El MNAC reactiva sus colecciones con obras ‘intrusas’ de la colección Suñol

Vemos el arte en tiempo presente, desde lo que somos, el lugar en el que estamos y lo que hemos vivido. Imposible hacerlo de otro modo. Nuestra mirada no es la del espectador que en el siglo XII contemplaba el ábside de la iglesia de Sant Climent de Taüll o las morbosas torturas del frontal de altar de Durro con las que los verdugos mostraban a los mártires el camino de la redención. Pero desde el mundo actual nos siguen conectando con la idea del sufrimiento humano, como esa silla amenazante de Jaume Xifra hecha con alambre de espino ocho siglos más tarde, que ahora proyecta su sombra siniestra en las salas de románico del MNAC.

La 'Chaise de salon d'art' (1974 )  de Jaume Xifra proyecta su sombra en  el ábside de la iglesia de Sant Climent de Taüll
La ‘Chaise de salon d’art’ (1974 ) de Jaume Xifra proyecta su sombra en el ábside de la iglesia de Sant Climent de Taüll (Àlex Garcia)

Diálogos Intrusos. Todo es presente es el título de un estimulante y valiente proyecto –bendita promiscuidad– con el que el Museu Nacional d’Art de Catalunya reta a volver a mirar sus colecciones con nuevos ojos. Para ello, han invitado a diecinueve obras de la colección de arte contemporáneo de la Fundación Suñol para que, intercaladas a lo largo de un recorrido de mil años de historia del arte, activen nuevas lecturas y experiencias en un juego de asociaciones inesperadas. “El proceso ha sido fascinante y el resultado es fruto del entusiasmo colectivo”, señala Álex Mitrani, comisario de la exposición junto a Sergi Aguilar.

Y precisa que se trata de una exposición hecha a pie de obra, caminando a veces varios kilómetros por las salas del museo, sorprendiéndose ellos mismos de los contrastes o las semblanzas formales o conceptuales con los que artistas tan alejados en el tiempo habían abordados los mismos temas. Transgrediendo los relatos y disfrutando de unas “trapacerías” que ayer, levantado el telón, hacían circular las primeras corrientes de admiración entre los visitantes.

La 'Butaca' (1978) vacía de Anton Tàpies contempla  la 'Virgen de los Consellers' (1443-1445) de Lluís Dalmau
La ‘Butaca’ (1978) vacía de Anton Tàpies contempla la ‘Virgen de los Consellers’ (1443-1445) de Lluís Dalmau (Àlex Garcia)

El coleccionista Josep Suñol, desaparecido justo ahora hace un año, estaría también feliz de ver cómo la obra de Evru/Zush Zeyemax contempla con sus ansias de saber los grandes ojos fijos que se repiten hasta la extenuación en los ábsides de Santa Maria d’Àneu y del Burgal. O, ya en las salas de gótico, la manera cómo Tàpies y su Butaca vacía y atravesada por las cicatrices del tiempo nos invitan a mirar L a Virgen de los Consellers de Dalmau, que el propio artista tantas veces contempló. Evru/Zush aparecerá de nuevo, ahora en el barroco, con Renaci Sabina, donde una figura femenina invertida en cruz, con la cabeza sustituida por una espiral, se enfrenta al cuerpo herido de un Cristo del círculo de Zurbarán.

La exposición se disemina por todos los ámbitos del museo en un recorrido impactante y lleno de juegos sorprendentes

“Como ocurre en el mundo de la música, cada obra de arte es una partitura única, pero cada interpretación es diferente”, señala Sergi Aguilar, director de la Colección Suñol , que ha trabajado mano a mano con Mitrani y Lluís Alabern, responsable del área de Mediación y Museografía. Aguilar, también artista, está presente en la muestra con Dos-Tres núm. 1, escultura cuya geometría oscura y precisa que ya no podrá dejar de asociar al ábside de Santa Maria d’Àneu. “El recorrido es muy impactante y fácil de visitar, pero se ha de hacer poco a poco, no es necesario hacerlo todo de golpe porque lo que quiere provocar es justo lo contrario a una visita de turista”, advierte Mitrani.

'Estanteria' de Carmen Calvo (1990)  en una casa modernista
‘Estanteria’ de Carmen Calvo (1990) en una casa modernista (EFE/Toni Albir)

Sin voluntad de spoiler –en esta historia no hay un final, pero el elemento sorpresa cuenta– , vale la pena destacar cómo los santos del barroco elevan su mirada en busca de ese rostro inexistente del hombre atado de pies de Darío Villalba; el encuentro que nunca se produjo entre Juli González y Lucio Fontana; Richard Avedon enfrentándose al retrato junto a Ramon Casas y Francesc Gimeno o a Hernández Pijuan dando una lección de contención al colorista Mir. Joan Brossa y su taquilla de banco invertida de la que caen monedas de chocolate parece reirse del lujo burgués, mientras que Carmen Calvo, entre muebles modernistas, nos recuerda nuestro afán de acumular.

Un modelo público-privado para avanzar en la construcción del patrimonio artístico

“Se trata de un proyecto de manual de lo que entendemos como colaboración público-privada. No hemos ido a la Suñol para decir ‘queremos hacer esto’ sino ‘qué podemos hacer’ e ir juntos”, señala Pepe Serra , que enmarca la exposición dentro del objetivo del museo de avanzar en la construcción del patrimonio artístico del país en torno al arte de posguerra y de la segunda vanguardia. “Y eso no pasa por comprar piezas y traerlas aquí –matiza el director del MNAC–, sino en establecer alianzas, en hablar con coleccionistas que han hecho un trabajo enorme en torno al arte de ese periodo, con galeristas, con las familias de los artistas… Y trabajar juntos”.

Para esta primera edición de Diálogos intrusos, el museo ha diseñado un itinerario marcado en un plano y pone a disposición del público textos tanto en lectura como en audio en torno a las diferentes piezas. En la actualidad, el MNAC recibe una media diaria de 300 visitantes –unos 1.000 los fines de semana–, “pero por encima del número de visitas, lo relevante es que estamos abiertos y hacemos cosas. Hemos de estar en la conversación”

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