«El ickabog», el retorno de J.K. Rowling a la literatura infantil después de Harry Potter

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J. K Rowling tenía claro que el fenómeno de Harry Potter era único y que ya no quería volver a escribir para niños. Pero eso fue en el mundo que existía antes de la pandemia. Como el resto de los «muggles», la escritora británica tiró de buenos recuerdos para sobrellevar lo mejor posible el primer confinamiento. Y allí le estaba esperando «El ickabog». El cuento de hadas que había creado una década antes y cuyos capítulos leía apaciblemente a sus hijos antes de irse a la cama. Las aventuras del reino de Cornucopia y el terrible monstruo se convirtieron en las favoritas de sus hijos. En especial de Mackenzie, su pequeña, que, a pesar de dejar de serlo (ahora tiene 15 años), no paró de decirle a su madre que las terminara.

La autora rescató la historia inacabada de una caja polvorienta almacenada en el ático. «La volvió a leer y se la volvió a leer a sus hijos, que ya son adolescentes. Aceptó todas las sugerencias de la familia y luego se encerró a reescribirlo», relata Sigrid Kraus, creadora de Salamandra y editora de la saga de Harry Potter y de «El ickabog» en España, cuya edición impresa se publica el próximo 10 de noviembre.

Cuando vio que millones de niños se quedaban encerrados en casa sin poder ir al colegio ni ver a sus amigos, quiso aligerarles la carga, recrear esos momentos tan agradables que había vivido en familia al calor de la historia. Por ello fue publicando entregas gratis en internet a lo largo del verano. «A ella le gustó mucho la idea de hacerlo tal y como lo había hecho con sus hijos: les leía un capítulo y después tenían que esperar hasta el día siguiente. Quería ese efecto, mantenerlos en vilo y creo que fue muy acertado, los niños se engancharon mucho», rememora Kraus.

«El ickabog» se basa en un cuento de hadas tradicional. En cada entrega, Rowling iba revelando y recomendando temas para inspirar a los niños con el fin de que los ilustraran. Y se organizó un concurso en verano por territorios para elegir los dibujos que aparecerían en los 34 capítulos de la edición en papel.

Ganadoras del concurso

Dibujo de Verónica Laguarda
Dibujo de Verónica Laguarda

«Cuando lo leí pensé: “Uff, ya sé por dónde va: uno es el bueno, el otro es el malo… Pero qué va, luego lo cambia todo», adelanta la editora. Esas capas de lectura tampoco pasaron desapercibidas para Eva Ramos, de 11 años. «Es muy interesante, me gustó mucho porque parece infantil, pero también pero cuenta muchas historias». Y Verónica Laguarda, de 8 años, confiesa que le «trasmitió algo. Me gustaba como explicaba las cosas y aprendía palabras nuevas para poder hablar y escribirlas».

Agua de mayo para los progenitores cuando el aburrimiento infantil amenaza con convertirse en un mal crónico. «Mi padre estaba buscando certámenes en los que yo pudiera participar en vacaciones para que me divirtiese y encontró éste.Rowling es mi escritora favorita y empecé a dibujar», recuerda Eva.

Dibujo de María Laguarda
Dibujo de María Laguarda

Lo mismo ocurrió en casa de Verónica y su hermana María (10 años): «Vi la actividad y me pareció que les podía encajar, sobre todo por este verano que estuvimos mucho más en casa por la pandemia. Me vino muy bien para enseñarles un poco de teoría de composición de color, de luz.., y ellas se lo pasaron genial. Lo tomaron como un proyecto personal», comenta su padre Sergio, que se dedica al cine de animación. «Bueno, el primero nos costó un poquito, los demás fueron como espuma y jabón, pero el primero nos costó. Teníamos que pensar cómo íbamos a dibujar, con qué colores…, fue un lío», cuenta María. «Es que eso de dibujar tanto y así de bien, yo al menos no lo había hecho nunca. Fue algo muy nuevo», corrobora Verónica. Las ilustraciones de Eva, María y Verónica han sido tres de las escogidas por Salamandra para ilustrar el libro impreso entre los más de 2.000 presentados. «Cuando me enteré, me puse a dar saltos de alegría porque sabía que solo 34 dibujos iban a ser seleccionados. Y me encantó que fuera uno mío y otro de mi hermana», relata María.

Dibujo de Eva Ramos
Dibujo de Eva Ramos

Precisamente, el hecho de que en el papel aparezcan estos dibujos «es lo novedoso y además ofrece una experiencia que no existe “on line”. Esperemos que a los niños les haga ilusión ver lo que otros han dibujado y se animen. Además, lo bonito ahora es poder leerlo entero todo seguido», apunta Sigrid, que añade que Rowling donará todos sus derechos a su fundación benéfica, The Volant Trust, que ayuda a las personas más afectadas por la pandemia.

Cosas del destino, y del coronavirus, claro, «El ickabog» sale cuando media Europa se enfrenta a un nuevo confinamiento y América Latina sigue encerrada. «Cuando Rowling me lo propuso pensé: “Pero si esto se va a acabar en un mes. Dentro de nada estarán otra vez en la calle jugando y no lo van a entender”. Desgraciadamente, el proyecto no ha perdido nada de actualidad. Este libro va a ser muy bueno durante los encierros», remata la editora.

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