El escocés que conquistó el mundo

Lo tenía muy claro y en una entrevista que le realizaron en 1993, cuando se había sometido por segunda vez a un tratamiento contra el cáncer, afirmó: “Si pones películas viejas de actores que han muerto, y los ves, entonces piensas en que esa es la única posteridad de un actor. No hay otra. Y si alguien las ve, y te ve después de haber muerto, esa es tu posteridad”. Más allá de 007 había más números, personajes y un denodado trabajo personal para mantener una carrera que podía desvanecerse en el olvido una vez caducada la exitosa etapa bondiana. La filmografía que deja se aproxima al centenar de títulos, con aciertos y desaciertos, pero siempre entregándose de lleno a la interpretación del personaje que debía representar.

“Si alguien ve tus películas,

y te ve después de haber muerto, esa es tu

posteridad. No hay otra”

Le gustaban los sarcasmos acerca de su condición de escocés militante. Un periodista le dijo en los años noventa que nunca había hecho escenas de desnudo en sus películas y él se limitó a responder: “En Escocia no gustan demasiado los culos al aire”. Así era Sean Connery, que también rememoraba que “una actriz con la que trabajé hace mucho tiempo tenía más de 40 años y se sentía ofendida porque le ofrecían papeles de madre. Me pareció una actitud histérica y más bien triste”. Se refería a Lana Turner, que era diez años mayor que él y con quien mantuvo una relación amorosa cuando en 1958 figuró en el reparto del melodrama Brumas de inquietud . Este idilio pudo poder fin a su vida, porque el temible gangster Johnny Stompanato era entonces el amante de la estrella, casada y divorciada en siete ocasiones. Cheryl Crane, hija de Lana Turner, acabó matando a Stompanato y la banda mafiosa sospechó que Sean Connery podía haber colaborado de alguna manera en el asesinato.

Cheryl Crane, hija de Lana Turner, acabó matando a Stompanato y la banda mafiosa sospechó que Sean Connery podía haber colaborado de alguna manera en el asesinato

Por aquel entonces, su carrera interpretativa era ínfima y decidió regresar a Gran Bretaña, pero solo obtuvo un papel secundario en La gran aventura de Tarzán (1959), donde Gordon Scott encarnaba al rey de la selva. Connery rechazó en 1961 actuar en El Cid, la superproducción rodada en España con Charlton Heston al frente del reparto. Él prefirió subir a los escenarios para representar una obra de Pirandello al lado de la actriz australiana Diane Cilento, con la que se casaría al año siguiente. Unión que duró once años, naciendo su hijo Jason Connery, futuro actor, director y productor.

Aseguraba odiar el personaje de James Bond, porque en su opinión era “moralmente despreciable”

La cotización de Sean Connery ascendió de manera fulgurante con la saga de James Bond, aunque él aseguraba odiar el personaje, porque en su opinión era “moralmente despreciable”. A pesar de las millonarias ofertas que recibía, en 2003 dio por concluida su carrera cinematográfica oficial. En 1987 había ganado un Oscar como mejor actor de reparto por su actuación en Los intocables de Eliot Ness , thriller criminal dirigido por Brian De Palma. Connery alternaría las superproducciones con el cine algo más arriesgado en el ámbito creativo. Estuvo a las órdenes de Hitchcock en Marnie, la ladrona, al lado de Tippi Hedren, y tuvo como compañera a Brigitte Bardot en el western Shalako, dirigido por Edward Dmytryk. Sin olvidar, por supuesto, su actuación en El nombre de la rosa, donde Jean-Jacques Annaud adaptaba la novela de Umberto Eco.

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