Encerrados en casa: el pop de la generación Z

Varios cantantes veinteañeros han atrapado el espíritu de su tiempo grabando en casa canciones sencillas y sin prejuicios que escuchan millones de personas en internet

Una nueva camada de músicos en España se adelantó a los tics de la pandemia. Antes de la cuarentena ya grababan en sus dormitorios canciones intimistas que exploran la idea de la soledad. Frente al hedonismo del reggaetón y el ego callejero del trap reivindican el poder de lo sencillo con sus nombres artísticos en minúsculas. Conectan a través de Twitter e Instagram, dan conciertos por streaming en YouTube, beben de la cultura de los memes. Son los nuevos iconos para la Generación Z, aquellos que nacieron durante el cambio de siglo.

«Me siento más cómoda en un directo virtual que sobre un escenario», reconoce rebe, de 21 años, que vive en la sierra de Madrid, en Torrelodones. En sus perfiles en redes sociales es conocida como «la princesa de España». Comparte ocurrencias, canciones y selfis de una belleza perturbadora en los que se muestra como la Lolita soñada por un Edgar Allan Poe febril. El erotismo, la feminidad y la fantasía están presentes en su proyecto estético, que trasciende lo meramente musical.

El estado de alarma en marzo le pilló cuando su proyecto comenzaba a crecer. En 2019 había publicado su debut ‘Recuerdos de cuando me aplastó una roca y me morí’ (Elefant Records) con canciones visionarias (‘Me siento sola’) y genialidades con títulos como ‘Sola en mi habitación comiendo 1 melocotón’ y ‘Sabes a piruleta de cereza’ aunque su tema más popular todavía sigue siendo su peculiar acercamiento al ‘Corazón partío’ de Alejandro Sanz (más de un millón de reproducciones en Spotify).

«Me gusta mucho el imaginario de la cultura española, ahora estoy obsesionada con la gran diva Lola Flores», cuenta. Cita a referencias antiguas como Jeanette («suena dulce y desenfadada, se nota que en sus primeros discos no sabía hablar bien español y sin querer decía cosas súper mágicas») y Cecilia (su versión de ‘Ramito de violetas’ es una genialidad).

Hace música con teclados Casio de juguete y sintonías de dibujos como los de La Abeja Maya. Disfruta desmontando géneros y haciéndolos suyos. Hace dos años perdió la virginidad en la música con el proyecto Luli Rebe & Sus Xocolatinas, donde se atrevía junto a otros amigos con el reggaetón en cortes marcianos como ‘4ever’.

El uso de minúsculas y abreviaciones, de la ‘k’ en lugar de ‘que’, de los números, de escribir sin puntuación, dice rebe, es una cosa de Internet. «Se lleva en nuestros entornos, así le quitas un poco de peso a lo que dices, frente a la grandiosidad de las mayúsculas es como más de andar por casa».

rebe.
rebe.ELEFANT RECORDS

No es capaz de poner nombre a la escena a la que pertenece. «No comprendo por qué dicen que soy indie, jamás he escuchado eso. Formo parte de las subculturas de Internet, allí encuentro a gente con mis intereses, les empiezo a seguir y a veces nos gustamos mutuamente». Sus palabras evocan una ruptura generacional, la irrupción de una nueva forma de entender la expresión artística, basada en la fragmentación y donde no son necesarios (al menos, para darse a conocer) los intermediarios, ni los sellos discográficos ni la prensa.

La total falta de prejuicios guía a este nuevo pop intimista para la Generación Z donde ya destacan nombres como Daniel Daniel, Rusowsky, Marcelo Criminal, Confeti de Odio, Carlota, Marc Seguí, Sebastián Cortés y Casero.

«Muchos de estos artistas nos conocimos en medio del confinamiento por las redes sociales, ahora con Instagram puedes conectar con todo el mundo. Alguien escucha tus canciones, te manda un mensaje y así van saliendo cosas», dice dani, viguesa de 23 años que durante la cuarentena sacó el EP ‘dd sts rmxs’ con remezclas de su single ‘Dónde estás’ a cargo de algunos de los nuevos talentos de la escena.

«Ahora mismo es guay juntarse con gente con inquietudes parecidas a las tuyas aunque vengan de universos sonoros diferentes», comenta dani. En la órbita de estos alquimistas del pop de baja fidelidad grabado en dormitorios se mueven productores y cantantes de otros géneros (especialmente hip hop, electrónica y sus derivados, lo que se bautizó perezosamente como «urban») entre los que están Rojuu, Ghouljaboy, $kyhook, Carzé y ALKE.

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mori.RUSIA IDK

Esta generación ha roto los prejuicios que enjaulaban a sus predecesores, dejando atrás una época en la que parecía un sacrilegio saltar de un género a otro. El debut de dani ‘Veinte’ (El Volcán Música) es un trabajo con espíritu pop con vocación moderna y salpicado por la nostalgia. Ella también reivindica a mujeres de los 70 y 80 como la propia Jeanette o la francesa Lio, además de otras más actuales como Angèle.

Sus letras describen con tanta certeza las sensaciones en las que todo el planeta se ha visto atrapado durante los últimos meses (la frustración porque las cosas no avanzan, el vértigo por el paso del tiempo, la proximidad de la muerte, la angustia ante la soledad) que parece mentira que fueran escritas unos meses antes de que el Covid19 se adueñara de nuestras vidas.

«La pandemia desbarató todos los planes con el lanzamiento de mi disco pero, al mismo tiempo, me di cuenta de que mis canciones describían súper bien esos sentimientos», reflexiona.

Es consciente de ser parte de un circuito que se ha creado de forma espontánea pero que recoge como ningún otro el signo de los tiempos. Por eso dani quiere aprovechar su momento, pese a todo. «No quiero perder este año por la pandemia, hay muchas cosas que aún se pueden hacer». Esa resiliencia describe bien a una generación que ha nacido con la percepción de una crisis continua: entraban en la adolescencia cuando la recesión de 2008 y el 2020 les ha pillado en plena ebullición existencial, en la universidad o arrancando sus proyectos personales.

El 20 de septiembre, cuando las cifras de contagios ya estaban de nuevo disparadas en Madrid, dani logró dar un concierto en la capital (donde reside desde hace unos días) para 600 personas. Fue en Tomavistas Extra, un festival cancelado un par de semanas antes por las autoridades madrileñas y vuelto a programar gracias al tremendo trabajo contrarreloj de los organizadores. Se convirtió no sólo en el más importante de su carrera (apenas lleva unos meses con su proyecto) sino en un poderoso símbolo de que la cultura es segura.

«Estaba asustada porque el escenario era gigante y pensaba que el público iba a estar mucho más frío. Ese día había llovido en Madrid y la gente no se podía levantar de las sillas para respetar las distancias de seguridad, y aun así fue muy emocionante ver cómo todos se volcaron aplaudiendo y cantando, incluso bailando desde sus asientos», dice.

Lo normal es trabajar solos

Acostumbrados a una realidad cambiante desde que tienen uso de razón, gran parte de estos creadores han sido capaces de lanzar sus proyectos cuando medio planeta estaba paralizado. «Ya estábamos confinados mucho antes de que nos obligaran a ello», bromea mori, de 20 años. «En serio, para nosotros lo normal es trabajar solos desde casa, aunque luego nos guste salir de cañas con los amigos, como a todo el mundo».

Nació en Ceuta y se trasladó hace dos años a Madrid para estudiar en la universidad. Apenas tiene un puñado de canciones publicadas pero ya ha sido señalado como uno de los grandes valores de la escena por el magnetismo de títulos como ‘q no’ y ‘llueve’, con las que suma varios millones de reproducciones en Spotify.

«Me pegué un año y pico grabando yo solo, sin enseñar las cosas nada más que a mis amigos. No había escrito en mi vida, me veía súper verde con todo», reconoce con una humildad que es bastante común en el circuito. Compone con los «cacharros» que le dejó su padrastro, productor de música techno, y con la ayuda de programas para grabar música con el ordenador como Ableton, fáciles de usar para principiantes pero con tantos recovecos que incluso los expertos siguen aprendiendo trucos nuevos años después.

Su acercamiento a la música, como muchos de sus coetáneos, fue por casualidad, al descubrir en 2017 a artistas como Cuco, Clairo y Bakar, «gente que empezaba a hacerse famosa en Estados Unidos e Inglaterra haciendo musiquita desde su dormitorio», recuerda. «Quizá no eran profesionales o no sabían usar con destreza los instrumentos pero hacían canciones súper bonitas. Pensé que a lo mejor a mí me podía salir bien».

El futuro lo vislumbra mori ampliando todas las vertientes de su proyecto, con especial énfasis en la estética. Es otro signo generacional, esa versatilidad a la hora de saltar entre distintas artes (la música, la fotografía, el vídeo, la ilustración) fruto de su pericia con las plataformas virtuales. «Querría llegar a poder hacer yo solo todo, con ayuda de un grupo pequeño de gente cercana».

Esta escena apenas acaba de nacer pero ya ha logrado capturar el espíritu de una generación que se siente y expresa de forma diferente a sus mayores. Festivales como Puwerty de La Casa Encendida en Madrid y Prom Fest en Barcelona comienzan a dar visibilidad a estos creadores. «Hace dos años la gente joven hacía hip hop en los parques o se juntaba a ensayar con una banda indie pero nosotros estamos a gusto creando solos en casa y conectados por Internet. Podríamos estar haciendo cualquier otra cosa, pero estamos grabando música», remata mori.


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