en manos de Eduardo Canorea tras el fallecimiento de su padre Diodoro, no accedió tras el desafortunado incidente que en la feria de San Miguel acabó con la caída del cartel de Curro y Morante por un cambio de ganado.

Romero había contratado aquel 2000 cinco tardes en La Maestranza, cuatro en la Feria y la de septiembre, aunque al final su último paseíllo en el Baratillo fue el 2 de mayo con Curro Vázquez y Finito de compañeros y ante toros de Juan Pedro. Fue la última vez ante su Sevilla, rendida a sus pies desde aquella Feria de 1959. Tardes de gloria, otras no tanto. Siempre esperado, siempre. Idolatrado.

Aquella tarde de domingo de ahora hace veinte años Curro, en silencio, despacito, como soñaba el toreo…, decidió no torear más, aunque el mito y la leyenda de un torero único no han encontrado su fin.

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