Elena Anaya: "El arte no debe tener género ni color de piel… Hay que luchar por la igualdad, pero sin cuotas"

La actriz trabaja con Woody Allen en ‘Rifkin’s Festival’, que inaugura el Festival de San Sebastián.

Suyo es el privilegio y la condena. De un lado, el sueño de todo actor o actriz de reencontrarse con un director con el que ha crecido, se ha formado y ha aprendido a todo, incluso a amar. Del otro, el doliente trabajo de convertirse en daño colateral de la polémica que persigue a ese mismo director. Elena Anaya (Palencia, 1975) es desde el viernes la estrella del Festival de San Sebastián. Y lo es por ser la heredera del testigo de Penélope Cruz después de ‘Vicky Cristina Barcelona’. Su papel en ‘Rifkin’s Festival’ es la de una doctora que sufre tanto al pesado del protagonista como de mal de amores. Fuera de la pantalla, sigue sufriendo la penitencia de aclarar una y otra vez los motivos que le han llevado a aceptar un trabajo que rechazarían (y, de hecho, han rechazado) buena parte de sus compañeros. Recuérdese, después de que Ronan, el hijo de Allen, desenterrara la acusación de abusos a su hermana Dylan, el propio Allen publicó este mismo año la biografía ‘A propósito de nada’ en la que ofrece su versión detallada de lo ocurrido.

¿Qué significa estar en una película de Woody Allen para alguien que se dedica profesionalmente al cine?
Woody Allen forma parte de la vida de cualquiera que tenga el más mínimo interés por el cine. Trabajar con él ha sido un sueño muy lejano que, de repente, se ha hecho realidad. Y por sorpresa. Cuando me llamó y me ofreció la película, lo primero que sentí es la pena por no haber podido contar a mis padres algo así. Se sentirían muy orgullosos.
¿Algún momento de la larga filmografía de Allen es especialmente relevante para usted?
Siento no ser original. Sin duda, cada instante de ‘Annie Hall’ es para mí casi sagrado. Luego, ya más recientemente, el trabajo de Cate Blanchett en ‘Blue Jasmine’ me resulta casi milagroso. Se sale de la pantalla con ese personaje tan cerca de Blanche DuBois de ‘Un tranvía llamado deseo’; un personaje desesperado, neurótico, fuera de sí…
Javier Bardem hablaba de que trabajar con Woody Allen es como hacerlo con un señor que pasa por ahí, que desconcierta que nunca diga nada ni dé ninguna orden a los actores…
Mi caso es justo el contrario. A mí me lo decía todo. Son siempre anotaciones extremadamente brillantes, aunque no siempre muy amables. Hay que encajarlas. No puedes hundirte. Cuando quiere es muy bestia y si te caes, puede que no te levantes en el resto de tu carrera. Es muy directo. Eso sí, todo lo dice de manera educada y aclarando muy bien el motivo de lo que quiere y por dónde tienes que ir. A veces, le gustaba dar el visto bueno a una toma y acto seguido te pedía que hicieras exactamente lo contrario. Podía cambiar de opinión en mitad del rodaje. Ya no quería lo que él había planeado en el guión.
¿Ha leído su autobiografía ‘A propósito de nada’?
Estoy en ello. Me gustaría que los días tuvieran cinco días dentro para acabármela cuanto antes. Pero no me da la vida para más. Lo que llevo leído es absolutamente brillante y deja muy claro cómo es. Es una perfecta introducción para quien no le conozca.
¿Qué opina de los capítulos más duros? ¿Le convence su versión de los hechos sobre el abuso de su hija y su relación con Mia Farrow? ¿Ha cambiado su opinión de él tras leer algo tan duro?
Aún no he llegado a ello. Estoy en la parte que habla de su niñez. Llevo sólo 50 páginas. Por lo demás, yo siempre he creído en la Justicia. Se ha estudiado dos veces su caso y se ha desestimado. ¿Qué más tengo yo que pensar al respecto?
¿Qué le parece la reacción de algunos de sus colegas como Timothée Chalamet que incluso devolvió el sueldo por su trabajo en ‘Día de lluvia en Nueva York’ o Natalie Portman que le repudió públicamente?
Con el corazón en la mano, no tengo redes sociales y no me informo mucho de los cotilleos. No sé ni lo que hizo Chalamet ni Natalie Portman, a la que admiro profundamente. Respeto la opinión de cada compañero y que cada uno haga público su parecer… Pero no entiendo esa obsesión por contarlo todo a todas horas. Ójala estos medios sirviesen para hacer algo de verdad útil por el clima, por ejemplo. Donald Trump acaba de decir que los incendios no tienen nada que ver con el cambio climático… Todos tendríamos que ser más constructivos en vez de destruir tanto.
¿No tuvo dudas cuando le llamaron y el ofrecieron el trabajo con Woody Allen pese a la tormenta en los medios?
Me llamaron mis agentes americanos y me preguntaron: «¿Trabajarías con Woody Allen?». Y, la verdad, no entendía la pregunta. Y luego, ya con más reflexión, creo que lo único que se puede decir al respecto es que yo no voy a ponerme delante de la Justicia… Eso sí, exigí leer el guión.
¿Si la propuesta viniera de Roman Polanski aceptaría igual?
Sólo espero que nunca me llame Roman Polanski para trabajar con él. ¡Me daría tal susto!
¿Entonces?
Vuelvo a lo mismo. Polanski sí ha sido juzgado y está en busca y captura. Pues no, no quiero ni tomarme un café con una persona que está en su situación. Pero tampoco conozco tan bien su caso. No me da la vida para tanto. ¡Si voy por la página 50 de la biografía de Allen!
¿Le parece bien la última decisión de la Academia de Hollywood de condicionar las candidaturas a los Oscar al cumplimiento de una serie de requerimientos para combatir la discriminación? Me refiero a eso que se llama de forma despectiva «política de cuotas».
La pregunta me pone contra la espada y la pared. Honestamente, creo que el arte no debe tener género ni color de piel. Pero estoy convencida de que tiene que haber más presencia de mujeres cineastas. Tenemos que dar más visibilidad a la gente discriminada. No puede ser que cada vez que aparece un negro sea el malo. Y eso mismo pasa mucho con las mujeres. Todos debemos de estar ahí apoyándonos y luchando por la igualdad, pero sin cuotas. Pero es complicado. En cualquier caso, yo estoy implicada, estoy en tres academias y quiero estar para poner mi granito de arena y para que haya más multiculturalismo. Hay que pensar en grande.

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