El vivificante clasicismo de Esperanza d’Ors

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Cuando estalló la pandemia, Esperanza d’Ors (Madrid, 1949) se encontraba ultimando los detalles de su exposición El Jardín de las Hespérides y otras ménades furiosas, cuya inauguración, en la galería Tiempos Modernos de Madrid, iba a tener lugar a finales del mes de marzo. Las circunstancias ,además de llevarse por delante -lo más terrible- la vida de miles y miles de personas, y sumirnos en una devastadora crisis económica, ha supuesto un cambio de planes en las previsiones culturales. Pero, afortunadamente, en muchas ocasiones, no su clausura. Es el caso de la escultora madrileña que finalmente ha podido ver en pie la muestra preparada con tanto esmero y que ahora resulta posible visitar -hasta el 30 de octubre, y ojalá pueda prorrogarse- en la acogedora Tiempos Modernos.

El nombre de la galería le viene que ni pintado a la obra de la artista. Porque la propuesta de Esperanza d’Ors, que nos ofrece desde sus comienzos al principio de la década de los ochenta del pasado siglo, es rabiosamente moderna y actual -ahí están, por ejemplo, en esta muestra, las referencias al movimiento Me Too -, pero de una auténtica modernidad que no juega al adanismo, por lo general vacuo, sino que es hunde sus raíces en lo mejor de la tradición. «Todo lo que no es tradición es plagio» escribió en célebre aforismo Eugenio d’Ors. Y su nieta Esperanza lo comprende y ha aplicado con brillantez. Así, la producción de la creadora es absolutamente personal, reflejo de una cosmovisión única, pero bebiendo de un clasicismo vivificante. «Pertenezco a la tradición mediterránea, a ese mar nuestro. Siempre he creído que la mejor vanguardia es la que se basa en la tradición. Miramos el pasado para crear el presente y proyectarnos al futuro. Se trabaja siempre desde la memoria», reflexiona la propia Esperanza d’Ors. Y añade en el mismo sentido: «Nada hay más emocionante en el trabajo artístico que sentir formar parte, aunque sea muy modestamente de los que te precedieron. Y, saber que todos ellos, unos pequeños y anónimos, otros grandes y con letras de oro en el devenir de los siglos, sobreviven y componen para ti la belleza del mundo y de la condición humana. Marcando una estela luminosa».

Ideas y emociones

Recordemos que en la mitología griega el jardín de las Hespérides es un bello y mágico espacio, custodiado por ninfas, que incluye un manzano que proporcionaba la inmortalidad. De la mano de la escultura, nos trasladamos a ese legendario jardín, al que D’Ors otorga nuevos significados: «Desde la ironía, me enfrento a las Hespérides, cuidadoras eternas de las manzanas de oro», explica.

La exposición se compone de nueve esculturas de gran tamaño, formato que empieza a practicar desde finales de los años ochenta. La muestra se abre con La metamorfosis de Dafne y se cierra con El sueño de Penélope. Entremedias, descubrimos La caja de Pandora o el zapato de Cenicienta, Salomé, Top Ninfa, Sirena, Hemos besado la boca de Yokanaan o Me Too, Hespéride, y Leda y el cisne. Acompañan a las esculturas una treintena de dibujos que nos permiten disfrutar más, si cabe, de su trabajo. Difícil es destacar alguna de las esculturas en este espléndido conjunto, pero no dejen de reparar en la ingeniosidad de La caja de Pandora o el zapato de Cenicienta, a partir de la cual podemos reflexionar en torno a dos visiones de la mujer, Pandora, de la mitología griega, y el famoso personaje que popularizaron Charles Perrault y los hermanos Grimm.

En su última muestra, la veterana Esperanza d’Ors, una de las artistas mejor valoradas, prosigue su manera de concebir su labor creadora, para despertar en nosotros, como ella misma apunta, «ideas y emociones. Durante ya casi cuarenta años de esculturas, en mis exposiciones, he tomado los mitos griegos como pretexto para una reflexión sobre la condición humana. Así, han desfilado en ellas Afroditas, Ícaros, Prometeos, Narcisos o Sísifos. Nunca me ha importado que los mitos fueran masculinos, ya que siempre los he plasmado como arquetipos, más allá de sus características de género, para situarlos en el marco de la contemporaneidad». No obstante, en El Jardín de las Hespérides y otras ménades furiosas cobra protagonismo la fuerza de la mujer.

En cierto momento, Esperanza d’Ors señaló que el arte es un instrumento que «ayuda a crear una estética de resistencia». ¿Y qué estética más adecuada para estas circunstancias que ahora vivimos?

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