«¿El último concierto?»: el sonido del silencio como grito de socorro de un sector «al borde de la extinción»

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Silencio. Silencio y caras caras. Silencio y acoples de micrófono en la sala Apolo. Silencio y, de pronto, Josele Santiago, cantante de Los Enemigos, aporreando con saña la persiana metálica de la sala Sidecar. Al final, El Último Concierto, campaña orquestada por las salas de toda España para denunciar lo delicado de su situación, quizá no fue lo que muchos esperaron, pero sí que brindó un inmejorable retrato de lo que puede ocurrir con la música en directo tras ocho meses de pandemia y puertas cerradas. Esto es: salas sin público, músicos sin instrumentos y la pantalla como único canal de comunicación en estos simulacros de conciertos que son los directos en streaming. Y, claro, silencio. Sobre todo silencio.

Silencio en Razzmatazz y silencio en Upload. Silencio en Galileo Galilei y silencio en el Kafe Antzokia. Silencio, en fin, en las más de 125 salas de conciertos de todo el paísque se sumaron anoche a la campaña «El Último Concierto», una acción reivindicativa y simbólica en la que los artistas se quedaron en silencio sobre el escenario para, apunta la Plataforma de Salas de Conciertos, mostrar el futuro que les espera a la mayoría de las salas de conciertos de nuestro país si las administraciones no toman medidas urgentes.

«Las salas de conciertos están viviendo, sin lugar a duda, la situación más crítica y nunca experimentada del sector hasta el momento y ya son más de 8 meses los que la mayoría de ellas permanecen cerradas. Con esta acción quieren alzar su voz para que se les reconozca como bien cultural del país porque muchas de ellas no podrán sobrevivir en estas condiciones de endeudamiento más allá del 2020», denuncia la plataforma.

Según las mismas fuentes, durante este año se han cancelado más de 25.000 actuaciones, afectado a más de 5.000 trabajadores directos de las salas y a miles de músicos y profesionales de la música en directo al no tener actividad. Las pérdidas que acumularán las salas bordean ya los 120 millones de euros, situación insostenible que pone sobre la mesa la necesidad de ayudas directas y reales para poder salvar a todo un sector «que se encuentra a las puertas de la extinción al ser uno de los más afectados por la crisis sanitaria».

En este sentido, desde las asociaciones profesionales se reclaman medidas de choqueque se proponen para reducir los gastos mensuales y adquirir el compromiso de asignar ayudas económicas de cara al 2021 para compensar las pérdidas soportadas hasta el momento, y garantizar la continuidad de este sector de base e imprescindible como es el circuito de las salas de conciertos.

Para visibilizar sus demandas, salas y artistas se conjuraron anoche en un último vals en el que participaron desde Amaia a La Casa Azul pasando por Nueva Vulcano, el escritor Carlos Zanón, Mishima, Ferran Palau, Albert Pla o Brighton 64, entre muchos otros. Todos, claro, en riguroso silencio y sin abrir la boca.,

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https://www.abc.es/cultura/musica/abci-ultimo-concierto-sonido-silencio-como-grito-socorro-sector-borde-extincion-202011191358_noticia.html

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