El flamenco, una música verdaderamente indie

El guitarrista y productor Pedro Sierra en la Fundación Cristina Heeren, donde tiene su estudio – ABC

Música

El flamenco, una música verdaderamente indie

La mayor parte de los artistas desarrollan sus carrerras lejos de las grandes multinacionales, ¿cómo graban entonces sus discos y a qué dificultades se enfrentan?

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Hay sueños que cuestan mucho dinero. Los artistas que de espaldas a las grandes multinacionales quieren publicar sus álbumes lo saben bien. Pelean y sudan. Se endeudan. Luchan contra unos fantasmas que nada tienen que ver con lo estrictamente musical, pero que definen su oficio. Aproximadamente el 75% de lo que genera esta industria queda repartido entre Universal Music Group, Sony Music y Warner Music Group, las tres mastodontes. El 25% de la cuota de mercado restante es lo que tienen los indies para desarrollar sus carreras. Con un público más reducido. También, dicen, más fiel. Estos indies, término proveniente del rock alternativo anglosajón que en España se acuñó en los 90, gozan de mayor libertad creativa, pero menos medios. No tienen el respaldo de los medios de comunicación ni de las radiofórmulas. Causar notoriedad les resulta algo pedregoso, como tener presencia en ciertas programaciones. De lejos miran los escenarios con mayor capacidad. Los grandes premios. La fama. Trabajan al reverso de lo popular, pero elaboran un tejido artístico que responde a las inquietudes de una minoría. Las multinacionales son conscientes de esto, por eso a veces han querido parecerse a ellos con productos de apariencia similar. Son los llamados indies de multinacional, que no son indies.

En el caso particular del flamenco, podríamos concluir que estamos ante una música eminentemente independiente; o alternativa, según la etiqueta que se quiera emplear. Solo unos pocos cantaores y guitarristas están bajo la tutela de las tres empresas previamente mencionadas. Miguel Poveda, El Cigala, José Mercé, Estrella Morente, Marina Heredia, Rocío Márquez, Israel Fernández, Tomatito, Vicente Amigo, Dani de Morón y un reducido etcétera conforman esta lista. La industria, se asume desde estas entidades, no absorbe más. O, al menos, no se apuesta por ello. Quizá no se ha encontrado más talento provechoso, o no se ha buscado. Quién sabe. ¿Cómo graban entonces la mayor parte de los artistas del flamenco? Pues, a menudo, con pequeños sellos que ya tienen en este campo un largo recorrido, como La Droguería Music, con más de 40 álbumes en su catálogo, La Voz del Flamenco, de Pedro Sierra, y Cambayá. Otra opción es la del crowdfunding, donde Sandra Carrasco y Alfredo Tejada, entre otros, han probado suerte. Por último, y tal vez la opción más recurrente, está la autofinanciación. Ezequiel Benítez, David de Arahal, Gema Caballero y Argentina son algunos de los que tomaron esta vía. Y así nacen de forma continua sellos efímeros que solo publican a un artista. También es este el punto de partida de muchos proyectos que crecen de forma natural. Así surgieron, no lo olvidemos, las vocaciones de muchos productores: grabando a amigos, o a sí mismos.

Sellos alternativos

Chemi López, de La Droguería Music, compartía esto con ABC acerca de la rentabilidad de su trabajo: «Estar en plataformas como Spotify no nos genera apenas ingresos y a su vez nos hace que se vendan menos discos, pero, claro, los artistas después quieren tener presencia». En su caso, asume habitualmente los costes de la producción y con el recorrido del resultado final lo recupera. «Donde más se vende es en un mostrador después de un recital. En una superficie comercial, sin embargo, un disco de estas características lo que hace es coger polvo. No nos interesa. Si conseguimos que el cantaor haga un circuito por peñas y festivales de renombre y que venda, por ejemplo, mil copias, es todo un éxito».

Chemi Lçopez en su estudio de grabación – Fidel Meneses

Con tan escaso volumen de ventas, la publicación en formatos tan al alza como el vinilo tampoco parece económicamente inviable. «No es rentable. Puedes producir una tirada y no vender ni la mitad», dice el guitarrista y productor Pedro Sierra. En sus palabras se evidencia, además, una nueva problemática: el público objetivo al que se dirige un trabajo de cante ortodoxo no es el mismo que aquel que sí compra discos en vinilo. El flamenco se mueve en el terreno indie de los indies. Está, por así decirlo, especializado en lo poco rentable.

«Los discos son puro merchandising. Son un adorno, como camisetas o tazas, porque ya nadie los escucha», dice el promotor de un festival mientras observa un punto de venta que sus compañeros han preparado. «La gente los compra para tener el recuerdo, pero probablemente siga escuchando las canciones por Internet».

Lo indie merma la creatividad

Todo esto ha provocado que el sentido del disco (el orden del repertorio, lo conceptual, la cohesión entre unos elementos y otros, la portada…) se desdibuje. Que los usuarios, a menudo, no escuchen a artistas concretos ni los sigan durante sus trayectorias, sino que se queden únicamente con canciones sueltas. Canciones, probablemente, de autor desconocido; podrías tararear la letra entera, pero no decir quien la interpreta. Otra consecuencia directa es que los cantaores actuales no poseen grandes obras; hablamos, desde luego, en volumen. Una figura como Pedro El Granaíno, tras más de una década de éxito comedido, aún no tiene ningún disco en solitario. José Valencia tiene tres, los mismos que Antonio Reyes. Rancapino Chico, uno, y Jesús Méndez, cuatro. Si hubiesen comenzado su andadura a mediados de los 60, 70 u 80 debían tener, por estadística, una decena. Los guitarristas, por su parte, son los que tienen mayor influencia en los estudios, pues se han preocupado por la tecnología y sus posibilidades desde que comenzara el auge de lo digital. Todo ello concluye en una paradoja que habríamos de detallar en un estudio más amplio: lo indie trae consigo una merma de la creatividad.

Camarón de la Isla hubo de inventarse ‘La leyenda del tiempo’ porque debía grabar algo en el 79. Lo que fuera. Ya. Los contratos exigían a los artistas nuevas entregas y los expremían. Eran, en el fondo y a pesar de todo, motores creativos. Hoy un artista tiene más ideas de las que le caben en el álbum, y hasta dentro de un tiempo bastante espaciado no ha de embarcarse en el siguiente. No hay nada que le apriete en este costoso proceso. No tiene la obligación de crear nada más allá de lo que ya tiene. La obligatoriedad de indagar se difumina, reside en unos pocos. Todo sucede en el directo y solo un resumen de lo que ahí se cuece llega a las discografías de los protagonistas de la música. Justo en la era de lo digital, cuando todo parecía estar al alcance.

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