El retrato de la sociedad catalana

La Vanguardia nació cuando los liberales de Práxedes Mateo Sagasta aspiraban a llegar al poder. De hecho, ocho días después de la salida del primer ejemplar, el 1 de febrero de 1881, cayó el gobierno conservador, así que pasó de intentar hostigar al poder a dar la cara por él. El nombre del diario fue una consecuencia de querer demostrar su vocación adelantada frente al reaccionarismo de los conservadores de Antonio Cánovas del Castillo.

El cambio político en España y el ímpetu social que supuso la Exposición Universal de 1888 animó a Carlos y Bartolomé Godó, empresarios del cáñamo de Igualada, a deshacerse de las ataduras políticas y a sostener las pérdidas para convertir La Vanguardia en un periódico de información general que pudiera ser un negocio. El 1 de enero de 1888, La Vanguardia dirigió un mensaje de objetividad y pluralidad a sus lectores: “Un periódico es la bocina de todos los ecos armónicos, es la repetición de todos los intereses legítimos; en La Vanguardia ha de encontrar cada clase su nota, cada lector su frase, y en este concepto y por este medio el diario vendrá a ser el retrato exacto de la sociedad en cuyo seno y para quien se hace”. Para esta nueva etapa se confió la dirección a un periodista andaluz, Modesto Sánchez Ortiz, que supo llevar a sus páginas no solo el espíritu de la Renaixença que se respiraba en Catalunya, sino también las firmas de algunos de sus figuras más representativas como Santiago Rusiñol, Ramon Casas, Narcís Oller, Joan Sardà, Isidre Nonell, Miquel Utrillo o Frederic Rahola.

Milton Glaser, que había rediseñado ‘The Washington Post’, supo imprimir modernidad al diario

El diario pasó a ser rápidamente la referencia de la sociedad de su tiempo y la Primera Guerra Mundial le consolidó la hegemonía. La neutralidad de España en el conflicto proporcionó grandes beneficios a los industriales catalanes que proveían a los dos bandos enfrentados. En estas circunstancias, la necesidad de información era enorme y La Vanguardia, con Miquel dels Sants Oliver al frente, se convirtió en una referencia, al disponer de dos corresponsales de guerra en primera línea, Agustí Calvet Gaziel, en el bando aliado y Enrique Domínguez, en el frente alemán.

La figura de Ramón Godó fue decisiva en la conversión de un diario de gran tirada, tras abrir una delegación en Madrid, contratar colaboraciones internacionales e invertir en unas rotativas de huecograbado coincidiendo con la Exposición Internacional de 1929, que permitieron dar toda su dimensión a la fotografía.

El diseñador estadounidense Milton Glaser
El diseñador estadounidense Milton Glaser (Agustí Carbonell)

El 23 de mayo de 1931, el diario tomó posición ante el régimen republicano que se acababa de instaurar en España con un editorial donde se intuye la mano de Gaziel donde decía: “El primer colaborador de La Vanguardia es el pueblo; él ha de ser, por tanto, su primer director. De aquí que en esta hora grave y renovadora, cuando todas las personalidades políticas, todos los partidos y periódicos españoles fijan uno tras otro las opiniones respectivas, nosotros hacemos la solemne declaración de que acatamos y seguiremos acatando la voluntad de la mayoría ciudadana, tanto en lo que afecta a toda España como lo que hace a Catalunya en particular. Si la conciencia pública cambia en virtud de leyes biológicas o históricas ineludibles, nuestro deber primordial es seguirla. Estaríamos locos si la combatiéramos. Seríamos ingratos si la abandonásemos. Por ella iremos siempre por caminos de concordia y de paz, por el bien de Barcelona, Catalunya y España”.

La segunda fundación de La Vanguardia fue en 1989, como resultado de un proceso que emprendió el editor Javier Godó unos años antes para convertirla en un diario del siglo XXI. Se apostó por el color, por un diseño innovador y por una nueva generación de periodistas. Se adquirieron rotativas Wifag 07 de Offset, se encargó la nueva maquetación a Milton Glaser y se ficharon a periodistas y colaboradores que dieron nueva vida al periódico.

La aparición de la edición en catalán en el 2011 es otro momento relevante de la vida de ‘La Vanguardia’

Glaser era una celebridad del diseño gráfico, que había rediseñado The Washington Post, que, tras el caso Watergate, pasó a ser la referencia del periodismo de calidad. Pero sobre todo se le conocía porque creó el logo I love NY, que devino un icono global. Glaser, que pasaba temporadas en la Costa Azul, era un gran admirador de Joan Miró y del modernismo catalán y en su diseño supo resumir el alma de un diario redactado a orillas del Mediterráneo, con espíritu europeísta y afán de pluralidad. Un diseño que con los cambios lógicos del tiempo se ha mantenido a grandes rasgos hasta nuestros días.

Otros dos momentos importante en la historia del diario han sido la aparición de La Vanguardia en catalán en el 2011 y la integración de la redacción de papel y la digital en el 2019, que permitió, apenas unos meses después, conseguir el liderazgo de la web como medio con mayor audiencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *