¿El mayor museo del mundo? El de las obras robadas

l Museo invisible (titulo de un libro de Nathaniel Herzberg) es también el más grande del mundo: contiene virtualmente las obras de arte robadas y no halladas. Un delito que mueve unos 10.000 millones de euros por año. La cifra justifica la cumbre internacional que acaba de clausurar la Unesco en Berlín, así como el recurso a una agencia de comunicación francesa, DDB París, que lanzó esta pregunta sin respuesta: ¿Cuál es el verdadero precio del arte ?

Además de lo intangible (“el alma de una nación”), la campaña, que recurre a los códigos del arte y del diseño, muestra en cada entrega una pieza de museo en un interior burgués. Y relata el revés del decorado. Porque el tráfico liga con financiación del terrorismo, excavaciones arqueológicas ilegales pero perfectamente y científicamente organizadas, robos en museos destruidos por una guerra. “En muchos casos, la liquidación de la memoria de un pueblo”.

No respetan fronteras

La Unesco designó cuatro “enemigos del patrimonio cultural”: cambio climático, conflictos armados, desastres naturales y tráfico ilícito de bienes culturales

La Unesco designó cuatro “enemigos del patrimonio cultural”: cambio climático, conflictos armados, desastres naturales y tráfico ilícito de bienes culturales.

“Ninguno de ellos respeta las fronteras naturales y todos requieren cooperación internacional”, recordó Audrey Azoulay, directora general de la Unesco, al presentar la reunión internacional de Berlín, que conmemora el 50º aniversario de la Convención de 1970, firmada ya por 140 países.

A ese panorama hay que sumar el más polémico aún del contenido de los grandes museos europeos, con reclamaciones que provienen no solo de las antiguas colonias o las víctimas de la expoliación nazi, sino incluso de países con asiento en Bruselas, como Grecia.

El ranking

En el llamado museo invisible tres de los cuatro artistas más robados son españoles: Picasso con 671 obras, Miró con otras 384 y Dalí con 292 objetos de arte

Pero en el caso más específico del arte occidental evaporado, hay un indirecto elogio de la creatividad hispánica : en el mencionado museo invisible, tres de los cuatro artistas más presentes son españoles. Según cifras divulgadas hace un lustro por Interpol, Picasso, siempre primero, arranca el oro: 671 obras suyas, robadas o perdidas, cuelgan en esos cimacios sin dirección postal.

Plata para Miró: 384 obras pilladas o extraviadas, Y, apenas fuera del podio, porque Chagall ostenta el bronce con 350 piezas escamoteadas, Dalí se apunta con 292 objetos de arte sin destino conocido.

Adolescencia (1941), de Dalí
Adolescencia (1941), de Dalí (.)

Si desde 1947 hay en Francia un registro de obras expoliadas por los nazis y no devueltas, un renglón al que Alemania destina seis millones de euros anuales para búsquedas y restituciones, y si la Interpol tiene su sección especializada en arte, un paso fundamental fue el que dieron, en 1991, compañías de seguros y empresas relacionadas con el arte.

Así nació, en Londres, Art Loss Register, registro de obras perdidas, cuya base de datos, naturalmente internacional, reúne obras de arte, antigüedades y colecciones a las que se les ha perdido la pista.

Imprescindible consulta para coleccionistas, gente del mundo del arte (las honestas, claro, porque el mercado bulle), aseguradores y cuerpos policiales especializados.

ALR, como se lo conoce, informatiza el catálogo de datos que otra sigla, IFAR (International Foundation for Art Research), mantiene al día. En 1992 esa base comprendía ya 20.000 ítems, cifra decuplicada cuando empezó este siglo. Y la diversidad de sus servicios crece al ritmo de los objetos artísticos que se añaden al repertorio. Todo en base a una tecnología de punta. Y a un equipo de historiadores del arte, formados para esta tarea.

Los organismos

En 2014, ALR, ya la base de datos más importante del mundo, contribuyó a la restitución de objetos robados por valor de 230 millones de euros

En 2014, ALR, ya la base de datos más importante del mundo, contribuyó a la restitución de objetos robados por valor de 230 millones de euros. Fue clave por ejemplo en el caso de las obras arrebatadas por los nazis a Paul Rosenberg, uno de los marchantes de Picasso y su vecino en la calle de La Boétie, cuya galería para más inri no solo fue saqueada sino que además alojó el Instituto de estudio de cuestiones judías, creado por Goebbels.

En fin, el catálogo del museo invisible, al menos hasta 2009, cuando fue publicado, es el libro citado al comienzo, Le Musée invisible. Además de reunir ejemplos “desde la antigüedad hasta las vanguardias”, su autor se impuso registrar “solo aquellas obras jamás halladas”.

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