Elia Barceló: “Cuando los hijos se van de casa tienes que volver a aprender a desear”

Carola es una experta en delitos contra niños que trabaja para la policía española. A pesar de estar en un momento de bajón (excedencia laboral, viudedad y el hijo cursando un Erasmus) se implica en un nuevo caso. Cruzando su vida, varios hombres: los hermanos Valdetoro y el comisario de la policía austríaca Wolf Altmann, amigo desde hace años.

Ahí arranca La noche de plata (Roca Editorial), última entrega de Elia Barceló (Elda, Alicante, 1957), escritora de tan prodigiosa versatilidad que algunos ya la llaman “la dama de los mil mundos”. A punto de volver a Austria, donde vive, nos responde a su curiosidad por casos reales de niños secuestrados.

Elia Barceló
Elia Barceló (La Vanguardia)

¿Cuál es el caso, entre todos los horrores que revisó, que personalmente le marcó más?

El de Wilhelminenberg, un orfanato de Viena con cientos de casos. Fue un caso “institucionalizado”: los que tenían suficiente dinero e influencia podían permitirse “alquilar” una criatura para hacerle todo tipo de barbaridades. A pesar de que, al cabo de bastante tiempo, muchas de víctimas recibieron compensaciones económicas, el dinero no pudo paliar tanto sufrimiento.

¿Qué fue de los culpables?

Me ofende en lo más profundo que los culpables -todos los implicados eran hombres en lo más alto de la escala social- nunca llegaran a pagar por sus delitos. El caso de Natascha Kampusch también me impresionó muchísimo.

La noche de plata nos regala la figura de Carola, que está pasando por el síndrome de “nido vacío” existencial. ¿Qué gana o pierde una mujer al llegar a vivir esa circunstancia?

Se gana en libertad. Independencia, tiempo libre. Hasta que los hijos se marchan hay siempre tanto que hacer fuera y dentro de casa que no queda tiempo para una misma. Entonces una se acostumbra a no querer nada extra, por falta de tiempo para realizarlo. Si no tienes deseos especiales, no te frustras cuando no puedes realizarlos.

¿Y luego?

Luego, casi de golpe, resulta que tienes ese tiempo, pero ya te has acostumbrado a no querer nada. Tienes que volver a adaptarte, aprender a desear, a elegir, a hacer cosas solo para ti misma. Pero en Carola hay muchísimo más.

Cuando me dirijo a un público con menos experiencia de la vida, trato de ser un poco más optimista y esperanzadora”

¿Cómo definiría la relación entre el comisario Wolf Altmann y Carola? ¿Puede existir la amistad entre hombre y mujer sin que alguien busque algo más?

Yo siempre he tenido amigos hombres sin que la cosa derivase a una relación sentimental. Estoy convencida de que puede hacerse sin problema, pero cuando los dos están en una época en la que se sienten solos o se plantean el futuro inmediato, cómo enfocar la siguiente etapa… puede que quieran algo más, algo más de seguridad, de posibilidad de relacionarse sexualmente, románticamente. Y, claro, cuando no es recíproco -y no quieres perder la amistad- las cosas se complican.

Por su trayectoria personal conoce bien Austria. ¿Dónde se vive mejor, y por qué: en España o en Austria?

En España hay más posibilidades de relacionarse socialmente, la gente es más abierta, la fiesta, la comida, las celebraciones… Eso es muy bonito y satisfactorio. Además, el clima es maravilloso, incluso en invierno. En Austria hay menos clima festivo, pero las cosas funcionan muy bien. Hay una enorme eficiencia en las instituciones, los hospitales, los bancos… La calidad de vida es muy alta. Vives en un país donde la eficiencia es un valor, donde se aprecia mucho la vida cultural, donde no todo gira en torno al fútbol. Y la televisión tiene un nivel informativo serio, donde las noticias no son puro cotilleo macabro, como tantas veces en España. El clima político es también mucho más adulto y calmado.

Es capaz de asumir géneros muy variados. Ha ganado el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil con “El efecto Frankenstein” (Edebé). ¿Qué cambia en su “chip” al escribir para público joven o para adultos?

Nada, en realidad. Yo escribo para lectores y lectoras amantes de las buenas historias, aunque cuando me dirijo a un público con menos experiencia de la vida, trato de ser un poco más optimista y esperanzadora. Lo único que sé es que a los jóvenes no suelen gustarle los finales abiertos. Pero como a mí tampoco, no tengo problemas.

No me veo con un arma en la sobaquera y en contacto con situaciones espeluznantes”

¿De no ser escritora le hubiera gustado ser mujer policía?

Creo que no. No me considero lo bastante valiente ni soy una mujer de acción. Quizá un trabajo de analista, buscar pistas, conexiones… y cotejarlos y discutir con los colegas. Pero no me veo con un arma en la sobaquera y en contacto con situaciones espeluznantes.

Ha introducido en su libro el mundo del anticuario, el marchante, el arte, las colecciones… ¿Qué le interesa de ese universo?

El mundo del arte me ha atraído desde siempre. Su parte económica, de compra y venta, contratos y abogados, no.

¿Cómo imagina el futuro de nuestra sociedad en, pongamos, diez años?

Cuando estoy de buen humor, pienso que todo esto puede habernos enseñado a reflexionar con mayor seriedad en lo que estamos haciendo con el único planeta en el que podemos vivir. Quiero creer que empezaremos a elegir a políticos que pongan el interés global por encima de sus intereses de partido (suponiendo que dentro de diez años existan políticos así), que poco a poco iremos alcanzando la equidad entre hombres y mujeres, razas, religiones, etc.

¿Y cuando se quita las gafas de color de rosa?

Pienso que seguramente los jóvenes ilusionados y luchadores de hoy acabarán convertidos en adultos decepcionados (como nos pasó a los de mi generación, los “flower children”, amantes de la paz y la solidaridad), la idea de una sociedad mejor empieza a difuminarse. A veces pienso que los seres humanos solo aprendemos a golpes pero si el golpe ha sido excesivo, ya no podemos aprender de él.

No creo que la Covid llegue a ser nunca tema en una novela mía”

La naturaleza, el único hogar ¿entonces?

Si dejamos que mueran todas las abejas, que se fundan los casquetes polares, que salga a la atmósfera todo el metano de la tundra… y no hacemos nada para impedirlo, cuando suceda, será demasiado tarde. Y quienes nos han llevado a esa situación ya habrán muerto con todos sus millones y les dará igual lo que le pase a sus descendientes, que tendrán que sobrevivir en un mundo con los océanos llenos de plástico y los desechos radioactivos enterrados para varios miles de años.

¿Cual es la situación actual en Austria en cuanto a restricciones por la Covid?

En Austria la población se toma con más seriedad las normas para la protección y, en general, son muy disciplinados. Aunque siempre hay gente que, después de un día de esquí, se mete en la sauna o la discoteca sin preocuparse de ninguna medida de precaución.

¿Ha pensado en incluir la Covid en alguno de sus próximos libros?

No creo que llegue a ser nunca tema en una novela mía, puede que aparezca tangencialmente. Nunca me he planteado escribir sobre plagas, aunque he leído algunas excelentes novelas con este tema.

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