El sello Reprise y los chicos melenudos

Actualizado: Guardar

Enviar noticia por correo electrónico

Frank Sinatra llevaba tiempo incómodo. Le faltaba el aire. Su incapacidad para encontrarlo en Capitol le llevó a crear su propio sello, Reprise, que en las décadas siguientes ofrecería un hogar acogedor para algunos de los artistas más importantes del rock. El camino de Sinatra hacia Reprise comenzó al final de sus siete años en Capitol, un período en la cuerda floja durante el cual la animosidad entre el cantante y Alan Livingston alcanzó un punto de inflexión. Las negociaciones para renovar el contrato de Sinatra con Capitol hicieron agua ante la disputa por la propiedad final de los masters.

Decidido a controlar su destino, Sinatra intentó comprar Verve a su fundador Norman Granz, fascinado con su trabajo, pero cuando no se llegó a un acuerdo, decidió crear su propio sello y atrajo al ejecutivo de Verve, Michael «Mo» Ostin a su nuevo negocio, al que llamó Reprise Records, nombre que, como la venganza, mostraba un rostro jánico. Pero no contaron con que Capitol escondía sus propias tácticas de venganza: aunque Sinatra tenía muchas cosas a su favor, el éxito no era tan simple como poner unos bonitos logos de Reprise en los álbumes y ver cómo entraba el dinero. Ya fuera con foto de Sinatra serio, luego sonriente, o con el mítico barco de vapor.

En las grabaciones de sus álbumes, Sinatra jamás descuidaba su «look», con su eterno sombrero

El sello comenzó a emitir discos a principios del año siguiente, pero Sinatra seguía contratado por Capitol para dos álbumes más y un sencillo y, una vez convertido en artista de Reprise, Livingstone aprovechó su cúmulo de sesiones de Sinatra para inundar el mercado con productos que competían frente a frente con los lanzamientos de su antigua estrella. Así las cosas, Reprise no podía despegar. Tampoco ayudaba el hecho de ser un monstruo tricéfalo donde lo mismo grababan amigos de Sinatra, ritmos del antiguo Egipto, eminencias del jazz como Count Basie o Duke Ellington, como se abrazaba y difundía la bossa-nova de Jobim o Joao Gilberto.

Lo que es incontestable es el ojo avizor de Mo Ostin, judío de origen ruso que hoy cuenta 93 años, benefactor de UCLA, la universidad donde estudió, y que acabaría siendo uno de los peces gordos de la industria. Gracias a Reprise, sea obra de Sinatra o a pesar de él, se distribuyó a escala mundial parte del extraordinario talento del otro lado del charco. Así, fueron apareciendo discos de Jaques Brel, Charles Aznavour o la mismísima Françoise Hardy, al tiempo que realizaba lanzamientos de luminarias de la costa Oeste, tal que Jack Nitzsche o Lee Hazlewood.

Gracias a Mo Ostin y un equipo de futuras leyendas como el ejecutivo de A&R Lenny Waronker y el productor Russ Titelman, firmaron aquellos sorprendentes fichajes de chicos y chicas de pelos largos, como los Kinks (desde 1964 pese a su, digamos, accidentada gira norteamericana), Sonny & Cher (1965) o Sandie Shaw. Tras ver a Hendrix en 1967, se lanza a por él. Lo mismo hace con Neil Young, Joni Mitchel o Captain Beefheart. Visto en perspectiva, el éxito de Reprise fue más obra de Ostin y su equipo que de Sinatra. Pero no cabe duda de que les salió bien la jugada a los dos. Al final, Sinatra acabó volviendo a Capitol para grabar sus duetos en los noventa. Lo cual no deja de ser una paradoja. El bueno de Ostin sigue vivo, aunque no es de mucho hablar. Prefiere los partidos de básket.

Ver los comentarios

https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-sello-reprise-y-chicos-melenudos-202101150023_noticia.html

https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-sello-reprise-y-chicos-melenudos-202101150023_noticia.html

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *