#ElÚltimoConcierto, silencio al cuadrado

Una manera de protestar contra el silencio al que están sometidas las salas de música en directo es precisamente con eso, con el silencio. Y este fue el hilo argumental que emplearon todas las salas en música en directo que ayer participaron en la iniciativa #ElÚltimoConcierto, que busca mostrar y denunciar la situación del sector tras ocho meses cerrados la mayoría de ellos.

Un total de 126 salas de toda España se apuntaron de las que 66 elaboraron un propio video en donde visibilizaban su toma de partido y de protesta ante la situación que les ha llevado al borde del precipicio. De esas 66 salas videográficas, 42 eran catalanas, todas ellas miembros de la Asacc, es decir, la asociación catalana de salas de música en vivo, la gran agitadora de la convocatoria.

Panel con todos los videos de las salas que se habían sumado para aportar el suyo a la iniciativa #ElÚltimoConcierto
Panel con todos los videos de las salas que se habían sumado para aportar el suyo a la iniciativa #ElÚltimoConcierto (LV)

Además del silencio como singular line-up , debajo de cada uno de los vídeos visibles se podía leer un breve texto que sintetizaba adecuadamente el por qué de todo ello: “Sí… Estás escuchando bien. Si no se aplican medidas urgentes, las salas de concierto se quedarán en silencio”.

La tipología de los vídeos era amplia y variada, con una duración que podía oscilar entre menos de un minuto (como Razzmatazz) al cuarto de hora (el Tablao Flamenco Cordobés, muy prolijo en la letra impresa y al final con un cuadro flamenco tocando y bailando en radical silencio, al igual que en el Tablao de Carmen pero en blanco y negro) o los 17 minutos del Diobar.

Con la presencia de artistas y músicos que de alguna manera se les asocia con esa o aquella sala y con mensajes de denuncia y protesta más o menos explícitos. O con ninguno, como los quince minutos del Zentral o de La Nau o el Bikini, cámara fija sobre el escenario y solo variando los tonos lumínicos, la de la madrileña El Sol o la del Espai Zowie, absolutamente inerte.

En el Sidecar la cámara filmaba a una larga hilera de trabajadores del local así como colegas del sector, promotores o periodistas que daban parcialmente la vuelta a la plaza y a los dos callejones traseros de la plaza Reial. En el Apolo se oía algún ruido procedente del eco de los micrófonos, pero sobre se podía ver silentes a músicos y cantantes como Amaia, Louise Sansom, Joan Colomo, Núria Graham, David Carabén, La Casa Azul, Miqui Puig, Ferran Palau, Suu, Egosex, Maria Arnal o El Petit de Cal Eril, que exteriorizaban en expresión y gestos su impotencia por no poder ofrecer música.

L fachada de la Sidecar de la plaza Reial
L fachada de la Sidecar de la plaza Reial (LV)

Algo parecido a lo que visibilizaron referentes de Luz de Gas como Monica Green, Manel Fuentes, Javier Sardà o Manu Guix, además de exhibir carteles donde se podía leer “La cultura no se para”, “No más impuestos”, “Ajuts directes” o “Rescat”. En la mas alternativa Sala Vol los convocados tocaban, actuaban, cantaban y bailaban en frustrante silencio como Za!, Isamit Morales, Heather, Mujeres, Ikram Bouloum & Manso, Olsen Twinz, Vàlius o Luces Negras.

Razzmatazz –cuyo responsable visible es Lluís Torrents, presidente de Asacc– optó por la píldora condensada de 57 segundos con una sucesión de máximas en inglés: “No bands”, “No dj’s”, “No mc’s”, “No sound”, “No people”, “No dancing”, “No culture”. No tan conciso pero también directo al meollo estaba la madrileña sala Galileo Galilei, con imágenes del cantante Luis Ramiro y textos de la guisa “necesitamos el apoyo, institucional, urgente, para mantener vivo el circuito de música en vivo”.

O la idea del Stroika de Manresa, con un desfile por su tarima delos numerosos grupos y bandas que lo tienen como referencia. Un papel que, aunque no sea Casa de la Música, desarrolla un poco a su manera L’Oncle Jack de l’Hospitalet de Llobregat, en cuyo escenario se asomaron muchos músicos de la casa, amén de otras consignas en cartulina como “La música és vida i no malaltia” o “Pero no ens oblidem que la cultura és i serà la nostra font de inspiració”.

En otras palabras: más música y menos silencio.

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