El Mobile World Congress mantiene sus planes para el 2021

Especular sobre si el Mobile World Congress (MWC) se va o se queda, sobre si se cancela o se mantiene, se ha convertido en un hábito mediático, político y social. Es natural que así sea, ya que era el mayor congreso que se celebraba en el mundo pre pandémico. A pesar de que la rumorología apunta a una hipotética suspensión de la edición de 2021, a día de hoy los responsables del evento mantienen su intención de abrir sus puertas en el mes de marzo del próximo año, siempre que las condiciones sanitarias lo permitan.

La organización no se plantea en estos momentos la posibilidad de cancelar la feria, aunque no se descarta aplazarla unos meses si no se puede celebrar en las fechas habituales. El consejero delegado de GSMA-MWC, John Hoffman, ya anunció el pasado mes de julio que el evento podría celebrarse a lo largo del primer semestre del año. La evolución de la pandemia se analiza día a día de acuerdo con las administraciones y con otros agentes involucrados en la lucha contra la pandemia, como la industria farmacéutica.

Llegado el momento, se decidirá. Al MWC, desde el punto de vista de la garantía sanitaria, le avala el haber cancelado unilateralmente la edición del 2020, una decisión que recibió durísimas críticas en un primer momento.

Ferias locales o regionales tienen un futuro más factible a corto plazo que lo eventos globales

Es obvio que, de llegar a celebrarse, la edición del 2021 se parecerá poco a la de marzo de 2019, la última celebrada en condiciones de normalidad. En el mejor de los casos, de haberse avanzado por entonces en la consecución de la vacuna contra el coronavirus, el mundo estará aún inmerso en una fase lenta de recuperación. Los eventos de ámbito local o regional tendrán más fácil el regreso a los viejos hábitos que los que son globales, como el MWC. Esta circunstancia motivará probablemente un cambio de escala, un regreso a cifras más modestas de participación y la adopción de un formato híbrido presencial/virtual.

Pero desde la organización se valora como argumento para perseverar la presión que ejerce el propio sector para que se celebre el evento, después de un año ferial en blanco. A mediados de julio el MWC ya había vendido el 80% del espacio disponible en la Fira, mientras que el 75% de las cien mayores empresas del sector se habían comprometido a asistir al certamen.

En cualquier caso, en las próximas semanas –probablemente antes de que finalice octubre– podría tomarse alguna decisión sobre las fechas. La magnitud del congreso deja poco margen a la improvisación.

Cancelar o hacer un esfuerzo de readaptación a la actual crisis para no dejar de tener presencia. Este es el dilema. Buena parte del mundo cultural ha demostrado cómo se puede mantener la actividad de forma segura, a contracorriente de una normativa que en un primer momento le condenaba a desaparecer. Es un buen ejemplo a seguir.

Haga lo que haga el Mobile World Congress, la ciudad de Barcelona debería seguir desarrollando las iniciativas que en los últimos años han ido surgiendo bajo el paraguas de la gran feria tecnológica. El éxito del Tech Spirit, un improvisado evento que impulsó en febrero de este año Barcelona Tech City (con el apoyo de las administraciones) tan pronto como se supo de la cancelación del MWC 2020, es una buena referencia. En aquella ocasión se demostró que, si se actúa con determinación y consenso, la falta de tiempo es un obstáculo relativo.

Suceda lo que suceda con el MWC, Barcelona debería reforzar su apuesta por el humanismo tecnológico

Otro activo barcelonés es el programa Digital Future Society (DFS), impulsado por el ministerio de Economía junto con la Mobile World Capital. La pandemia ha sacudido también fuertemente esta iniciativa destinada a promover el debate sobre la ética, la equidad y la condición inclusiva de la nueva era digital, ya que hasta hace unos meses su intención era organizar una cumbre presencial sobre estas cuestiones a finales de año, algo que ahora resulta obviamente imposible.

En este contexto, la DFS, una pieza clave de la candidatura barcelonesa a convertirse en una ciudad de referencia del humanismo tecnológico, tendría que ser lo bastante ágil como para lograr que Barcelona juegue un papel importante en el debate que genera la utilización de tecnología avanzada para combatir la Covid-19. Hablamos de las aplicaciones de rastreo de contagios, de los registros online, o del control de los móviles para garantizar que se cumplen las medidas de aislamiento. Barcelona como laboratorio de ensayo de las ideas más rupturistas. Su convulso pasado es todo un aval.

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